La Liga se estaba decidiendo para al Barcelona al mismo ritmo que el Benito Villamarín se estaba vaciando ante la exhibición de Leo Messi, que aprovechó el regalo del Atlético para poner 10 puntos de colchón a falta de 10 jornadas. A la afición bética no le quedó más remedio que pasar de pagar su enfado con su equipo a rendirse a la evidencia de que la estrella del Barça es inalcanzable.

Escarmentado por la inferioridad numérica abrumante durante la primera parte en el Camp Nou, Valverde retocó el once para cambiar de sistema. Cayó del pedestal Coutinho, que no se puede considerar titular de pleno derecho en el equipo de gala ni estando Dembélé lesionado, para encumbrar a Arturo Vidal.






Ovacionado en el Villamarín

A la afición bética no le quedó más remedio que pasar de pagar su enfado con su equipo a rendirse a la evidencia

Valverde regresó al 4-4-2 que tan buenos resultados le dio la temporada pasada y que ya utilizó en el Villamarín en su anterior visita. El incorruptible Quique Setién ha conseguido que hasta los grandes se adapten a su Betis y no al revés. El Madrid se plantó en Heliópolis con tres centrales y dos carrileros para calcar el esquema verdiblanco y el Barça quiso igualar sus cuatro centrocampistas aún renunciando a un tercer punta.

En su día, cuando dirigía al Levante Joaquín Caparrós, ahora de nuevo en el Sevilla, definió jugar contra el Barcelona como sentarse en la silla del dentista, un mal trago que hay que pasar una vez al año. Jugar contra el Betis de Setién, en casa o a domicilio, es como ir al oculista, que te apunten con esas máquinas puntiagudas cerca del ojo y te pongan esas incómodas gotas. Todo el mundo sabe que durante un par de horas ves un poco borroso. La presión por todo el campo y al hombre modifican la mirada. La obsesión por mimar la pelota obliga a fijarse más en la verticalidad y la finalización que en la posesión.





Messi, felicitado por sus compañeros
(Raúl Caro / EFE)

Hasta a la gente del Villamarín les cuesta entender ese juego y se desespera y más si enfrente está Leo Messi, al que no se le puede dar facilidades ni espacios. El Betis siempre es fiel aunque no se puede decir para nada que sea efectivo. En cambio, el Barça, con Valverde, es más pragmático que fundamentalista o puro pero sobre todo es un equipo resolutivo, que aprovecha cada resbalón de sus rivales por el título para abrir más brecha en la clasificación y acercarse un poco más al título.

El más valiente en el escenario de presión asfixiante fue Arthur, que no paró de pedir el balón, aunque estuviese de espalda en la frontal del área, mientras Arturo Vidal estaba pendiente de Canales pero con el balón pasaba a ser el mediapunta que era Paulinho.


Messi marcó un golazo de falta y redondeó la goleada con otra pieza de museo






Pero fue el pequeño brasileño, muy activo, quien forzó una falta en el borde del área muy protestada por la afición bética, que se temía lo peor. Y acertaron. Porque la posición era inmejorable para Messi que limpió las telarañas de la escuadra de la portería de Pau López, al que le sorprendió el disparo a su palo. Eso sí, el trallazo teledirigido era inapelable para desquitarse de tres meses sin marcar de falta.

Pese a marcar pronto, el Barça no controló el partido sino que se vio tentado a salir al contragolpe, algo que interpretaron a la perfección Ter Stegen con sus pases en largo y Messi, que dejó solo a Luis Suárez, al que le salió un tiro de canario. Quien no perdió la oportunidad de hacer el segundo antes del descanso fue el argentino. El nueve le devolvió la asistencia al corazón del área y Messi llegó antes que tres defensas que le perseguían y que la media salida de Pau López.

Luis Suárez se vistió de Ronaldo, con un gol pura potencia
Luis Suárez se vistió de Ronaldo, con un gol pura potencia
(Marcelo Del Pozo / Reuters)






¿Qué pasaría si el Betis tuviese a Messi? Entonces todo cobraría sentido. Como lo tiene para el Barcelona, superior en la Liga y candidato a todo a lomos del mejor del mundo. Porque el Betis tiene un serio problema de pegada. No lo ha resuelto con Jesé en el mercado de invierno. Y esa flaqueza se vio perfectamente cuando el delicado Canales se plantó ante Ter Stegen para poder poner el 1-2 en el marcador pero chutó fatal con la zurda. No se puede definir peor.

Parecía que el propio Luis Suárez, delantero de olfato, se estaba contagiando de la penosa puntería de los locales en la segunda parte, cuando falló dos manos a manos con el portero bético. En el primero se quedó sin ángulo tras regatear al meta. En el segundo, tras otro pase de Ter Stegen en largo y un error de bulto de Bartra en el salto, llegó cansado al área y cruzó demasiado. Pero a Suárez no se le olvida lo marcar goles así como así y lo demostró en una jugada en la que se vistió de Ronaldo y, con potencia, regateó a los tres defensas antes de batir a Pau López. Falta media hora y el Villamarín se empezó a vaciar. Los que se quedaron aplaudieron el gol, por fin, de Loren Morón y ovacionaron a Messi cuando logró el hat trick con una vaselina desde la frontal propia de un elegido. Leo salió a hombros de Sevilla y el Barça tiene un pasillo para la Liga.






Ficha técnica

Betis, 1 – Barça, 4

Betis: Pau López; Joaquín (Emerson, m.67), Mandi, Bartra, Sidnei, Tello; Canales, Lo Celso (Lainez, m.67), William Carvalho (Loren, m.75), Guardado; y Jesé.

Barcelona: Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Lenglet, Jordi Alba; Sergio Busquets, Vidal, Rakitic (Aleñá, m.88); Messi, Arthur (Semedo, m.64) y Luis Suárez (Coutinho, m.88).

Goles: 0-1, M.17: Messi. 0-2, M.46+: Messi. 0-3, m.63: Luis Suárez. 1-3, M.82: Loren. 1-4, M.85: Messi.

Árbitro: Ricardo de Burgos Bengoetxea (Comité Vasco). Amonestó a al local Guardado (m.16) y a los visitantes Lenglet (m.52) y Semedo (m.66).

Incidencias: Partido de la vigésima octava jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio Benito Villamarín ante unos 54.000 espectadores. Antes del encuentro se guardó un minuto de silencio por el reciente fallecimiento de Rafa Serna, compositor del himno del centenario del Real Betis, y también en recuerdo del exjugador del equipo verdiblanco Miguel Azcárate.








Fuente: LA Vanguardia

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