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May propone una transición de dos años tras el Brexit | Internacional


La primera ministra británica, Theresa May, ha lanzado esta tarde en Florencia su tercer gran discurso sobre la ruptura del Reino Unido con la Unión Europea (UE). A seis meses de la activación del artículo que da un plazo de dos años para ejecutar el Brexit, y después de tres pobres rondas de negociación, la premier británica intenta desbloquear las negociaciones con la UE y demostrar que ha habido avances en las exigencias de la Unión Europea. En su discurso, pronunciado en el momento de mayor debilidad política y en un tono conciliador y de proximidad con sus antiguos socios, May ha propuesto que se abra un periodo de “implementación” de un máximo de dos años durante los cuales el país está dispuesto a seguir contribuyendo al presupuesto de la UE. Una transición “suave y ordenada”, ha repetido en varias ocasiones.

El título de la conferencia, pronunciada en un reducido auditorio del complejo de Santa María Novella, dejaba entrever un intento por limar asperezas. “Historia compartida, desafíos compartidos, futuro compartido”. La claridad de sus palabras y la ciudad elegida -epicentro de las relaciones culturales de Italia con el mundo anglosajón- hablaban también de un intento por tender puentes. Pero no era fácil. Especialmente teniendo en cuenta la oposición que existe desde dentro de su propio Gobierno a abandonar la línea dura. Sentados en la primera fila estaban el ministro encargado de pilotar la salida de la UE, David Davis, y los dos exponentes más claros de la fractura en las filas conservadoras: el ministro de Exteriores, Boris Johnson —partidario de una ruptura radical— y el de Economía, Phillip Hammond —que defiende mantenerse lo más cerca posible del mercado único—. Un ejercicio de funambulismo que ha terminado por vaciar de contenido el discurso. “Queremos dejar las instituciones europeas, no Europa”.

El Brexit se activa de forma automática el 30 de marzo de 2019. Una fecha completamente fuera de lo abarcable si se atiende a problemas básicos como la delimitación de las fronteras con Irlanda —el viernes la premier británica dijo que no habrá barreras físicas— o el estatus legal de los ciudadanos de la Unión Europea en Reino Unido, a quienes aseguró que no verán modificados sus derechos. Para todo ello, May ha propuesto un periodo de “implementación” de dos años más, que daría margen para construir la futura relación. “La gente y las empresas se beneficiarían de un periodo de ajuste de los nuevos acuerdos”, ha señalado. Un tiempo en el que la libre circulación de personas seguiría vigente, aunque se sometería a los miembros de la UE a registros.

El debate por la factura del Brexit ha aparecido en el discurso de forma borrosa y muy vinculado al periodo en el que Reino Unido permanecerá. Los compromisos financieros se respetarán, ha señalado, y “ningún país tendrá que pagar más de lo que reciba”. Pero la cifra oficiosa que baraja la Comisión Europea ronda los 60.000 millones de euros. “Algunas exigencias son exageradas”, ha lanzado refiriéndose a esos cálculos. De hecho, dicha cantidad está bastante alejada de los números que contempla Reino Unido, basado en la contribución de dos años más que realizaría tras el Brexit y excluyendo los pagos que recibe de la UE (unos 20.000 millones de euros). Una cifra que, unida al periodo de dos años extra propuesto, puede encolerizar a los votantes del sí, como le ha recordado la prensa británica.

La futura relación comercial entre la UE y Reino Unido sigue en el aire. Pero la primera ministra británica ha pedido “imaginación” y “creatividad” para partir de cero y no basarse en los modelos principales: Noruega y Canadá. “Reconocemos que el mercado común está basado en derechos y obligaciones. Así que entendemos que no tendremos los mismos beneficios que sin las obligaciones. […] No empezamos con una hoja en blanco como otros socios externos. Empezamos con una situación sin precedentes, porque tenemos las mismas reglas”. En cualquier caso, no hay grandes avances en el discurso, tras el que la caída de la libra ya se ha hecho notar en un 0,8%. La clave ahora es la respuesta de la UE a los planes de May, que admitió que espera de Bruselas tome el testigo y sea consciente de que Londres “quiere construir un futuro fuerte y sólido entre ambos”.




Fuente: El país

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