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Menisco o ‘dolorem ipsum’, por Margarita Puig


Antes se tiraba. Entrabas en quirófano. Te abrían la rodilla y despertabas con un tarrito de cristal transparente sobre la mesita de noche. Dentro, flotando, el culpable de todo, ese menisco que había bloqueado tu paso probablemente tras una mala caída de esquí o por una zancadilla futbolera. O, y eso sucedía más de lo que ahora pueda imaginarse, por usar calzado de calle en un partido de balonmano (en el patio lo llamábamos “jugar a matar”), de baloncesto o de squash, ese deporte que la socialización que brinda el pádel ha anulado ­casi por completo.

Contemplar el va y viene de tu pobre menisco sumergido en el líquido viscoso ayudaba a superar el frío sobrevenido cuando también la anestesia te abandonaba. Y a despedirte de esa parte que ya no considerabas tuya mientras recibías a un nuevo compañero de viaje, el dolor en sí mismo ( dolorem ipsum, en latín) que, entonces no se sabía, ya sería para siempre. Unos días más, otros días menos intenso… Pero todo el tiempo ahí. Punzando para que recuerdes que una vez no luchaste por él lo ­suficiente.

El menisco ha sido por mucho tiempo un gran incomprendido.

–¿Te has roto la rodilla? ¡Bah! ¡Sólo es el menisco!…. Te lo quitan y aire. En tres meses ya puedes hacer “vida normal” .

Aún hay quien reacciona así ante el croc-croc de las muletas.

Lo que no saben quienes todavía no han aprendido a amar a sus meniscos es que esa pieza de fibrocartílago con forma de luna creciente (o menguante, según se mire) es pequeña (al menos en comparación con el volumen de la rodilla a la que asiste) pero útil. Una media luna con enorme valor como almohadilla que ahora los especialistas intentan salvar como sea. La suturan, la reemplazan (la sacan de los bancos de tejidos) y se supone que en algún momento se fabricarán en 3D. Pero no se tira. No se tira nada.

El menisco, dicen ahora, es imprescindible para absorber el choque entre los cóndilos femorales y los platillos tibiales. Rompérselo, pues, no es (nunca lo ha sido) una lesión tan tonta. Con las nuevas praxis ni doblas al día siguiente de la artroscopia ni corres a los tres meses. La recuperación se alarga y mucho. Pero te queda para siempre tu almohadilla (o lo que quede de ella, a veces se retira la parte rota si no es posible la sutura) y el consuelo de que podía haber sido peor. Los meniscos están adheridos a la superficie tibial, y en el caso del interno forma parte del ligamento colateral interno de la rodilla. A la adición de esas dos lesiones a una del ligamento cruzado anterior le llaman “triada”. La “triada terrible de O’Doneghue”. Duele como un parto, y la recuperación es más larga que un embarazo. Lo saben Sergio Llull y Rafinha… Y Pablo Piatti y Lindsey Vonn, que se retira a lo grande.




Fuente: LA Vanguardia

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