El exdelegado del Gobierno en Catalunya, Enric Millo, declaró este martes ante en el Tribunal Supremo, durante el juicio por el
procés
, que en los Mossos d’Esquadra se impuso la línea política sobre la profesional ante el 1-0, y agregó que la
DUI
“no fue simbólica, esto no es una broma, iba en serio”.

Milló prestó una larga declaración como testigo, en la que abordó principalmente el papel de los Mossos d’Esquadra durante el procés, sus contactos con Carles Puigdemont, los hechos del 1 de octubre y la situación de
violencia
que para él se produjo en Catalunya.

Precisamente sobre este último aspecto señaló que la violencia comienza a aparecer tras la aprobación de la ley de Transitorietat, que generaron la situación “kafkiana” de que en Catalunya podía existir una doble legalidad y que la población tendría que decidir a cuál acogerse. Este texto fue suspendido por el Tribunal Constitucional, pero salió adelante en el Parlament el 7 de septiembre de 2017, y el 10, según estableció Millo, ya comenzaron a producirse incidentes, que cifró en más de 150. Ocurrieron en distintos municipios, ante diferentes edificios, delante de las subdelegaciones de Gobierno, dependencias de Policía y Guardia Civil o en los lugares donde se hospedaban los agentes, incluso con un artefacto incendiario.









En la misma línea argumental de defensa de la violencia, apuntó que se había señalado a agentes que acompañaban a sus hijos a los colegios y que vivían en Catalunya, o que en Girona apareció una pintada que rezaba “Millo muerte”. Un letrado le inquirió si conocía quién era el autor. Señaló que no, pero sí quién la había borrado: su hija.

Este clima de inseguridad y posible violencia motivó, expuso, que el presidente del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya le pidiera refuerzos para custodiar la sede de esta institución, y que por ello destinó allí a agentes del Cuerpo Nacional de Policía.


Desconfianza en los Mossos

Enric Millo también relató la secuencia que llevaron a los cargos del Estado a desconfiar de los Mossos d’Esquadra. Primero, el relevo de Jordi Jané por Joaquim Forn al frente de la consellería d’Interior. En los primeros contactos con el nuevo responsable, relató, Forn le dijo que “iban a garantizar que la jornada electoral se iba a celebrar con normalidad”, lo cual les preocupó.





Pero el punto de inflexión fue la Junta de Seguridad extraordinaria convocada por Carles Puigdemont el 28 de septiembre, a la que asistió en compañía del secretario de Estado, José Antonio Nieto, que compareció ayer; una sesión que fue “un despropósito”, a su entender.

La tesis expuesta por Puigdemont es que el Govern de la Generalitat iba a llevar a cabo un referéndum sobre la independencia de Catalunya y “que a ver cómo nos poníamos de acuerdo para que se desarrollara con normalidad”, lo cual era legalmente imposible y además había actuaciones judiciales en contra.


El papel de Trapero

A esta reunión asistió el mayor de los Mossos Josep Lluís Trapero, que señaló que acataría las órdenes judiciales, pero no se mostró contrario al referéndum. De manera que en la Junta se hablaba al mismo tiempo de impulsar la votación y de impedirla. “En mi pueblo le llaman sorber y soplar al mismo tiempo”, manifestó.

Trapero, según Millo, mantenía una posición matizada respecto al Govern, pero no les contradecía y aseguraba que cumpliría las órdenes judiciales, “lo cual era muy dificil de entender. En los Mossos d’Esquadra se impuso la línea política por encima de la profesional”, definió.


Noticias falsas sobre el 1-O






Al igual que los otros miembros del Gobierno que han desfilado por la sala, Millo defendió la actuación de la Policía y la Guardia Civil el 1-0, al tiempo que criticaba la pasividad o ausencias de los Mossos. Además de denuncias noticias falsas sobre heridos, el exdelegado del Gobierno aseguró que dentro de mucha gente de buena fe que iba a votar se ocultaron grupos violentos que agredieron a los agentes que acudían a los colegios, donde por ejemplo se regaba con detergente el suelo para que resbalaran y se les pudiera agredir. En estas situaciones dio protagonismo a los CDR.

Milló aseguró que la Generalitat no le informó en ningún momento de la relación de personas heridas a consecuencia de la actuación policial. Javier Melero, abogado de Forn, le rebatió que la actuación fuera efectiva, por cuanto sólo se cerraron el 5% de los colegios, y que un registro de Unipost se retrasara por incidentes en la calle, sino por defectos formales en la orden judicial.

El anterior delegado del Gobierno en Catalunya explicó que al tomar posesión del cargo, en noviembre de 2016, se reunió con Carles Puigdemont. El procés estaba ya muy avanzado, dijo, y le expresó su voluntad de que no acabara mal, a lo que el president le respondió que no tenía intención de un conflicto con el Estado. “Sus hechos le contradicen”, expuso.





Pero en junio de 2017 volvió a coincidir con Puigdemont en una cena de la Pymec, y fue cuando éste le dijo. “Yo ya no puedo dar marcha atrás. Ese día se puso punto y final a una posibilidad de revertir la situación”.

En cuanto a Junqueras, tuvo un encuentro informal donde el exvicepresident le expresó que estaba a favor del referéndum y que era independentista de toda la vida, por lo cual no tenía nada que demostrar, mientras que sus socios de Govern tenían que hacer esfuerzos “para demostrar que lo son más que yo”. Para Enric Millo, la DUI “no fue simbólica, esto no es una broma, iba en serio”.


¿Hubo violencia durante el Procés independentista?




Total votos: 0








Fuente: LA Vanguardia

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