Andrés Manuel López Obrador es el único presidente del mundo que todos los días le habla a sus gobernados desde las siete de la mañana, en su tradicional conferencia de prensa conocida como La Mañanera. El presidente mexicano ha aprovechado los primeros siete meses de su gobierno para moldear su mensaje, posicionar su agenda política y consolidar la simpatía que los ciudadanos ya le tenían. A un año de su elección, López Obrador goza de la mayor aceptación de un mandatario en América Latina: 66% de los mexicanos aprueban su trabajo, según una encuesta publicada este lunes por el diario El Financiero.

El primer presidente de izquierda de México supera, con creces, a sus colegas que también fueron electos en el último año. Iván Duque, presidente de Colombia, apenas cuenta con un 29% de aprobación entre sus gobernados, según la encuesta de junio de Gallup. A Duque, un abogado de 42 años, los colombianos le reprochan la corrupción y la inestabilidad económica del país. Mientras que a un polémico Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, solo un 32% de la población le aprueba su gestión en los primeros seis meses de Gobierno, según el último sondeo de Ibope. Bolsonaro, incluso, despierta desconfianza entre la mitad los brasileños hastiados por las tramas de corrupción política.

El caso del López Obrador es diametralmente distinto: la confianza hacia el presidente es prácticamente ciega, tanto que el 62% de los mexicanos le votaría nuevamente. El mandatario ha llevado entre sus banderas el combate a la corrupción, la austeridad del Gobierno y el respaldo económico a los ciudadanos más pobres. El sondeo revela que sus medidas más populares entre la población son la venta del avión presidencial —un asunto pendiente mientras la aeronave espera un comprador en Estados Unidos— y la reciente creación de la Guardia Nacional, el polémico cuerpo de seguridad con un innegable origen militar.

López Obrador ha sostenido una agenda en la que apunta a las principales preocupaciones de los ciudadanos: seguridad, economía y desarrollo social. Sin embargo, los recortes presupuestales y su perspectiva sobre cómo administrar el dinero público han levantado las primera dudas hacia la gestión del presidente. Según la misma encuesta, los ciudadanos no están de acuerdo en su intención de retirar recursos a las estancias infantiles y en la construcción del nuevo aeropuerto de Ciudad de México en Santa Lucía, tras cancelar el aeródromo que se construía en Texcoco.

El presidente ha rectificado en algunas de sus decisiones respecto a los recortes presupuestales, generalmente después del anuncio y tras protestas, y ha argumentado que algunas de estas decisiones han sido por “una falta de sentido común”. López Obrador se ha posicionado como un presidente de gestos: lo que dice es tan importante como aquello que calla. Su intención de sacudir a la clase política se cristalizó desde el primer día de su mandato cuando abrió las puertas de la antigua residencia presidencial Los Pinos al público y se consolidó con la subasta de automóviles y propiedades que acumularon los gobiernos anteriores. Por otro lado, López Obrador se ha inclinado a mostrar su respaldo público a diferentes líderes religiosos —aunque no es pública su religión—, un asunto que ha despertado suspicacias entre los mexicanos (un 75% rechaza estas intervenciones), habituados desde el siglo XIX a una clara separación de la Iglesia y el Estado.

En la memoria de los mexicanos está latente la resaca de las crisis económicas de las décadas de los 80 y 90. Un 40% teme que López Obrador pueda provocar una crisis económica con sus decisiones, según la encuesta. El presidente y su equipo han minimizado la desaceleración de la economía, a pesar de que han tenido que maniobrar para apuntalar los sectores que podrían impulsar el crecimiento. Las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles unilateralmente y el deterioro de Petróleos Mexicanos (Pemex) han puesto al borde de la navaja el futuro financiero de México.

“Tengo prisa, porque este año quiero dejar sentadas las bases de la transformación: cero corrupción, cero impunidad, rescate de campo, bienestar, seguridad. De modo que si me pasara algo, que yo me tuviese que ir el próximo año,a los conservadores les costaría muchísimo trabajo dar marcha atrás a lo que vamos a dejar establecido desde este año”, ha dicho en una entrevista con el diario La Jornada, a propósito del primer aniversario de su victoria electoral. El presidente mexicano celebra este lunes en el Zócalo de Ciudad de México con música y un discurso. Catorce horas después estará nuevamente ante el micrófono, consolidando su valoración positiva como funcionario público ante los mexicanos.




Fuente: El Pais

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