El experimento Modi se presenta a examen con un balance discutible. Una parte de los novecientos millones de electores indios empezaron a votar anteayer y muchos más seguirán haciéndolo, en siete jornadas escalonadas, hasta el 19 de mayo. Aunque se elige la Cámara Baja del Parlamento, en realidad se trata de un veredicto sobre la polarizadora gestión de Narendra Modi como primer ministro de India.

Todo indica que su partido, el derechista BJP, será el más votado, pero quedará por debajo del 30% y lejos de la mayoría absoluta de hace cinco años. No se descarta que la alianza de partidos regionales hasta ahora rivales, en estados claves como Uttar Pradesh, pueda estar en condiciones de formar una mayoría alternativa, en un acuerdo postelectoral con el Partido del Congreso. Este último muestra ya síntomas de resurrección de la mano del eterno delfín, Rahul Gandhi, de 48 años, ahora reforzado con el paso al frente de su hermana Priyanka.






Todo indica que su partido, el derechista BJP, será el más votado

Los bisnietos de Nehru se dieron en diciembre un baño de moral al arrebatar al BJP tres grandes estados del norte, Rajastán, Madhya Pradesh y Chhattisgarh. Mientras Modi vuelve a presentarse por Benarés, Rahul lo hace, por sorpresa, en la sureña Kerala.

Las espadas están en alto porque el milagro económico prometido por el BJP no se ha producido. La promesa de crear diez millones de puestos de trabajo se ha traducido en destrucción de empleo –industrial además de rural– llevando el paro a su máximo en 45 años.

Es más, las cifras macroeconómicas demuestran que India creció con mayor intensidad bajo su predecesor, Manmohan Singh. O mejor dicho, demostraban, porque el Gobierno de Modi ha ordenado un recorte retroactivo de aquellas estadísticas, para obrar el milagro. Ahora es su India la que más crece, un 6,6%.

De todos modos, las castas altas que conforman la columna vertebral del partido no buscan alternativas a Modi, el hombre del pueblo que ascendió en la organización hinduista radical RSS –matriz del BJP– y que inflamó en buen hindi la imaginación de los estratos más bajos.


Modi ha profundizado el acercamiento a Estados Unidos, Israel o Japón, pero sin alterar la condición de Rusia como primer proveedor de armamento






Modi ha profundizado el acercamiento a Estados Unidos, Israel o Japón, pero sin alterar la condición de Rusia como primer proveedor de armamento. En cambio, la compra del avión de combate Rafale ha sido polémica, al forzar a la francesa Dassault a repartirse el contrato del siglo con el magnate Anil Ambani, sin experiencia en defensa. El hermano de este, Mukesh Ambani, ya es el hombre más rico de Asia.

Menos vibrante es la situación de la aviación civil, y si al principio de su mandato quebraba Kingfisher, desde hoy tiene sus aviones en tierra Jet Airways.

De hecho, el avión que más alegrías está dando a Modi es un caza indio derribado. El del mostachudo piloto, ya héroe, abatido sobre Pakistán en un duelo aéreo en el que la principal víctima fue la verdad, en respuesta a un atentado suicida que mató a cuarenta antidisturbios en Cachemira.

Modi lo fía todo a su mano dura, pero esta ha empeorado la situación en Cachemira y promete agravarla aún más, puesto que su programa prevé eliminar las garantías constitucionales que impiden vuelcos demográficos en el estado de mayoría musulmana.


150 oficiales retirados mandaban una carta al presidente, protestando por el uso partidista de las fuerzas armadas por parte del primer ministro






Ayer mismo, 150 oficiales retirados mandaban una carta al presidente, protestando por el uso partidista de las fuerzas armadas por parte del primer ministro. El acoso a la disidencia por parte de Modi y de su mano derecha, Amit Shah, ha sido observado en otras parcelas del Estado. Cuatro jueces del Supremo llegaron a convocar una rueda de prensa denunciando presiones intolerables. Modi, en cambio, no celebra ruedas de prensa.

El gobernador del Banco Central, Raghuram Rajan, fue destituido en septiembre del 2016 y días después se suspendía el curso legal de los ubicuos billetes de 500 rupias, ostensiblemente para combatir el dinero negro. El motivo real, seguramente, fue impedir la compra de votantes por parte del gobierno de Uttar Pradesh, en las inmediatas elecciones regionales que, efectivamente, conquistó el BJP. Desde entonces, este estado tan poblado como Brasil tiene al frente a un yogui en túnica azafrán. La población fue humillada haciendo cola durante meses en los bancos, para nada. De la lucha contra el dinero negro nunca más se supo.

La Comisión Electoral acaba de prohibir el estreno en estas fechas de una superproducción de cine sobre la vida de Modi y restringe un canal dedicado a él. India aún presume de medios plurales, aunque ya menos en papel. Sin embargo, los bulos en las redes, de incitación al odio social o religioso por réditos políticos, han alcanzado el paroxismo.





En estos años, medio centenar de hombres han sido asesinados por defensores de las vacas. Y estar en posesión de un filete de ternera en “la ciudad del futuro”, Gurgaon –ahora Gurugram, junto a Delhi– está penado con años de cárcel. Una conquista espiritual paralela a la del título de ciudad más contaminada del mundo, codo a codo con otras urbes indias.

La visión de Modi pretende conciliar vacas errantes y trenes de alta velocidad. El choque con el futuro está servido.








Fuente: LA Vanguardia

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