Puños en alto, pulgares hacia arriba, manos alzadas al cielo azul de Sochi. Treinta y tres medallas olímpicas celebradas por Vladímir Putin, presidente ruso, y por la élite de sus jóvenes deportistas. Un ejército de ganadores que fue a la batalla con las cartas marcadas.

Cinco años después de aquella exhibición patriótica queda poco que celebrar. Rusia ha sido desterrada del deporte mundial durante cuatro años por manipular sus datos sobre dopaje, una infracción que agota la credibilidad de sus autoridades. Llueve sobre mojado y empezó a llover en 2014 en Sochi. La ciudad rusa de eterno cielo azul que manchó de negro la historia del olimpismo.




Fuente: Agencia Efe

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