Entre el desastre y la euforia hay un futbolista: Leo Messi. No hubo premio de consolación ni de pedrea de lotería en el Camp Nou para el Liverpool, que tuvo más el balón (52%), dio más pases (482, 25 más que el Barça) y chutó más veces (14 a 11) que los locales. La ley de Messi es inmisericorde y nadie escapa a ella. Los reds pudieron frenar a la perla argentina en el 2007 cuando sólo tenía 19 años pero tuvieron que plegarse ante el crack en su etapa de madurez, camino de los 32.

Pocos equipos hicieron un partido tan completo en la Champions y se llevaron un castigo tan abultado como el equipo de Klopp el miércoles. El 2-0, con el coloso Van Dijk rendido, mirando con las manos en la rodilla como Messi recogía el rechace del larguero para marcar a puerta vacía, ya era un buen resultado para el Barcelona de cara a Anfield. El 3-0 con una falta directa celestial es un bofetón de realidad que explica a la perfección las distancias entre uno y otro. El mejor futbolista del mundo convierte al Barça en el favorito en cualquier eliminatoria y torneo, especialmente para una Champions “linda y deseada” que tiene entre ceja y ceja desde agosto. Y no hay nada más temible que el diez liderando las tropas.





El 22 de junio de 1986 Diego Armando Maradona cruzó la frontera que separa lo humano con el mito cuando derrotó a Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México con dos de los goles más conocidos de la historia. Cada cuatro años, a Messi le piden que lo repita. Pero olvidan que Leo lleva 13 años como azote de los inventores del fútbol. Ha martirizado a los seis grandes de la Premier desde que se cruzó con el Chelsea en el famoso día de la expulsión de Del Horno. Es verdad que lo han apeado tres veces de la competición –2007 (Liverpool), 2008 (United) y 2012 (Chelsea)– pero el Barcelona de Messi les ha eliminado en 12 ocasiones, que serían 13 si el equipo de Valverde se mete en la final del Metropolitano.

El gol de falta de Leo Messi frente al Liverpool en la ida de semifinales de la Champions
(La Vanguardia)

De hecho, uno de cada cuatro goles del argentino en la Champions ha tenido como víctima un equipo inglés (26 de 112). De momento, en esta edición la mitad de sus 12 goles han sido para el Tottenham (al campeón del mundo Lloris), United (al codiciado De Gea) y Liverpool (a Alisson, por el que se pagaron 70 millones). Es el hombre del saco de defensas y porteros. Su poder de atemorizar es mucho más prolongado en el tiempo que el del Pelusa.





Las remontadas de esta Champions hacen que, pese a todo, haya que tomarse la vuelta con prudencia. Si los de Valverde marcan un gol en Anfield, el Liverpool deberá marcar cinco para dar la vuelta a la semifinal. Pero hay más contrastes, además de Messi, que es único e intransferible, para explicar por qué se llegó al primer partido en que el conjunto de Klopp pierde encajando tres goles desde el 26 de mayo del 2018 en la final de la Champions pasada… aún con Karius en la portería.

Ter Stegen hizo tres paradas al inicio de la segunda mitad para bajar el souflé de Salah y compañía mientras Alisson sólo salvó una de Coutinho, porque el primer disparo a puerta de la segunda mitad fue el 2-0. Milner entró por sorpresa por un Firmino tocado y malogró dos buenas ocasiones. En cambio, Arturo Vidal ocupó el puesto de Arthur y salió reforzado de cara a la recta final del curso. “El debate de la Champions: ¿cuántos pulmones tiene Arturo Vidal?”, se preguntaba el diario chileno Las Últimas Noticias. El ofensivo Robertson tampoco puede situarse aún al nivel de Jordi Alba en el lateral izquierdo y la fiabilidad y el oficio de Luis Suárez en el remate está a años luz de la imprecisión del eléctrico Mané.






El Liverpool no perdía un partido encajando tres goles desde la final de la Champions del 2018

Pero lo que sí que no tiene proporción es la estela del lanzamiento de falta de Messi a la escuadra en el 3-0. Potente y colocada, de abajo a arriba, sin caer en su trayectoria. Otra dimensión. Era su octavo gol en esta especialidad de la temporada, un nuevo récord para un futbolista que en febrero del 2017, contra el Athletic que dirigía Valverde, superó los 26 goles de Ronald Koeman de falta con el Barça. El Txingurri ya es el técnico que ha disfrutado de más goles en lanzamientos directos de Leo, con 15, para un total de 42.

Messi no se esconde y siempre aparece en los partidos importantes pero las faltas son una nueva fórmula para desencallar partidos. Hasta en 25 ocasiones han servido para poner al Barcelona por delante en el marcador y con otros cinco logró empatar partidos que el equipo perdía por un gol. Y eso que cuando en el 2008 se estrenó contra el Atlético fue un gol de pillo, porque el encargado de chutar las faltas era Dani Alves, pero aprovechó que Coupet estaba en el poste colocando una barrera que nadie había pedido para chutar rápido al otro palo. Desde entonces lleva once temporadas consecutivas marcando las diferencias al menos con un falta.








Fuente: LA Vanguardia

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