Era inconfundible. Con su coleta siempre abrochada por un lazo negro, su americana entallada y, por qué no decirlo, con su vaso de vino sobre la mesa. Cuca Solana, que fallecía en Madrid este miércoles a los 78 años de edad, fue, durante 30 años, más que la directora de la semana de la moda de Madrid, la encarnación de esta institución.

Sin ella resulta imposible entender la historia de la moda española contemporánea. Con sus luces y sus sombras. No en vano, y durante mucho tiempo, la pasarela más importante del país fue una extensión de su propia forma de entender la industria y el diseño. Para algunos, su visión resultaba demasiado inmovilista y maternal. Pero lo cierto es que la mayor parte de las críticas se evaporaban tan rápido como los cafés entre las que se formulaban. Por respeto, porque los que debían algo —pequeño o grande— eran legión y porque fue ella quién, en 1986, se inventó la pasarela Cibeles —como se llamó hasta 2011— cuando solo existían pequeñas plataformas comerciales. Creó de la nada una semana de la moda «particular», tal y como la define Modesto Lomba, presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España (ACME). Una pasarela distinta a todas las demás.

Mientras que en París, Milán, Nueva York o Londres, cada diseñador organiza y paga su propio desfile y todo lo que ello conlleva; en Madrid, la organización pone a disposición de los creadores desde el espacio, hasta las modelos, pasando por el equipo de maquillaje, la iluminación, sonido, planchadoras, etcétera. Los diseñadores aportan la colección y una cuota que ronda los 4.000 euros. “Ella tuvo muy claro que en un país con una industria tan importante, había que dar visibilidad a la creatividad. Y siempre seleccionó a los diseñadores que participaban desde el punto de vista creativo”, argumenta Lomba.

La entonces ministra de Cultura, Carmen Alborch, y Cuca Solana, directora del comité de moda de la Pasarela Cibeles, en un desfile deFrancis Montesinos en 1996. EFE

«No solo puso todo el sistema en marcha sino que tuvo el valor de crear una pasarela para jóvenes diseñadores, prácticamente desconocidos, que, con el tiempo, se ha confirmado como la cantera de grandes talentos confirmados como Juan Vidal, Moisés Nieto…», recuerda su sucesora al frente de la Mercedes Benz Fashion Week Madrid, Charo Izquierdo.

De la mano de Cuca —siempre enganchada a un cigarro— la semana de la moda fue creciendo en participantes, duración y repercusión mediática, hasta convertirse en el enorme espectáculo de casi una semana de duración que, en noviembre de 2016, abandonó para retirarse. Con sentido del humor, perseverancia y un equipo de fieles colaboradores, navegó gobiernos de derechas e izquierdas, vacas gordas y crisis justicieras, el barroquismo de la movida y el minimalismo de los noventa, la llegada de las redes sociales y la revolución digital. Todo sin inmutarse, con la coleta tiesa y la sonrisa presta. Durante mucho tiempo, las tendencias, los políticos e incluso los diseñadores pasaban, y Cuca, permanecía. Y eso, en un país como España, resulta digno de resaltar.

Fue pionera, entre otras cosas, en preocuparse por la imagen que proyectaban sus modelos. Las pesaba y media. Con ella aprendimos lo que era el índice de masa corporal y que las maniquíes debían entrar dentro de unos parámetros saludables para poder participar en la pasarela madrileña. Algún gran nombre se quedó fuera del casting por no llegar al mínimo permitido. Y Cuca se preocupaba con discreción por la evolución de la maniquí en la báscula y en la vida. Protegía a los que participaban en la pasarela más de lo que muchos se merecían y, según sus detractores, más de lo que debía.

«Ella conocía a los diseñadores desde siempre, y tenía una relación muy íntima donde se confundía lo personal con lo profesional, pero eso era normal. Es imposible desligar ambas dimensiones. Porque el trabajo creativo es muy intenso y ella lo entendía bien y correspondía en esa intensidad», explica Pepa Bueno, directora de la Asociación de Creadores de Moda de España.

“Nos mimaba como a una madre, pero también nos reñía como tal. Y al final, sus hijos crecimos y algunos le contestábamos y las diferencias comenzaban a surgir, pero luego nos íbamos a cenar y nos olvidábamos”, explica el diseñador Modesto Lomba.

Solana atesoraba impagables secretos y anécdotas. Lo que, sumado a su socarrón sentido del humor, hacían de ella una fuente inagotable de historias. “Siempre le recriminé que no escribiese un libro para contar todas esas vivencias, toda la gente que conoció, todas las historietas disparatadas que sabía y que se han quedado para los que tuvimos la suerte de conversar con ella”, dice Charo Izquierdo.

La última vez que se la vio en público fue el pasado diciembre, cuando recibió de manos de la reina Letizia el Premio a la Promoción en la Industria de la Moda otorgado por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo por su «papel destacado en la difusión de la industria de la moda española, consiguiendo reconocimiento social y promoción mundial». Nuria de Miguel, jefa de prensa de la semana de la moda de Madrid, la recuerda entonces «tan feliz como una niña».

«Siempre decía que ella y Roberto Verino morirían con las botas puestas y casi ha sido así, porque hasta hace bien poco seguía participado en el Comité de Moda de la MBFWM del que era directora», cuenta Pepa Bueno.




Fuente: El país

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