Pocos tenistas a lo largo de la historia agotan tanto como Rafa Nadal. Tanto a nivel físico como mental. Que se lo pregunten a Stan Wawrinka, reputado tenista como lo atestiguan sus tres títulos de Grand Slam pero al que le entra un sudor frío cuando ve al otro lado de la pista al manacorense; más todavía si es en tierra batida.

Su último enfrentamiento sobre el polvo de ladrillo había terminado en un duro correctivo. Sólo le dejó ganar seis juegos en la final del Roland Garros del 2017. Los cuartos de final del Mutua Madrid Open siguieron el mismo guión. Nuevo triunfo incontestable, uno más esta semana, para alcanzar las semifinales (6-1 y 6-2) en poco más de una hora. Le espera ahora el joven Stefanos Tsitsipas.






He jugado uno de los mejores partidos en tiempo, el mejor del año sobre tierra”



Se le ve cómodo a Nadal en el turno de noche en la Caja Mágica. Las condiciones de la pista le son favorables al pesar más la bola que cuando pega el sol en la capital española. De entre la multitud que envuelve la Caja Mágica apareció la voraz bestia nocturna que devora rivales cuando pisan la superficie rojiza en la que tanto goza.

Engañó Wawrinka con ser en esta ocasión una presa escurridiza. Sus latigazos de revés –de los más efectivos y demoledores del circuito– sirvieron para activar desde el comienzo al de Manacor. Sabía que no podía dejar crecer a un tenista peligroso, un viejo rival sobre arcilla al que acostumbra a aplastar.

Cierto es que los últimos dos años del suizo le alejan de su mejor versión por culpa de una lesión de rodilla, pero el talento lo mantiene intacto. Lo demuestran los seis winners que le endosó en los tres primeros juegos. Sin embargo, en el primero en el que se mostró vulnerable Nadal atacó y no tuvo compasión. No encontró Wawrinka argumentos para contrarrestar el ciclón balear.





Un partido perfecto que siguió la misma tónica en la segunda manga. “La perfección no existe, pero es cierto que he jugado uno de los mejores partidos en tiempo, el mejor del año sobre tierra. Significa mucho para mí porque es un momento crucial de la temporada”, admitió Nadal tras no dejar ni los huesos de ‘Staniamal’. Este vez, el animal fue él.








Fuente: LA Vanguardia

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