En las próximas elecciones al Ayuntamiento de Barcelona la clave del éxito será minimizar las restas. La proliferación de candidaturas con opciones de cosechar unos cuantos miles de votos –muy probablemente, no los suficientes como para lograr representación– jugará en contra de los intereses de algunas formaciones que, por culpa de esos pequeños y molestos competidores, pueden ver muy afectados sus resultados. Además, será trascendental a la hora de establecer la clasificación de unos comicios que se presumen más apretados que
los del 2015. Y eso que en aquella ocasión hasta cinco fuerzas quedaron distanciadas por un estrecho margen de 25.000 votos –los que separaron a Ciudadanos de la CUP– y que entre el “rotundo éxito” del partido naranja y el “estrepitoso fracaso” del PP mediaron
sólo 16.000.

El caso más evidente de la acciones erosivas previstas para dentro de tres meses es el de Vox con el PP. La ultraderecha emergente, resucitada de las catacumbas de un franquismo al que creímos erróneamente haber enterrado, amenaza con causar una debacle entre los populares y dejarlos fuera del Ayuntamiento. La sustitución de Alberto Fernández por Josep Bou no tiene visos de convertirse para ellos en un buen negocio. Quizás lo que pretendían era neutralizar a Vox con un candidato a su imagen y semejanza, pero lo que puede acabar pasando es que el electorado seducido por el discurso de Abascal y su camarilla, por el mismo precio, se incline por el original y descarte la imitación. En este escenario, que los unos anulen a los otros y que ninguno de ellos supere el listón del 5% es muy viable.

También habrá que prestar atención al efecto que la candidatura liderada por Jordi Graupera, que en las primarias ya demostró su poder de convocatoria, pueda tener sobre las diferentes alternativas independentistas, en particular la que encabezará Joaquim Forn. Y no se puede menospreciar de antemano el impacto del partido animalista, el Pacma, que elección tras elección va ganando adeptos y que llega a las municipales con la maquinaria bien engrasada, como demuestran las recientes movilizaciones por la muerte de la perra Sota y las de centenares de barceloneses exigiendo a Ada Colau más y mejores espacios de recreo para los canes. La del Pacma será una candidatura que restará a otros, quizás a los comunes. Estos ya tendrán bastante trabajo con contener una posible fuga de votos a la CUP que, en un contexto de tanta igualdad, no por menor podría ser decisiva para la suerte de estas elecciones.

En el examen de aritmética del 26 de mayo va a haber más restas que sumas. En los preliminares ya se está poniendo de manifiesto que añadir sumandos a una opción electoral, incluso a aquellas que tienen aspiraciones de victoria, no es nada fácil.




Fuente: LA Vanguardia

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