Entre 25.000 y 30.000 euros por semana es el caché que la prensa especializada ha publicado que cobra Mila Ximénez por haberse convertido en concursante y batuta entrenada en el arte de hacer televisión en la última edición de Gran Hermano VIP. En las dos semanas escasas que han pasado desde que empezó el reality de Telecinco, quien es una de sus colaboradoras estrella, ha llorado, ha amenazado con abandonar, ha discutido hasta el paroxismo con alguno de los otros concursantes y ha conseguido lo que se pretendía con su participación: generar audiencias para ese nutrido grupo de espectadores que al llegar a casa esperan las miserias y los conflictos de famosos y famosillos como agua de mayo para desconectar de los propios.

A lo largo de sus 67 años de vida, muchos ni siquiera recordarán que Ximénez estuvo casada con el tenista Manolo Santana, una de las figuras más destacadas del deporte español de los años 60, el único que hasta la llegada de Conchita Martínez en 1994 y Rafa Nadal en 2008 había conseguido ganar el torneo de Wimbledon, aunque lo hiciera en categoría no profesional. Su relación comenzó a principios de los años 80, se casaron en 1983 y tuvieron a su única hija en común, Alba, en 1984. Durante los años que duró su pareja –se separaron definitivamente en 1986– Mila Ximénez se convirtió en una asidua de las fiestas de la alta sociedad patria e internacional. Ir del brazo de Santana le abrió numerosas puertas de aquellas élites que se movían como pez en el agua en los veranos de Marbella. «Cometí el error de querer vivirlo todo durante aquellos años. Él me daba mucha libertad, pero la gestioné mal», afirmó este martes mientras explicaba en directo la curva de la vida que había hecho durante la gala de Gran Hermano Vip. Durante años, Ximénez ha arremetido en público contra el tenista. Ahora parece haber cambiado: «Me estoy reconciliando con esa etapa de mi vida. Ambos veníamos de dos relaciones muy complicadas, pero ninguno de los dos estábamos preparados para ello».

Mila Ximénez comenzó su relación con la cadena en la que ahora es concursante en el año 2000 y sabe mucho de lo que se espera de ella, pero también ha confesado en alguna ocasión que el papel que representa como colaboradora a veces la desborda. Tanto como en algún momento lo ha hecho la vida de esta mujer que nació en Sevilla el 21 de mayo de 1952 y que comenzó su andadura en los medios de comunicación colaborando en revistas de tenis. Algo más tarde, en 1986 lo hizo con el diario ABC donde se encargó de una sección semanal, Café con Mila Santana, en la que entrevistaba a personajes famosos. Entremedias trabajó en La Revista y también en el programa radiofónico de la COPE Directamente Encarna, donde conoció a Encarna Sánchez. Una relación que a Mila Ximénez le ha proporcionado después grandes momentos televisivos y sonados enfrentamientos con figuras como Isabel Pantoja, que llegó a demandarla en varias ocasiones por los comentarios que realizó sobre ella y su amistad especial con la periodista radiofónica.

Mila Ximénez con su hija Alba Santana, después de su participación en ‘Supervivientes’ en 2016. GtresOnline

Su separación del tenista marcó un antes y un después en el sentido vital y también en el profesional. Los paseos por las playas andaluzas y las fiestas interminables dieron paso a un agrio divorcio que se contó con pelos y señales en las revistas del corazón. Su hija Alba se quedó junto a su padre y ella se convirtió en madre a ratos, menos de los que siempre ha dicho que quiso. Su situación económica empeoró y durante unos años el brillo de antaño dio paso a momentos de penumbra e incluso de penurias monetarias. No hace mucho, ya convertida en habitual de los distintos formatos de Sálvame, contó en un blog que publica en la revista Lecturas, que la vuelta a la actualidad de Jesús Gil, que fue alcalde de Marbella, le había refrescado la memoria sobre aquellos años: «He vuelto a revivir la Marbella de la jet set que me hizo feliz durante un tiempo y que me trae recuerdos gratos. Pero también es cierto que me retrotrae a otros donde soy arrastrada por un tsunami del que nunca he podido superar sus secuelas», escribía.

