Mateo Cañellas (46) se recuerda a sí mismo hace veinte años. Era un mediofondista excelente, especialmente dotado para la pista cubierta, escenario en el que se ­corre en estos días, en Glasgow. Cañellas fue subcampeón del mundo indoor de 1.500 m en 1995, y campeón de Europa al año siguiente. Se peleaba con Cacho, ­Viciosa, Díaz y Reyes
Estévez.

Cañellas era duro de pelar.

Y se recuerda en la residencia Blume de Madrid, dejándose la piel en cada rodaje, en cada serie, en cada sesión en el gimnasio. Siempre a tope.

–Mi forma de trabajar favorecía, sobre todo, a quienes tenían mucha calidad. Iba muy a lo bruto. Iba cansado y me lesionaba mucho. Si me hubieran controlado más, no hubiera entrado tanto en sobreentrenamiento ni me hubiera roto tanto.






El programa

Nueve departamentos universitarios y decenas de técnicos monitorizan a cientos de especialistas

Eso lo dice ahora, tantos años después, cuando dirige el área de desarrollo de la Federación Española (RFEA). Cañellas habla así y baja la cabeza. Y reconoce que aquellas prácticas, las suyas, deberían ser desterradas:

–Talentos hay pocos, y hay que lograr que en su mayoría lleguen a lo más alto. No podemos lanzarlos contra la pared.

La idea es algo más que una idea. Es un concepto. Una nueva forma de ver las cosas: se trata de reinterpretar el atletismo. De domesticarlo: que cada ejercicio, cada zancada, cada salto y cada lan­zamiento tengan un sentido. Ni una puntada sin hilo. En eso anda ahora la gente de la RFEA, los atletas que hoy saltan a la pista en ­Escocia.

(…)

Ramón Cid, como quien dice, se jubiló hace dos días. Ya no es el ­director técnico de la RFEA. Pero lleva el atletismo en la sangre. Aún habla de Mamo Wolde, aquel etíope que pasaba de puntillas sobre el barro, en el cross de Lasarte. Su padre le llevaba a verlo. Cid nos atiende por teléfono desde San Sebastián, en cuyas pistas de atletismo, en Anoeta, aún lleva a varios saltadores y vallistas.


Las herramientas

Cámaras de alta velocidad recogen datos de los atletas: cómo pisan, qué desgaste sufren en carrera…

–En el 2013, cuando asumí el cargo de la RFEA, vi que existía cierta tradición oral, que crecían algunos talentos en la Blume. Que había cierta inercia. Pero existía la necesidad de incorporar un mé­todo más científico en nuestro ­deporte.





–¿No lo había?

–El sector de saltos estaba bastante tecnificado. Sin embargo, otras áreas…

No fue el único en verlo. También lo hicieron Miguel Vélez, un sabio del atletismo en nuestro país, hoy responsable del área de análisis de la Española. O José ­Enrique Villacorta, que lleva el sector de fondo. Y el propio Mateo Cañellas.

Los sabios se sentaron y con­versaron. Contrataron a Josu Gómez, un fisiólogo con experiencia internacional, y a Juan Carlos ­Galán. Organizaron un brainstorming que desembocó en un proyecto, el que nos atañe ahora.

–Entendimos que el método de las cuadras tradicionales no podía seguir vigente –dice Miguel Vélez–. Que debíamos ser más profesionales en nuestro trabajo, organizar reuniones entre entrena­dores, compartir información y elaborar una nomenclatura común, propia.

Ramón Cid ofrece un ejemplo. Se remite a los Campeonatos de España indoor, en Antequera, hace quince días. En un desayuno, conversaban Cañellas (dirige un grupo de atletas en las Baleares) y Villacorta (lleva otro grupo en ­León). Ambos hablaban de sus chicos. Se contaban lo que hacían unos y otros. Y hallaban soluciones a sus propios problemas.

–Algo así hubiera sido impen­sable hace años. Entonces, los ­atletas y los técnicos eran herméticos –dice Cid.

Hoy, el asunto es distinto. Vélez dirige el plan de tecnificación de la Española. Nos cuenta que hay ­implicados nueve departamentos universitarios en todo el Estado. En los laboratorios se hacen valoraciones biomecánicas y biomédicas de los atletas. Los sectores organizan concentraciones –siempre han existido–, y en ellas monitorizan a decenas de atletas. Les miden la fuerza, la velocidad, la flexibilidad…





Elaboran un perfil de cada uno de ellos e interpretan que, con el tiempo, podrán diseñar un perfil medio de cada sector.

–Eso facilitará la estrategia del entrenamiento. El entrenador siempre sabrá dónde está su atleta –dice Vélez.

En los sectores de mediofondo y fondo, estas mediciones se realizan en León, bajo la supervisión de Villacorta.

–Estamos en el proceso para unir ciencia y pista –dice Villacorta–. Hemos visto qué hacen los ­noruegos (la familia Ingebrigtsen) o los australianos y los canadienses, y lo estamos importando a nuestro mundo.

–¿Y qué les miden a los atletas?

–Valores de pulsaciones o lactatos. Procuramos que los atletas se muevan por zonas.

Para simplificar, y a grandes rasgos, se habla de zona 1 (aeróbica), zona 2 (umbral aeróbico) y zona 3 (anaerobia). Los técnicos procuran que cada atleta se mueva en los parámetros que le corres­ponden a cada instante: cuando calientan, cuando ejecutan series de intensidad media, o elevada.

–Que cada zancada tenga su lógica –dice Villacorta.

En estos últimos años, varios expertos internacionales han ofrecido sesiones de trabajo en España. Ha habido ponencias de Gjert Ingebrigtsen, el padre y entrenador de los fenómenos noruegos, y de su fisiólogo, Leif Tjelta. Y otras impartidas por fisiólogos australianos, canadienses y sudafricanos. Las aportaciones de todos, y la tecnificación, reformulan el atletismo español.





Ahí va un ejemplo: cuando compite, Álvaro de Arriba, ochocentista de referencia, lleva un aba­nico de chips. Uno a la altura de la cadera y el otro en una rodilla.

–Le medimos la eficiencia en carrera –dice Cañellas.

–¿Y cómo funciona?

–Se le graba con una cámara de alta velocidad y luego se meten los datos en un software. Medimos la gota de agua que forma el pie al correr. Si frena. Si hay mucha oscilación. Si la tensión cae cuando entra en fatiga. La rotación de los tres ejes. Cómo se maneja en todas las fases de la carrera.

–Y con eso ¿qué consiguen?

–Multiplicarle la eficiencia. Y garantizarle un futuro como atleta. Que cada paso tenga un sentido. Cuando hayamos medido a miles de atletas, sabremos exactamente qué posibilidades tienen unos y otros. No podemos perder más talento por el camino.








Fuente: LA Vanguardia

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