El presidente del BCE, Mario Draghi, aseguró este martes en el encuentro anual de su institución en Sintra que “serán necesarios estímulos monetarios adicionales” si no mejora la perspectiva de que la inflación se acerque de nuevo al objetivo oficial, fijado en 2003. Este objetivo marca que la inflación se sitúe en el entorno, pero por debajo, del 2%. Draghi se mostró convencido de que en el inmediato futuro, el riesgo deflacionario (aunque él no usó esa terrible expresión, sino la de “inflación demasiado baja”) seguirá acechando. Los riesgos han sido graves en 2018, apuntó. Y señaló en concreto a los desfavorables “factores geopolíticos”, el ”creciente riesgo de proteccionismo”, así como las vulnerabilidades de los mercados emergentes”. Ninguno de esos nubarrones se ha “disipado”, certificó.

Con estas palabras abre la veda a inminentes medidas de expansión monetaria si las considera necesarias. No solo la abre, sino que además se apoyaba en la propia historia reciente para acumular fuerzas en esta posible reedición de un paquete de estímulos: “Al igual que nuestro marco de políticas ha evolucionado para afrontar nuevos desafíos, puede hacerlo de nuevo”, argumentó.

Y avanzó que en las próximas semanas el consejo del banco emisor “deliberará sobre cómo adaptar nuestros instrumentos a la severidad del riesgo contra la estabilidad de precios”. ¿Cuáles? Simplemente, todos. Draghi hizo referencia concreta tanto a nuevos recortes en la política de tipos de interés (supondría llevarlos a terreno negativo) o a medidas que mitiguen los efectos colaterales negativos de las mismas; también al programa estrella de la expansión cuantitativa, la compra de activos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no ha tardado en reaccionar a las palabras del presidente del BCE: «Mario Draghi acaba de anunciar que podría aumentar los estímulos, lo que inmediatamente ha hecho caer al euro frente al dólar, haciendo que sea injustamente más fácil para ellos competir contra EE UU», ha escrito el mandatario en su cuenta de Twitter. «Se han estado saliendo con la suya en este aspecto durante años, junto a China y otros», ha añadido.

Entre los banqueros centrales, académicos y economistas reunidos en Sintra, las críticas al mensaje de Trump proliferaron. Unos lo interpretaban como una “nueva presión” sobre la reunión que este miércoles debe mantener la cúpula de la Reserva Federal: a la que por cierto, paradójicamente, Trump siempre le ha pedido, y a veces con malos modales, medidas que favorecieran la recalentada economía norteamericana, como las bajadas de tipos. Otros creían descubrir un preanuncio de que el mandatario “endurecerá su posición antieuropea”, nada más culmine este verano las discusiones arancelarias con China.

Una economía más cerrada

En todo caso, Trump solo ha criticado a Draghi por adelantar para la eurozona lo que él desea que haga Jerome Powell para EE UU. Podría haber encontrado carburante para su destemplada reacción en otro pasaje del discurso del italiano. Aquel en que comparaba la gran apertura comercial del área euro (51% del PIB), con el relativo aislacionismo norteamericano (27%): “Eso significa que el impacto de los tipos [de interés] negativos sobre la inflación o las condiciones financieras a través del tipo de cambio es más potente”. Fíjense. Alude al tipo de cambio (la bestia negra, interpretable como un deseo de depreciación competitiva); y no lo hace con un término despectivo, sino más bien favorable o al menos, neutral: “potente”.

Pero claro, esa es una lectura a la que el actual inquilino de la Casa Blanca no ha querido prestar atención. Aunque las propuestas y anuncios de Draghi hayan sido solemnes, en un discurso bien trabado e inteligible, que quedará como legado de su mandato, a punto de cumplir los ochos años. Y en el que ha defendido la efectividad de todas y cada una de sus medidas expansivas para salvar la crisis del euro y luego pautar su recuperación; ha criticado con elegancia, pero inequívocamente a los halcones que se opusieron a ellas, y ha propugnado una autoridad presupuestaria federal para la eurozona.




Fuente: El Pais

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