La cautela que reina en las rondas de negociaciones de los partidos a nivel nacional y regional no ha paralizado la actividad política en lo local. Las listas más votadas han tomado esta semana la iniciativa en lugares como Getafe, Leganés, Coslada, Móstoles o Aranjuez para tratar de alcanzar acuerdos ante el 15 de junio, día en el que se celebrarán los plenos de investidura en toda España. En lugares donde el PSOE necesita a Ciudadanos para que no se conforme una mayoría conservadora, los socialistas tratan de aislar a Vox para que la extrema derecha no tome decisiones en sus ciudades.

Lejos de las ejecutivas y el ruido de la política nacional, los concejales electos, en muchos casos vecinos que se encuentran en la cola del supermercado, negocian lo que está por venir en cafeterías o vía WhatsApp. Aunque es verdad que en algunos casos dependerá de lo que se decida en los despachos de las sedes de sus partidos, los políticos locales consultados abogan por no mezclar el municipalismo con los grandes problemas nacionales, como el procés. En esa forma distinta de hacer política también llama la atención el recibimiento de los alcaldes a Vox, con el que no se van a sentar a negociar pero a cuyos concejales han llamado para dar la bienvenida a la vida municipal.

Es el caso de Aranjuez, una ciudad de casi 60.000 habitantes en el sur de Madrid. La alcaldesa y candidata socialista, Cristina Moreno, se ha reunido con todos los partidos para mostrar sus planteamientos. El primero, que debe gobernar la lista más votada (la suya); el segundo, que hay que levantar un cordón sanitario alrededor de Vox; y el tercero, que todas las formaciones deben aunar esfuerzos para construir un Parador Nacional en la localidad. Ahí es cuando entra en juego lo local.

«Planteo un gobierno de concentración. Quizá la palabra tenga una connotación muy fuerte, pero no se me ocurre otra. Juntos podemos evitar a los radicales», explica Moreno a través del teléfono. Para mantenerse en el cargo, deberá entenderse con Podemos, Acipa —un partido creado en 2003 por un concejal del PP disgustado— y Ciudadanos.

Cs, cuya dirección aprobó el lunes tener al PP como socio preferente en las negociaciones aunque también abiertos con posibles acuerdos puntuales con el PSOE, tiene la palabra en algunos de estos municipios en duda. Su decisión de excluir a Vox de las negociaciones abre el interrogante de si los miembros del partido de Santiago Abascal se contentarán con apoyar un programa que le sea dado o exigirán, a cambio de su apoyo, haber participado en la concepción del mismo. «De momento no vamos a hacer declaraciones», dijeron desde Cs cuando se les preguntó por los pactos en estos ayuntamientos de la Comunidad de Madrid.

En Leganés, 188.000 habitantes, seguirá al mando con toda seguridad el actual alcalde, el socialista Santiago Llorente. Aún así, el martes se abrió a conformar una mayoría que le asegure aprobar los presupuestos: «Tras las elecciones hay una mayoría de izquierdas. Sería bueno un gobierno estable compuesto por las tres mayorías políticas. Nos hemos puesto en contacto con Podemos y Leganemos para iniciar un acuerdo que le diese un impulso a la ciudad».

Para eso necesita entenderse con Podemos, con cuya portavoz, Gema Gil, por ahora solo ha hablado por el chat de WhatsApp. Hoy se verán las caras. Gil va con la idea de colar entre las prioridades alguna de sus medidas que considera prioritarias, como un ahorro en los cargos de confianza y en el propio sueldo de los miembros de la corporación. Además, el alcalde quiere convencer a Fran Muñoz, de Leganemos, una escisión de Podemos en el municipio que ha logrado dos concejales y quiere enterrar la eterna hacha de guerra de la izquierda. «Debemos estar a la altura de lo que nos reclamó la ciudadanía, dejando atrás nuestras diferencias», dice Muñoz sobre las negociaciones que están a punto de arrancar.

Quien también ha iniciado conversaciones estos días ha sido Sara Hernández, la alcaldesa de Getafe. Aunque su postura es clara: gobernará en solitario, con 11 concejales, lo que no es una novedad porque en la anterior legislatura lo hizo con ocho. En este caso, Hernández se guarda la facultad de llegar a acuerdos puntuales. En las primeras tomas de contacto no ha excluido a Vox: «Soy de las que piensan que hay que hablar con todo el mundo, al fin y al cabo han sido elegidos, aunque pactar solo con quien se tenga puntos en común y con ellos no los tenemos».

Esa ronda de consultas las lleva en estos momentos Noelia Posse Gómez, la alcaldesa socialista de Móstoles. Ha abierto negociaciones para conseguir «un gobierno de izquierdas». Las conversaciones, explican desde su equipo, están en marcha y ella prefiere mantener cierta prudencia. Más concreta se muestra la candidata de Podemos, Mónica Monterreal, que reivindica entrar al gobierno porque lo considera «imprescindible para un gobierno de cambio». Algo similar ocurre en Coslada. En eso coinciden con la empresa de Pablo Iglesias, aunque en este caso sea un asunto entre vecinos.

“Ni el señor Macron ni su botones”

Las tensiones por las discusiones que protagonizan tras el 26M los partidos de derechas quedaron reflejadas el martes en Twitter. Santiago Abascal, el líder de Vox, respondiendo a unas declaraciones del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, (“¿Alguien se cree que Abascal va a hacer alcaldesa a Carmena?”), escribió con sorna en la red social: “¿Alguien cree que vamos a votar lo que nos mande el señor Macron o su botones? ¿Alguien cree que vamos a aceptar el cordón sanitario contra nuestros votantes? Lo que muchos creen es que Rivera está a las órdenes del Palacio del Eliseo y asustado por el PSOE”. En Esradio, Abascal añadió que si Cs sigue imponiéndoles el cordón sanitario, “el PP podría gobernar en solitario” con su apoyo. Dijo que no consentirá que les tomen el pelo.

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Fuente: El Pais

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