Para algunos era ya la cuarta noche seguida en el Mad Cool y los pies pesaban en la alfombra verde del festival. Pero también era la noche de The Cure, el plato principal de una edición que ha navegado sobre los sentimientos y apostado por la templanza y la introspección en las horas donde los festivales se la juegan. Y los de Robert Smith hicieron lo que saben hacer, derretir corazones y ponerse nostálgicos, y eso que ya estábamos entrenados para el melodrama de los días anteriores. Ante 50.000 espectadores pusieron broche de oro a una edición valiosa para el futuro del evento.

Sin embargo, a diferencia de otros artistas de días anteriores, como fueron los casos de Bon Iver, The National o The Smashing Pumpkins, el directo de los de Robert Smith (de 60 años ya) fue vigoroso y terminó por calentar a un público que bien necesitaba una sacudida por las solapas. Melodías y emociones a raudales después, The Cure conmovieron y divirtieron a partes iguales, pues esa es su principal virtud y de lo segundo parecían haberse olvidado casi todos los platos fuertes de este año.

Smith demostró plenitud de facultades como cantante y su banda sonó a pleno rendimiento. Incluso en los temas menos conocidos (especialmente en ellos) impidieron la desconexión con el público. Como intérpretes, The Cure están más que a la altura de sus canciones y eso es mucho decir. Quizá el problema para el aficionado ocasional del grupo es que entre la primera hora y media de su concierto cayeron apenas “Lovesong”, “Never Enough” y “Just Like Heaven” y algunas energías menguaron. Parte del público acabó por desertar ante la ausencia de sus mayores hits. Pero así han sido la mayor parte de los conciertos de “prime time” este año: para acólitos más que para fiesteros circunstanciales en busca de adrenalina. En el fondo, nada en el historial de este evento sale fácil, la gloria hay que buscársela. Cómo sería la cosa que, cuando acabaron su set, apenas hubo petición de bises. Por suerte, volvieron a salir para regalar, por fin, “Lullaby”, “Friday, I’m In Love”, “Close to me”, “Why Can’t I Be You?” Y “Boys Don’t Cry”. Fue como una etapa del Tour. Pedalear, sufrir y manos en alto al llegar a meta. Todo en este lugar se logra con sudor.

Este Mad Cool no cierra su edición más brillante, ni mucho menos, pero lo hace con mucho a su favor. Primero, el orden y la organización. La estabilidad, digamos, institucional. Y segundo, la ventaja de tener un público más o menos fiel pese a que este era un año de circunstancias en el que había pocas grandes giras en activo. Ese es un gran valor para un evento que aspira a tradición.

También es verdad que lejos de los focos principales el nivel ha sido enorme. Jon Hopkins ofreció una actuación bestial de electrónica para quemar suela y demostró que lo suyo no es sólo la hipnosis sino que la tiene cera para dar y pulir. The Prophets Of Rage arrancaron pogos y terminaron con “Killing in the Name” delante de un cartel que pedía “Make España rage again”. Por cierto que, para anunciar una serie de televisión sobre Jesús Gil, una cadena de televisión por cable repartía gorras con la leyenda “Make Marbella great again” en curiosa coincidencia. Beth Ditto, de The Gossip fue otra de las fuerzas brutas de un día en el que Delaporte y su álbum “Como anoche” pidieron sitio para un escenario gigante el año que viene.




Fuente: La razon

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