La contaminación es un grave problema de salud pública señalado por todas las entidades internacionales. Se sabe que la polución es responsable de un elevado porcentaje de la mortalidad y morbilidad, que se concreta no solo en las enfermedades respiratorias (exacerbaciones del asma, EPOC, cáncer de pulmón…) sino que además está implicada en muertes por infartos de miocardio y eventos cardiovasculares, así como en otros tumores, enfermedades neurodegenerativas, diabetes tipo 2, alteraciones en la espermiogenesis y la capacidad cognitiva y un largo etcétera.

Los efectos de la contaminación comienzan incluso en “los concebidos no nacidos”, siendo responsable de problemas como la microcefalia, el bajo peso al nacer, alteraciones en la capacidad pulmonar, prematuridad y cambios en el epigenoma, muy peligrosos en el desarrollo posterior. Por otro lado, las secuelas sobre la salud son progresivas, muchas de ellas a medio y largo plazo, tienen carácter sumatorio y están relacionadas con las concentraciones de contaminantes, de manera que incluso concentraciones menores de las consideradas límites pueden tener efectos negativos.

En 2017 en Madrid se concentraron los mayores niveles de NO2, partículas PM2, partículas PM10, ozono, dióxido de azufre y benzopireno, siendo la única comunidad autónoma donde concurría la elevación de todos ellos.

Los organismos internacionales han calculado que se producen 14,83 muertes diarias de promedio como resultado de la contaminación en Madrid. También que podrían evitarse 3.900 ingresos pediátricos y 384.000 consultas infantiles al año si los niveles de contaminación no hubieran superado los límites establecidos. Sobre lo dicho hay consenso científico internacional, de autoridades sanitarias y sociedades científicas. Lo curioso es que este se desoiga por parte del Ayuntamiento y presumiblemente de la Comunidad de Madrid.

La realidad es que cuando el Ayuntamiento de Madrid, de una manera modesta y limitada, empezó a tomar medidas concretas y serias para limitar esta intolerable situación a través de Madrid Central, el gobierno de la Comunidad -presidido por el señor Ángel Garrido- intentó abortar las medidas, anteponiendo los intereses partidistas sobre el derecho de la ciudadanía a respirar un aire sano.

Los resultados de Madrid Central han supuesto una disminución significativa de la contaminación en la zona afectada, sin que se hayan observado ni el aumento de la misma sobre las zonas limítrofes, ni el cataclismo económico anunciado. Un avance indudable para la salud de la población, pero muy limitado y que debería extenderse al menos al interior de la M-30 de manera escalonada si queremos obtener resultados relevantes.

La salud está en el aire y por eso hay que actuar con rapidez, porque nuestra salud y la de nuestros hijos está en juego y el tema merece que nos lo tomemos muy en serio. Proteger Madrid Central es un paso necesario.

Marciano Sánchez Bayle es pediatra y presidente de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid.

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Fuente: El Pais

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