Los oropeles de algunas noches quedaron eclipsados por lo que vivió como madre ausente con su hija Alba y a ella sigue haciendo referencia en esa publicación de su blog: «No quiero volver al pasado, aunque daría años de mi vida por volver a pasear con Alba por la playa, ajena a los años que, después, me arrebatarían esto. Así que las fotos de un tiempo que la gente piensa que me lleva al paraíso perdido, para mí siguen siendo, de alguna manera, una derrota. En este momento, aunque he librado batallas duras, la recompensa del triunfo me ha compensado. Ahora disfruto cada día de los míos e intento que sea lo más frecuente posible».

En la gala del concurso en el que participa, reconoció entre lágrimas que perdió el timón de su vida, tuvo que renunciar a la persona que más quería, su hija, y que durante más de 10 años pensó que no iba a levantar cabeza. «No recuerdo bien esos años», le confesó a Jorge Javier Vázquez la noche del martes. «No recuerdo bien ni cómo entré ni cómo salí pero sí que durante ellos no hubo ni un solo momento en el que fuera feliz», añadió. «Mi primera relación amorosa», explicó en referencia a un médico con el que convivió en su juventud, «me hizo mucho daño, y el padre de Alba también y nunca entendí el porqué. Lo único bueno es que mi hija recuerda su niñez con amor y paz. Yo sabía que me quería y Ana, la persona que la cuidaba entonces, se preocupó de que yo estuviera en su vida».

Mila Ximénez y Manolo Santana en los años ochenta, cuando eran pareja.
Mila Ximénez y Manolo Santana en los años ochenta, cuando eran pareja. GtresOnline

Los años dejaron atrás la noche y las relaciones sentimentales de quien afirma que su rebeldía y su necesidad de ir por libre probablemente le han impedido encontrar una persona en la que encontrar reposo. Se la relacionó con el periodista Julián Lago, con los actores José Sacristán y Pepe Sancho y con Antonio Arribas, un vividor habitual de Marbella a quien también se le conocieron romances con Lolita, la hija de Lola Flores, Carmina Ordóñez o  Linda Christian, y que fue encontrado muerto en 1994 en un apartamento de Puerto Banús (Málaga), cuando tenía 49 años. Ella ha confesado recientemente que solo ha tenido un amor con mayúsculas y que se trató de Rafael Aguilera, un millonario empresario marroquí que falleció en febrero de 2018.

Ahora vive en el barrio de Salamanca, en Madrid, pero su corazón se asienta en Ámsterdam, donde reside su única hija junto a su marido y los dos nietos de la periodista, Alexander y Victoria, que tienen 12 y 6 años. En sus propias palabras ellos son los responsables de que su felicidad haya subido al máximo. «Nunca pensé volver a tener gente que me quisiera así», le dijo a Jorge Javier Vázquez. «Por eso, y aunque me regañes, me pregunto por qué cuando estoy bien tengo que cambiar las cosas. Por qué si todo estaba bien me estoy asfixiando aquí dentro», se preguntó sobre su decisión de participar en el reality en el que ahora se encuentra.

Mientras llega el día en el que por fin deje de soñar con estar cerca de ellos a diario, sigue copando portadas de revistas con sus declaraciones, sus operaciones de cirugía estética y gracias a su papel de azote de famosos en televisión. Como ocurre ahora, mientras concursa en Gran Hermano Vip, a veces amenaza con abandonar y dedicarse a esa vida privada que trata de proteger mientras desgrana las de otros. De momento, la fórmula de los programas de televisión en los que trabaja la tiene atrapada y las tardes y algunas noches de su vida se desgranan en ese formato que ha convertido los conflictos y las reconciliaciones en una fórmula televisiva de éxito que a veces parece va a engullir a quienes ejercen como sus jefes de pista.

Mila Ximénez pasó de famosa a entrevistadora de famosos; de colaboradora de televisión a concursante de Supervivientes en 2016 y de afirmar que abandonaba Sálvame hace solo unos meses a maestra de ceremonias en Gran Hermano Vip. Hay que esperar para ver si esta es su última pirueta o todavía le quedan saltos mortales para seguir haciendo historia de la televisión.




Fuente: El Pais

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