“No se vive de lo que se come sino de lo que se digiere”, dice un viejo proverbio. Y Jean-Anthelme Brillat-Savarin, en su maravilloso libro Fisiología del gusto, recuerda que la digestión es, de todas las operaciones corporales, la que influye más sobre el estado moral del individuo. Las palabras del autor francés me hacen pensar que el platillo con el refrán “tripa vacía, corazón sin alegría” que colgaba de una de las paredes de casa de mi abuela era cierto pero impreciso, puesto que sí, la tripa llena contenta al corazón, pero qué quebraderos le da a la cabeza si, después de llenarse, no hay manera de vaciarla.

Quienes se ven en esta tesitura y sienten que más que un aparato digestivo tienen una cementera estarán cansados de escuchar todo tipo de leyendas urbanas y mitos sobre alimentos, bebidas y actos supuestamente “digestivos”. Hoy hablamos con expertos en este aparato, nutricionistas y médicos especialistas en educación física y deporte para aclarar qué hay de cierto en todos estos consejos.

Beber para digerir

Que levante la mano a quien, después de ponerse de comer hasta el capirote, no le han ofrecido un orujito digestivo quetómatelomujerqueyaverásquébiendigieres. No harían falta muchos másters en Dietética para oler el tufillo a mito que tiene esta recomendación, pero por si acaso, preguntamos a Tamara Ortiz, doctora en nutrición y miembro del comité de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD). “En el fondo es la excusa para tomarte un chupito. Se asocia a este tipo de sustancias con esta mejoría porque favorecen el peristaltismo intestinal, que hace que sientas que la comida va avanzando al intestino, pero realmente el alcohol es un irritante de la mucosa y puede generar más malestar que beneficio”. Lo mismo ocurre con el gin-tonic de después de comer para “que baje la comilona”. También puedes haber oído por ahí que beber agua durante la comida interrumpe la digestión, es mejor tomarla antes o después de comer. “No interrumpe la digestión. Puedes tomar cuanta necesites durante las comidas”, ataja Ortiz.

A vueltas con la fruta

El mito de que la fruta antes de las comidas o 30 minutos después favorece la digestión es recurrente, sobre todo para personas que quieren bajar de peso. Sin embargo, según indica la doctora Ortiz, también es falso si lo asociamos con la digestión. “Por lo que se puede recomendar esto es porque la fruta tiene fibra y tiene un efecto saciante antes de comer. Pero al ingerir la comida, formas un bolo y la digestión se hace sobre esa mezcla de alimento”.

La que sí puede ayudarte es la naranja. Además según Alex Pérez, dietista nutricionista del CAP Vallcarca-Sant Gervasi de Barcelona, está comprobadísimo. “Los cítricos en general y en especial la naranja tienen un efecto que se llama colagogo, que es básicamente vaciar la vesícula biliar, ayudando así a digerir las grasas. Hay un efecto bastante habitual en algunas personas que, al tomar en ayunas un zumo de naranja, tienen que ir rápidamente al lavabo. Es precisamente por este vaciamiento brusco de la vesícula”. Así que no desprecies esa naranja que te ofrecen después de una calçotada con su correspondiente carne asada, Tampoco lo hagas si te ofrecen un kiwi verde: según la nutricionista Ortiz, esta fruta también favorece que la digestión sea más ligera porque tiene activina. “También estimula el peristaltismo y el tránsito intestinal”, añade Alex Pérez.

An apple a day keeps the doctor away” (una manzana al día mantiene al médico lejos), asevera un popular dicho inglés. Vamos a ver si al doctor al que se refiere el dicho es al de digestivo. “La manzana tiene un tipo de fibra que se llama fibra soluble, lo que hace es formar un gel que mejora la consistencia en tus deposiciones, ni muy duras ni líquidas. No hay nada en la manzana que haga que la digestión sea más rápida o más lenta, solo que al tener esta fibra regulariza la frecuencia al ir al baño”, señala Ortiz.

Y cuántas veces, sobre todo después de las grandes ingestas navideñas, nos han recomendado tomar una rodajita de piña “para que la comida baje mejor”. “La piña tiene un compuesto que es la bromelina y la papaya la papaína. No está muy bien descrito que tenga un efecto en la actividad gastrointestinal. Se utiliza más bien en la industria alimentaria para que algunos alimentos se conserven, pero en humanos no hay ningún estudio que compruebe que favorecen la digestión”, dice Tamara Ortiz.

El misterio de los fermentados

Hemos escuchado muchas veces que el yogur tiene un efecto probiótico y últimamente nos llegan muchas alabanzas al kéfir. En este último caso, el del kéfir, según la doctora Ortiz, sí ayuda al proceso digestivo. “Más que el yogur, el que tiene un efecto real sobre la digestión es el kéfir, porque tiene poca lactosa y además tiene la enzima de la lactasa, que es natural y propia de él y ayuda a la digestión de la lactosa. Se puede tomar todos los días”.

También me han asegurado alguna vez que dos cucharaditas de col fermentada antes de una comida copiosa ayudan a digerir. No sé si esto es una leyenda urbana extendida o, sin saberlo, he pertenecido a una extraña secta estomacal, así que consultamos de nuevo a la especialista de la FEAD. “Con este alimento pasa algo similar al kéfir. Los alimentos fermentados como el vinagre o la col fermentada lo que hacen es restablecer la microbiota (‘flora intestinal’ no es correcto, se llama microbiota). Esto hace que vayas al baño con más regularidad”.

Canónigos, rúcula, espinacas, berros: mejor cocinados para que la digestión sea mejor

Las verduras de hoja verde tienen mucha fibra y la fibra hace que nuestro tracto digestivo tarde un poquito más porque tiene que tratar de digerirla; aunque la fibra nunca se digiere porque no es un nutriente que podamos absorber. “Al consumir estos alimentos crudos tienes la fibra intacta y, si los cocinas, pierden fibra. Pero si el enfoque es que estas verduras de hoja verde hacen que la digestión sea más rápida o más lenta, no es cierto. Solo es que tienen fibra”, explica la doctora Ortiz. “Las verduras con cierto sabor amargo tienen en su composición el mismo efecto colagogo que comentábamos de los cítricos. La alcachofa, por ejemplo, también lo tiene”, apunta Pérez.

Al rico helado

Cuando comemos aumentamos nuestra temperatura y tomar helado nos hace tener la sensación de que estamos aliviando la digestión por esa sensación refrescante. Pues bien, deja de comer Mikolápiz que esto es puro placebo. “La grasa es lo último que se vacía del estómago y es lo que hace las digestiones más pesadas, y el helado es un alimento graso”. ¿Y el sorbete de limón? Esto no tiene grasa y es cítrico. “Los sorbetes son una opción a querer tomar helado, no a mejorar la digestión”, dice tajante la doctora en nutrición, acabando con nuestra esperanza de poder tomarlos con coartada digestiva.

Quitarle el corazón al ajo hace que siente mejor

Este truquito para que el ajo sea menos indigesto sí tiene un componente de verdad, y la explicación está en los fructanos, una familia de polisacáridos y oligosacáridos formados exclusivamente por unidades de D-fructosa. La doctora Ortiz lo cuenta claro: “El ajo contiene fructanos, que es una cadena de fructosa muy larga que cuesta mucho digerir. Estos fructanos se concentran sobre todo en el centro, por eso, quitando el corazón eliminamos la parte de más difícil digestión”.

Especias, semillas e infusiones

Ponerle comino, orégano o hinojo a la comida o tomarlos en una infusión de lo mismo favorece la digestión: la explicación, según la digestóloga, es que se trata de especias carminativas y ayudan a eliminar los gases. Hay otras especias que tienen efectos antiespasmódicos (el hinojo y el orégano, por ejemplo), con lo que reducen el dolor intestinal.

Pasa lo mismo con la taza de manzanilla, té, tila, anís o alcaravea que se ofrece después de comer para hacer la digestión (y, de paso, alargar la sobremesa). En el caso de las infusiones ocurre lo mismo que con algunas especias, son carminativas y por lo tanto sí es verdad que nos ayudan a hacer la digestión.

Galletas “digestive” (o similares)

El nombre “digestive” nos suena a saludable. Además, estas galletas tienen color de harinas integrales, se ven trocitos de cereales… aparentemente todo indica que nos pueden ayudar con la digestión. Pero no es cierto: como indica la dietista-nutricionista Beatriz Robles en este post, legalmente, el término ‘digestive’ no significa absolutamente nada. “Si vamos a su origen, parece que las primeras galletas digestive sí pretendían mejorar la digestión porque usaban bicarbonato sódico en su receta para que sus propiedades antiácidas redujeran el malestar estomacal. Pero en el momento en que el bicarbonato se calienta -como sucede en el horneado de las galletas-, se descompone liberando dióxido de carbono en forma de gas. Lo que viene fenomenal para que esponje las masas en el horno en lugar de la levadura, pero lo inutiliza como antiácido”.

Ejercicios, actividades y «yoga ibérico» 

Teresa Gaztañaga, médico especialista en Educación Física y Deporte y vocal de la junta directiva de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (SEMED), advierte de que no olvidemos que durante la digestión el mayor aporte sanguíneo va al aparato digestivo así que, bajo el punto de vista metabólico, lo ideal es que no haya una competencia entre la demanda de riego de grupos musculares con la digestión. “Por eso se recomienda que pasen unas tres horas y media dependiendo del tipo de comida, cantidad, etcétera. que hagamos (un desayuno normal no es equiparable a una comida abundante a mediodía). Y es importante que sean unas tres horas y media y no muchas más, ya que si pasa más tiempo la situación metabólica al hacer el esfuerzo es como si estuviéramos en ayunas”.

Dar un paseo puede ser una buena opción mientras hacemos la digestión, eso sí, caminando tranquilamente y sin exponernos a cambios de temperatura, como nos indica la especialista de la SEMED: “Si queremos caminar después de comer (hablamos de un paseo tranquilo) hay que tener en cuenta que la temperatura no sea adversa (demasiado calor, humedad, etc). Otra cosa diferente es hacer un esfuerzo que favorece la sudoración o que va a estar por encima de cierta intensidad y habrá un aumento de temperatura corporal”. A modo de premisa general, lo que nos recomienda la doctora es que actuemos con sentido común.

Si no tienes intención de moverte, ¿es buena una siestecita? Es lo que pide el cuerpo y si el cuerpo pide siesta, siesta le tienes que dar. “En la postingesta es recomendable reposar un poco. Si lo que queremos es favorecer el vaciamiento gástrico, la posición horizontal es la menos recomendable, ya que el estómago también está en horizontal y cuesta más que el alimento pase del estómago al duodeno”, puntualiza la doctora Gaztañaga. Así que siesta -también conocida como “yoga ibérico”-, bien, pero mejor recostado y no tumbado completamente para evitar los reflujos.

Volviendo a Brillat-Savarin, un último consejo: “Algunas personas están malhumoradas durante toda la digestión; no es oportuno, entonces, presentarles proyectos ni pedirles favores”. Es, quizá, para estos menesteres y no para los digestivos para los que el chupito de orujo es efectivo. Uno. O dos. O tres. Pero si te preguntan dónde aprendiste eso, no digas que lo leíste en El Comidista, di que te lo enseñaron en una prestigiosa escuela de negocios.




Fuente: El Pais

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