¿Qué tienen en común joyas del cine como La diligencia, Río Grande o La legión invencible con Forrest Gump,
Windtalkers y una de las entregas de Transformers? Todas comparten un majestuoso escenario natural: Monument Valley, en el corazón de la Nación Navajo.

Este es uno de los rincones más inhóspitamente bellos del planeta, grabado a fuego en el corazón de millones de cinéfilos gracias a decenas de directores, en especial John Ford y dos escenas memorables, el comienzo y el final de uno de sus mejores títulos, Centauros del desierto.

¿Quién no recuerda a John Wayne y esa puerta que se cierra en una tierra martilleada por millones de años de viento y esculpida por antiquísimas torrenteras? En la lengua de sus pobladores Monument Valley se llama Tsé Bii’ Ndzisgaii ( el valle de las Rocas). La naturaleza ha modelado joyas pétreas, auténticos monumentos que hacen justicia a medias a su nombre en inglés.






Monumental sí, pero no un valle

Monument Valley es monumental, sí; pero no es un valle, sino una gran meseta, con altiplanicies y cañones de paredes que caen a plomo. Los sedimentos modelados por el tiempo formaron agujas mágicas, algunas de más de cien metros de altura como Totem Pole, sólo comparable a la Roca Araña, en el cercano Cañón de Chelly, otro tesoro natural.

Una de las imágenes más icónicas de Monument Valley, con la formación de la aguja Totem Pole, a la derecha, de más de cien metros de altura (MyLoupe/Getty)

El parque se halla en el centro de la Nación Navajo, cerca de la ciudad de Kayenta. Se puede visitar todo el año (salvo el 24 de diciembre, el 1 de enero y el día de Acción de Gracias, el cuarto jueves de noviembre). No es aconsejable ir en verano por las altas temperaturas. La reserva navajo, tan grande como dos Catalunyas, se encuentra entre Nuevo México y otros dos estados, los que albergan Monument Valley: Arizona y Utah.


El parque tribal de los navajos

Es una maravilla sin categoría de parque nacional, como por ejemplo el Great Smoky Mountains (entre Carolina del Norte y Tennessee), el Gran Cañón del Colorado (Arizona), el Yosemite (California) o el Yellowstone (sí, el del oso Yogi, entre Wyoming, Montana e Idaho).





Estos son los cuatro parques nacionales más visitados de Estados Unidos. Pero Monument Valley, protegido y catalogado como parque tribal de la nación navajo, no tiene nada que envidiarles. El manual de geología más completo es incapaz de describir los portentos de este suelo milenario.


El síndrome de Stendhal

El visitante experimentará aquí una nueva modalidad del síndrome de Stendhal. Los reflejos del sol convierten estas arenas rojizas (parecidas a las del monte Uluru, en Australia) en un espectáculo fascinante y cambiante. No hay dos amaneceres ni dos ocasos iguales. Se trata de escenarios mil veces vistos en el cine, pero cuya contemplación en directo elimina cualquier atisbo de déjà-vu. Tanta belleza corta la respiración y justifica de sobras la visita.

John Ford, en 1939, durante el rodaje de La diligencia, cuyos escenarios naturales transcurren en Monument Valley (MPTV/ © 1978 Ned Scott Archive)
John Ford, en 1939, durante el rodaje de La diligencia, cuyos escenarios naturales transcurren en Monument Valley (MPTV/ © 1978 Ned Scott Archive)

Casi todos los grandes clásicos del Oeste de John Ford se rodaron en estos escenarios, con los navajos de la reserva como extras, aunque en el papel de apaches o siux. Más de un centenar de películas han sucumbido a la pasión por estas localizaciones, incluida algunas tan diversas como 2001, una odisea del espacio o la tercera parte de Regreso al futuro.









Las condiciones de vida de muchas reservas, como la de los lakotas en Pine Ridge (Dakota del Sur) son más propias del tercer mundo que de un enclave en una superpotencia. Sin embargo, en la Nación Navajo los turistas son bien recibidos y una buena fuente de ingresos. Pero no deben llamarse a engaño. Una cosa es autorizar un rodaje o fomentar el turismo y otra hacer comprender a los visitantes que pisan un suelo sagrado.

Este es el centro de Diné Bikéya (la tierra de la gente). La gente, el pueblo, los seres humanos… Así se llaman las más de 500 naciones de nativos americanos, y no con los nombres con los que los popularizó el cine y que generalmente les pusieron sus enemigos. Los siux son, por ejemplo, los lakotas (los aliados). Siux es una deformación francesa de una palabra de un pueblo rival, los ojibwa, que significa serpientes pequeñas.





Mujeres navajo envueltas en mantas tradicionales tejidas a mano disfrutando del atardecer en Monument Valley, EE.UU,
Mujeres navajo envueltas en mantas tradicionales tejidas a mano disfrutando del atardecer en Monument Valley, EE.UU,
(grandriver / Getty Images)


Un lujo muy asequible

El senderismo libre no está permitido. Las entradas son muy asequibles. La más barata cuesta diez dólares (menos de nueve euros) y da derecho a permanecer en el parque de 8 a 17 horas (o de 6 a 20 horas, en temporada alta, de abril a septiembre). Los guías nativos son imprescindibles y no muy caros (incluidas las propinas, de un mínimo del 10% del coste de la excursión).

Los navajos organizan rutas a pie, a caballo o en vehículos todoterreno por zonas especialmente habilitadas. Hay áreas autorizadas de acampada y alojamientos increíbles como el View Hotel. Jamás un nombre fue tan acertado: el hotel Vistas.Y jamás la gente, el pueblo, los seres humanos se sintieron tan pequeños ante la espectacularidad de una naturaleza tan árida como imponente.


Y jamás los seres humanos se sintieron tan pequeños ante la espectacularidad de una naturaleza tan árida como imponente









Fuente: LA Vanguardia

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