Manifestantes congregados en la zona de Montparnasse en París poco antes de las manifestaciones del 1 de Mayo. En vídeo, retransmisión en directo de las protestas. ZAKARIA ABDELKAFI (AFP) / VÍDEO: REUTERS

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Es el primer 1 de Mayo de los chalecos amarillos, el movimiento que lleva seis meses en la calle y su doble condición —pacífica y reivindicativa y a la vez esporádicamente violenta— sobrevuela la jornada. Miembros de los black blocs, grupos violentos de tendencia anticapitalista, se han enfrentado este mediodía a las fuerzas antidisturbios francesas. Los choques se han producido antes incluso del inicios de la manifestación por el Día del Trabajo. Jóvenes de negro, con casco y mascarillas, han lanzado objetos a los agentes. Estos han recurrido a granadas de dispersión y lacrimógenas. El principal desfile en París, entre la plaza de Montparnasse y la plaza de Italia, tenía previsto comenzar a las 14.30. 

Las autoridades francesas temen altercados durante toda la jornada en las principales ciudades francesas. Más de 7.400 policías y gendarmes están desplegados en París. Los chalecos amarillos convergen con los sindicatos tradicionales. A estos se añaden los black blocs. Algunos proceden de otros países. Tres españoles han sido detenidos con productos incendiarios, según la cadena BFMTV.

El ministro del Interior, Christophe Castaner, explicó que se esperaba la asistencia de entre mil y dos mil activistas radicales. Entre los violentos, distinguió a los black block, que visten de negro y suelen ir enmascarados, y lo que llamó “chalecos amarillos radicalizados”, o “ultra-amarillos”. Desde el inicio del movimiento de los chalecos amarillos, que comenzó en noviembre como una protesta contra el aumento del precio de carburante, un sector ha cometido actos vandálicos. Pero en Francia, la violencia en las manifestaciones no es nueva. Hace un año, un millar de black blocks infiltrados en el desfile sindical del 1 de Mayo ya destruyeron escaparates y mobiliario urbano en la capital.

Prueba para Macron

La protesta, esta vez, supone una prueba a varios niveles para el presidente Emmanuel Macron y para el Gobierno francés. Es, primero, un examen para la nueva doctrina de mantenimiento del orden decidida en marzo tras un fin de semana en el que los chalecos amarillos destruyeron varios comercios en los Campos Elíseos de París sin que la policía supiera contenerlos. Las autoridades disponen también de un nuevo arsenal legislativo. Este 1 de Mayo también permitirá intuir la medida del descontento con las políticas de Macron y la respuesta a sus medidas, anunciadas la semana pasada, para apaciguar la cólera de los chalecos amarillos, entre otras, una bajada de impuestos para las clases medias.

La paradoja de los chalecos amarillos ha sido hasta ahora su muy limitada capacidad de convocatoria —unos miles de personas cada fin de semana— que contrasta con el impacto en la política y la sociedad francesa. Los sindicatos —que celebran en orden disperso esta jornada: el mayoritario, el reformista CFDT, no participa en el desfile principal— llevan años convocando a un número de manifestantes en sus protestas que multiplica a los de los chalecos amarillos, pero con escaso efecto en las políticas gubernamentales. El riesgo para los sindicatos, en este día de los trabajadores, es verse diluidos por chalecos amarillos, una revuelta que les ha descolocado tanto como a la clase política, y por la violencia de estos y del black block. El principal desfile en París, entre la plaza de Montparnasse y la plaza de Italia, debe comenzar a las 14.30.




Fuente: El país

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