Esta vez el líder chavista, Nicolás Maduro, ha cumplido su advertencia de cerrar la frontera y antes del plazo que él mismo había dado. Las autoridades venezolanas han cerrado hacia las tres de la tarde de este miércoles (hora local) el principal paso con Brasil, el de Pacaraima (en el Estado de Roraima), para impedir la entrada de un convoy de ayuda humanitaria organizado por Juan Guaidó, reconocido por varios países como presidente interino de Venezuela, y varios Gobiernos liderados por Estados Unidos. El cierre se ha producido seis horas antes de la hora anunciada por Maduro y a dos días de la fecha designada por Guaidó para la entrada de insumos. “Ya han cerrado”, ha anunciado el gobernador de Roraima, Antonio Denarium, a la prensa local.

Brasil mantiene sus planes pese a la decisión de Maduro, según ha recalcado el portavoz del Gobierno en su comparecencia diaria. Tras ordenar el cierre de la frontera de 2.100 kilómetros con Brasil y decir que sopesa hacer lo mismo en el mucho más transitado linde con Colombia, el dirigente venezolano ha declarado: “Quiero una frontera dinámica, abierta, pero sin provocaciones, sin agresiones, porque estoy obligado, como jefe del Estado, como jefe del Gobierno y como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas a garantizar la paz y la tranquilidad”.

El Gobierno de Brasil se ha sumado con perfil bajo al operativo internacional para introducir medicamentos y alimentos en Venezuela el sábado 23. Roraima es uno de los estados más pobres de Brasil y el desembarco de 95.000 venezolanos ha generado enormes tensiones con la población local pese a que es una cifra mínima entre los tres millones que han dejado su patria. Y además, el suministro de electricidad del Estado de Roraima procede de Venezuela, un asunto importante en la dinámica bilateral.

Aunque Maduro ha amenazado en múltiples ocasiones con el cierre de la frontera desde que comenzaron las tensiones con Brasil por el éxodo de venezolanos, solo en contadas ocasiones se ha interrumpido el tránsito, explicaba este miércoles por teléfono un vecino de Pacaraima.

Jair Bolsonaro ha pisado el freno respecto a su vecino. El suyo fue uno de los primeros Ejecutivos en reconocer a Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, como presidente interino de Venezuela, pero esperó hasta este lunes para confirmar su participación el envío de ayuda humanitaria y por el momento ha sido extremadamente escueto en los detalles. Se desconoce cuándo y cuánta ayuda aportará. Entre lo poco que ha precisado el Ministerio de Exteriores está que los suministros serán cargados en camiones venezolanos y que cruzarán el puesto fronterizo conducidos también por venezolanos, según el comunicado difundido a última hora del lunes.

La actitud del Gabinete del ultraderechista contrasta con el publicitado despliegue del EE UU de Trump, que ha enviado toneladas de ayuda humanitaria a Cúcuta (Colombia), el escenario principal del pulso que Guaidó está echando a Maduro. La ayuda humanitaria persigue un doble objetivo, aliviar la carestía pero también intentar que los uniformados que custodian las fronteras den la espalda al régimen al dejar entrar los cargamentos.

Tampoco hay previsto en Pacaraima nada similar al concierto con diversas estrellas organizado para este viernes por Richard Branson -al que Maduro pretende responder con otro concierto de músicos afines— en el principal paso fronterizo entre Venezuela y Colombia.

Más allá de la retórica del ministro de Exteriores, Ernesto Araújo, Brasil está gestionando con cautela esta ofensiva política para echar a Maduro. La persona designada para participar en la próxima cita del Grupo de Lima, que reúne a prácticamente toda la región salvo México, no es Araújo, como hasta ahora, sino el vicepresidente, Hamilton Mourão. El general retirado, que conoce bien al estamento castrense venezolano, pues fue agregado militar en la Embajada brasileña en Caracas, acudirá el lunes a la cita con los representantes prácticamente todos los países latinoamericanos, salvo México, para debatir los próximos pasos encaminados a que Maduro abandone el poder.




Fuente: El país

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