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New Day, espíritu adolescente

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En la adolescencia, entre muchas otras contradicciones, se da una fundamental. «Lo quieres todo, pero al mismo tiempo, te conformas con poco. Nosotros estamos en esa fase como grupo. Nos encantaría que el universo supiera de nuestras canciones, pero nos vale con tener una ”girilla” por España para pasarlo bien y sentirnos plenos como artistas». Esta frase bien podría ser de alguna joven y airada banda «underground», aunque es de Amparo Llanos, protagonista de una de las mayores historias de éxito del rock español con Dover, y quien, tras la disolución del grupo, formó, con el bajista de éste, Samuel Titos, un nuevo proyecto, New Day, para el que ficharon también a Jota Armijos. Lo hicieron porque comparten una actitud: tienen guardada la llave de su habitación de adolescentes, tal y como la dejaron en la memoria de la casa de sus padres.

No es una manera de hablar. New Day publican ahora su segundo disco con las ganas intactas, como unos veinteañeros, a pesar de que el primero pasó completamente desapercibido. Nos lo explican, pero no en la cafetería de un hotel, sino en la de su local de ensayo, de la manera que lo haría un grupo novel que en otra vida vendió millones de copias. Su vida nueva les lleva a Sevilla (4 de abril), Granada (5), Torremolinos (6) y Salt (Girona, 7).

Proteger el yo

«Lo nuestro se parece a la clase de música que publicaría alguien que tiene 17 años. Porque a la hora de hacer canciones y también en cuanto a nuestros gustos, seguimos en esa edad. Y me gusta. Está muy bien, porque la fuente está en ese periodo de la vida», dice Llanos, habitante del País de Nunca Jamás de la escena española. Seguramente por eso hacen un tipo de música que va a contracorriente aunque en los 90 fuera el estilo hegemónico. Pop, en sus diversas formas, cantado en inglés. «Es la razón de que nuestro anterior disco no funcionara. Porque va a contracorriente de una escena oficial de medios y festivales que prima la música en castellano. Nos han dicho en algunos que no nos programan porque no somos coherentes con el ”roster”. Al margen del idioma, nuestro sonido tampoco encaja con eso», afirma la guitarrista sobre una escena, la actual, dominada por un cierto tipo de épica pop cortada por un patrón recurrente. En cambio, el «power pop»… «es lo que escuchábamos con 17 y seguimos viendo la música con esos ojos –añade Samuel Titos, bajista–. Escuchamos grupos de ahora, no nos malinterpretes, lo que sucede es que, cuando creamos, acudimos a esa sensación, esa magia de cuando, con 17 años, descubres algo». Así que, cuando se sientan a componer, abren la habitación. «Tenemos la suerte de que nos resulta sencillo regresar a ese momento 30 años después. Protegemos nuestro yo. Mis amigas me dicen que soy la tía más rara del mundo porque valoramos nuestro yo artístico, tenemos una burbuja».

Algo que les ayuda a sentirse como tal es la sensación de ser debutantes de nuevo. «Nos pusimos a escribir canciones sin tener miedo a hacer locuras. Nos arañamos un poco la cara unos a otros al discutir ocurrencias, pero es normal. Somos un grupo nuevo», asegura Titos. Con el anterior álbum confeccionaron un abecedario. Con éste, ya tienen el léxico. Las canciones van un paso más allá. Hay incluso un gospel. «El disco habla de subir y de bajar, pero sin rollos sombrones. Tiene un enorme empuje vital y creo que eso es consecuencia de que el primer disco no funcionase comercialmente. Nos ha impulsado a que el empuje vital sea máximo», explica Llanos. Sin embargo, para muchos grupos no es fácil sobreponerse a las expectativas y admitir el fracaso. «El disco habla todo eso. Pero no teníamos tristezas ni pesadeces. Sentíamos que estábamos empezando. Así que, por una parte, hemos arriesgado y nos valoramos como artistas, así que nos enfrentamos a este momento con una sensación que no es solo un consuelo, es consecuente con lo que hacemos. Sé que el disco le gustará a la gente si lo escucha. Eso es lo más difícil de todo, que lleguen a él. Pero yo, sabiendo que me siento así, ya estoy contenta», dice Amparo Llanos. «Volvemos a la idea: hacemos nuestra obra con independencia de lo que pasa fuera», asegura Titos. «Ser artista no es marcarse un objetivo, fallar y venirse abajo. No. Es correr, correr, correr hasta la tumba. Así es como yo lo veo», dice la guitarrista.




Fuente: La razon