Cada vez se dan más casos de ancianos que mueren en soledad. Los vecinos se percatan del fallecimiento más por el olor que desprende el cadáver que por la preocupación que les pueda producir la ausencia durante unos días. Vivimos un tiempo, sobre todo en las grandes ciudades, en el que nadie se preocupa de nadie. No es raro que en un mismo edificio los vecinos sean auténticos desconocidos, que solamente se vean de reunión en reunión y en muchos casos para acusarse unos a otros de los problemas de la comunidad. Tengo entendido que en el Reino Unido había un Ministerio de la Soledad. No estaría de más que aquí se tomara ejemplo de esta iniciativa. Mientras tanto, las juntas de vecinos podrían empezar con las preguntas: ¿cómo estáis?, ¿cuántos estamos hoy?, ¿quién falta?, ¿por qué? Y luego que se hable de las obras del edificio o de si alguien no ha pagado el último recibo.

Mario Suárez. Pilas (Sevilla)

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Fuente: El país

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