Ayer en Hebrón los colonos estaban de enhorabuena con la victoria electoral de Beniamin Netanyahu. Contentos como nunca, algunos se exhibían ante un grupo de visitantes de una oenegé de Luxemburgo y clamaban “viva la democracia”. Uno de ellos, que portaba una pistola de cachas nacaradas semioculta, grababa la escena con su móvil y se enzarzaba en una discusión, medio en hebreo medio en árabe, con un palestino que acabó por callarse. Ambos se conocían.

Hebrón, la ciudad que mejor ejemplifica la crueldad de la ocupación de Cisjordania, era ayer el símbolo del triunfo de la ultraderecha colona. De aquí parte el movimiento que tiene como héroes del pasado al rabino Meir Kahane –que fue catalogado como terrorista por EE.UU. y la UE– y a Baruch Goldstein, que en 1994 asesinó en la Tumba de los Patriarcas a 29 personas e hirió a 150 y cuya tumba es venerada. Sus herederos, agrupados en la Unión de Partidos de Derecha (UPD), tendrán cinco diputados en el Parlamento israelí y han sido claves para que Netanyahu sea primer ministro por quinta vez. Hasta ahora eran proscritos políticos. Ya no lo son. “Es como si en Nueva Zelanda la primera ministra hubiera llevado al Parlamento a la gente del terrorista de las mezquitas”, decía el guía del grupo luxemburgués, un portavoz de la organización Rompiendo el Silencio, antiguo oficial del ejército en Hebrón y también en Gaza.





Resultados de las elecciones de Israel en 2015
(La Vanguardia)

Resultados de las elecciones generales de Israel en 2019
Resultados de las elecciones generales de Israel en 2019
(La Vanguardia)

Netanyahu tenía muy clara su coalición postelectoral, de modo que en la madrugada de ayer se daba por incontestable ganador de las elecciones
, por mucho que su principal contrincante, el general retirado Benny Gantz, hubiera perdido prácticamente por un punto porcentual (27% a 25,9%) y el resultado final les igualara a 35 escaños.


Malabarismos jurídicos

Netanyahu deberá capear ahora las tres acusaciones de corrupción

El Likud, un partido que ahora mismo parece representar sólo al rey Bibi, como algunos llaman a Netanyahu, tiene el apoyo de los citados ultraderechistas religiosos, de los dos partidos ultraortodoxos –Shas (sefardí) y Judaísmo de la Torah (ashkenazí)– y el de Israel Nuestra Casa, el partido del ex­ministro de Defensa Avigdor Liberman, un laico que representa a la minoría rusa. Por último, se suma a la coalición el centrista Kulanu, de Moshe Kalon, exmiembro del Likud.





La mayoría parlamentaria está asegurada, con 65 escaños. Por supuesto, todos tendrán sus exigencias (los líderes de UPD ya han reclamado los ministerios de Educación y Justicia) y Netanyahu tiene un favor que pedirles. Es un secreto a voces que intentará que le libren por ley de ser procesado por tres acusaciones de corrupción mientras sea primer ministro. Si todo le sale bien a Netanyahu (y es un político capaz de lo imposible), se especula incluso con que se cree un alto tribunal, paralelo al Supremo, que pueda servir para hacer realidad la anexión legal de Cisjordania.


Gantz, en la oposición

“Todos aceptamos el resultado”, pero “hemos creado una alternativa”

Benny Gantz declaró ayer tarde que “todos aceptamos el resultado”, pero señaló que “hemos creado una alternativa, y demuestra que el público la busca”. Se trata de una alternativa a costa del desplome de los laboristas. Su socio de coalición, el centrista Yair Lapid, advirtió contra la hipótesis de que Gantz acabe absorbido por Netanyahu. “Tratarán de rompernos”, afirma.

¿Qué le falló a Gantz? ¿Quizás el pacto que estableció con Lapid, de repartirse la legislatura como primeros ministros, idea que no garantizaba estabilidad? Según un militar retirado después de 30 años en el ejército, y que dijo no haber votado el martes, Gantz “como militar era lo máximo, pero no es político, y Netanyahu es al fin y al cabo el comandante en jefe”.






El derrotado salva la cara

Beniamin Benny Gantz, de 59 años, no puede darse por un completo derrotado. Dado el resultado obtenido y el escaso tiempo transcurrido desde que se lanzó a la política, apenas cuatro meses, ha salvado muy bien la cara. Gantz ha podido demostrar, como él mismo ha dicho, que es posible vencer a Netanyahu. Lanzó su partido, Resiliencia por Israel, en diciembre y acabó formando la coalición Azul y Blanco con el centrista Yair Lapid, exministro de Finanzas.

Benny Gantz saluda a un militante durante la noche electoral
Benny Gantz saluda a un militante durante la noche electoral
(AFP)

Con el apoyo de otros dos altos generales, Moshe Yaalon y Gabi Ashkenazi, reforzaba su imagen, atractiva para muchos, de militar de 1,95 m de estatura, ojos azules, ashkenazí, hijo de supervivientes del Holocausto. Apostó en la campaña por restaurar la unidad de una sociedad dividida, puso cierto énfasis en aspectos sociales y sobre todo en la lucha contra la corrupción.

Callando más que hablando, era la antítesis de Netanyahu, pero ni mucho menos un izquierdista. Antiguo agregado militar en la embajada de Washington, fue jefe del Estado Mayor del 2011 al 2015 y dirigió las campañas de Gaza del 2012 y del 2014, esta última devastadora. Se jactó entonces de haber devuelto “partes” de la franja palestina “a la edad de piedra”.








Fuente: LA Vanguardia

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