En apenas unos minutos, Daniel Marqués Antón, de 15 años, se ha sentado y levantado varias veces del sofá, ha botado la pelota de baloncesto en el salón, ha mirado historias de Instagram a la velocidad de la luz, ha hecho de rabiar a su hermana y se ha puesto a escuchar música urbana en el móvil. “Cuando no sé qué hacer, me entra una cosa por el cuerpo… Necesito salir y correr. En clase me pasa igual”, asegura, mientras no deja de menear las piernas. Es la confesión de lo que minutos antes describe su madre, Sonia Antón, de 43 años: no sabe aburrirse. Cuando está en casa, la vía de escape en los ratos libres suele ser echar mano del teléfono y la consola, principalmente para jugar al Fortnite, cuenta Antón. “Ya casi no le hago caso a la PlayStation. A las tres horas estoy cansado”, replica, en un intento de rebatir a su madre. Si se le pregunta por cuánto juega los fines de semana, afirma que antes de desayunar echa unas partidas y a veces las retoma hasta la hora de comer. Fuera de casa, Daniel entrena con el equipo municipal de baloncesto tres veces a la semana y queda con sus amigos para rapear.

Seguir leyendo.




Fuente: El país

A %d blogueros les gusta esto: