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Música clásica pero no de clase


Es uno de los músicos clásicos con mayor proyección. Pero ante todo, Jean-Michel Blais se considera «un chico de clase media baja que descubrió el piano y enseguida se dio cuenta de que era para una clase social. Quizá de ahí viene lo de ”música clásica”, que es para una clase. Yo siempre me he negado a eso», comenta por teléfono en un español estupendo este joven de Montreal (Quebec, Canadá) que ha vivido en Nicaragua y Buenos Aires y también en Berlín, donde depuró un estilo musical que luce único en «Dans Ma Main», un disco hermoso que fue nominado al Premio Polaris. «En el piano clásico todo son canciones largas donde no se canta y en las que la gente se distrae. Por eso yo quito solemnidad, cuento la historia al público, quiero que disfrute y que sienta que pertenece a ese entorno», señala.

Sus manos

El disco incorpora al piano elementos electrónicos que el canadiense aprendió a manejar solo, en una temporada febril en Berlín, cuando conoció el sencillísimo programa Ableton que sirve para hacer música electrónica. «Pasé una semana entera obsesionado, durmiendo muy poco, tocando todos esos botones, muy fascinado», explica el pianista, que presenta el trabajo el domingo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (entradas) y el jueves 1 de noviembre en el Palau Dalmases de Barcelona. «Después, ya en Montreal, pedí permiso para que me dejaran grabarlo en una tienda de pianos. Nos permitían pasar y hacerlo de noche, cuando estaba cerrada la tienda, con la condición de que antes de la apertura nos fuésemos con los micrófonos a otra parte. Y lo grabé entero de noche, lo que tiene sentido porque lo escribí de noche», cuenta.

El título, «En mi mano», hace referencia al momento en que dejó su carrera de profesor de educación especial por la de profesional de la música. «Me di cuenta de que en mi mano tenía la oportunidad de ser feliz y hacer feliz. Y que todos los caminos caben en mi mano. Esa es una idea que tomé de un poema de Hector de Saint-Denys Garneau, un poeta canadiense muy triste. Pero en mi vida, esa decisión me ha permitido vivir experiencias excepcionales. Me han contado cómo mi música ha ayudado a muchas personas en momentos dramáticos, cáncer y de todo», explica. No solo eso, también sirve de denuncia un discreto piano. Próximamente publicará las «Eviction Sessions», algo así como «canciones para un desahucio», un mini concierto que ofreció con amigos y familia en el salón de la casa que tuvo que abandonar en Montreal. «De una noticia mala hicimos algo bello», cuenta. Ya lo escucharán.




Fuente: La razon

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