Cuando todos en su barrio escuchaban reguetón, él prefería las rimas clásicas del rap español. Cuando hoy en día el trap habla de vacilar de coches caros, él canta a la vecina que esconde la quimioterapia con un pañuelo. Delaossa nació en 1993 en El Palo, un barrio que define de «antiguo», que conserva su tradición pesquera y la sabiduría de la gente humilde. De la mezcla de mundos, el viejo y el nuevo y del exterior y el interior, salió «Un perro andaluz», su primer disco, tan autoproducido que se grabó en su dormitorio, que le ha abierto las puertas de Latinoamérica y también de encabezar el Festival Madrid Salvaje, donde actúa esta noche.

¿Cómo empezó en esto?

Mis profesores han sido los raperos «old school», tanto españoles como internacionales. Me he empapado de ellos, son los que me han dado los códigos para desenvolverme. Gente como Mucho Muchacho o los de mi tierra, como Hablando en Plata. Aunque cuando era un chaval parecía un bicho raro.

¿Qué le dio la música?

Podía haber acabado en la obra o en el bar, es cierto, pero lo tuve claro. Hace 10 años, con 16, hablé un día con mi madre, cuando estaba malita y me decía que por qué no estudiaba y que qué hacía cantando todo el día con las bases puestas. Yo le dije que iba a comer de esto.

Su madre.

Me apoyaba, pero mosqueada. Ella ya falleció. Mi padre es artista, es pintor, y se sentía identificado. Le debía gustar que yo hiciese poesía o algo parecido y siempre me dececía que tirase para adelante. Creo que está super orgulloso aunque me critica mucho.

¿Por qué un chico que escribe va mal en la escuela?

Me gustaba más la calle. Me interesaba Filosofía y Lengua castellana y leer libros, pero ir al colegio, no. Estudiaba un poquito al final o copiaba (risas).

¿Tuvo una buena infancia?

Sí, en un barrio increíble que siempre llevaré por bandera, que es El Palo. Te enseña códigos de respeto de saber convivir con la gente y tiene cosas malas, como la droga y tal. Pero es un barrio bueno, de tradiciones antiguas. Yo nunca he hecho nada malo y en el barrio había droga pero tampoco es «The Wire» ni esto es Brooklyn.

Canta sobre gente corriente.

Me paro a hablar con cualquiera. Que hayan estado en la cárcel o con los viejos o los pescadores. De ellos siempre meto una frasecita que da una experiencia distinta a la mía.

¿Dónde aprendió los valores que tiene?

Parte en casa, parte no. Mi padre siempre me ha dado conocimiento: música, de Buenavista Social Club a B.B. King, por ejemplo. Jazz, salsa, flamenco… Y me dio a leer a Bukowski y Hemingway. Siempre he querido estar entre la calle y la cultura. La calle está muy bien, porque es tu realidad, pero la cultura lo hace más interesante.

El rap transmite valores o al menos una imagen. ¿Le preocupa eso?

Cada vez menos. Empecé haciendo letras muy oscuras, pero luego me interesaba más el «wake up», niñato. Échale ganas a la vida aunque seas un drogadicto. El mensaje es que hay una salida, todo el mundo puede encontrar su sitio.

Vuelven las polémicas por machismo: SFDK, C. Tangana…

Creo que hay que distinguir lo que es una canción, una obra, de lo que es un acto. Todo el mundo puede soñar y meterse en su mundo aunque sea oscuro. Eso no tiene que ver con la realidad, es ficción. Y me parece que es una tontería intentar silenciar a la gente.

Delaossa tiene su lado oscuro.

Hay mundos internos que son incontrolables. Trato de que mis demonios no repercutan. Hay que respetarlo.

¿Qué quiere?

No hacer lo que no quiero hacer. Mi objetivo no es ser rico, sino vivir de esto. No voy con el sueño americano de hacerme millonario; eso para mi vida no lo quiero.




Fuente: La razon

A %d blogueros les gusta esto: