Quince meses después de su visita al Palau Sant Jordi de Barcelona, la banda de heavy metal Metallica compareció de nuevo este domingo en la capital catalana, esta vez en el Estadi Olímpic
Lluís Companys. No importaba el poco tiempo transcurrido desde el último concierto de la escuadra estadounidense en la ciudad, ni tampoco parecía importante que su último disco hasta la fecha, Hardwired… to self-destruct, esté fechado en el ya algo lejano 2016. El público local respondió una vez más con entusiasmo a la convocatoria, en apariencia indiferente a las poco amables rachas de viento helado que hicieron acto de presencia en el recinto. Montjuïc registró una asistencia de 52.000 espectadores, según indicaron fuentes de la organización del concierto.





Es lo que tiene la veteranía bien llevada. Tras 38 años de trayectoria –y dicho sea con permiso de los ahora mismo algo desdibujados AC/DC–, Metallica recorre el mundo exhibiendo por derecho la antorcha del heavy mainstream, y reafirmando su leyenda en cada nuevo concierto. De ahí la cálida, cómplice, y en algunos aspectos hasta devocional bienvenida con que el público congregado recibió a los cincuentones James Hetfield, Lars Ulrich (fundadores ambos del grupo), Kirk Hammett y Robert Trujillo. Y de ahí, también, la poderosa comunicación que los músicos supieron establecer con el respetable desde el minuto uno, dando inicio a su generoso espectáculo con Hardwired, canción precedida como es marca de la casa por el tema central del filme El bueno, el feo y el malo, firmado por Ennio Morricone, y ofrecido en versión enlatada.


“¡Barcelona, la familia Metallica está hoy aquí reunida!”, saludó el cantante Hetfield

Como es canónico en toda gira de estadios que se precie, la actuación del cuarteto californiano desbordó el marco estrictamente musical. No solo de canciones viven las grandes estrellas: también lo hacen de la puesta en escena. En nuestro caso, destacó un escenario con un saliente que se adentraba hacia el público –lo que permitía visión de 360 grados en algunos episodios–, además de varias pantallas dispuestas en zig-zag en el fondo del proscenio, elementos inflables y columnas de fuego.

Envoltorio adecuado para un repertorio que, en su tramo inicial, continuó con The memory remains. “¡Barcelona, la familia Metallica está hoy aquí reunida!”, saludó el guitarrista y cantante Hetfield a renglón seguido.






La banda exhibe por derecho la antorcha del heavy ‘mainstream’, y reafirma su leyenda

A eso de media gala, y tras la interpretación de temas como The thing that should not be –por primera vez en este tour–, la dramática y coreada Unforgiven, o Sad but true, llegó la pincelada de color local que Metallica suele dar a sus conciertos, protagonizada por el bajista Robert Trujillo.

Igual que en febrero del año pasado, el honor recayó sobre El muerto vivo de nuestro recordado Peret. No cabe insistir demasiado en que este es un pasaje de relativo interés en materia artística, pero significativo en tanto que refuerza, y de qué manera, la comunión con el público intergeneracional que anoche acudió al concierto, muy variado también en cuanto a nacionalidades de origen, y que había pagado entre 73 y 140 euros para asistir al evento.


Repertorio

Éxitos como ‘Master of puppets’ o la espléndida ‘Seek and destroy’

Riffs de aúpa, bombos inclementes y demás marcas propias del género seguían marcando en camino del concierto de Montjuïc al cierre de esta edición. A esa hora, todas las previsiones del por otra parte bastante pautado guion de la noche, indicaban que Metallica no escatimaría al público grandes éxitos de su trayectoria como Master of puppets o la espléndida Seek and destroy, para culminar la noche con Enter sandman.





El concierto de ayer en el Estadi Olímpic era el tercero que Metallica ofrecía en suelo europeo este año, tras los de Lisboa el pasado 1 de mayo y Madrid el día 3. La gira del grupo continúa con otras 22 fechas previstas en el continente, Inglaterra e Irlanda, y continuará luego por Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, con actuaciones comprometidas hasta el mes de noviembre.








Fuente: LA Vanguardia

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