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Macron promete devolver la confianza a Francia para reforzarla en el mundo | Internacional


El centrista Emmanuel Macron se convirtió este domingo en el octavo presidente de la V República, y el más joven, una semana después de derrotar en las elecciones a la nacional-populista Marine Le Pen. Macron, de 39 años, sustituye en el cargo a su mentor, el socialista François Hollande, de quien fue asesor en el Palacio del Elíseo y después ministro de Economía.

“Los franceses han elegido la esperanza y el espíritu de conquista”, afirmó Macron en su primer discurso como presidente francés. “El mundo y Europa necesitan hoy más que nunca de una Francia fuerte y segura de su destino, de una Francia que lleve en alto la voz de la Solidaridad, que sepa inventar el futuro”, añadió y se comprometió a hacer del país de nuevo una fuerza imprescindible en la política mundial.

Macron regresó a los salones del Elíseo que pisó como joven miembro del equipo presidencial, para asumir la jefatura del Estado en un ritual que se repite desde que el general De Gaulle fundó la V República en 1958. El nuevo presidente, alumno aventajado de un sistema que se ha propuesto transformar, llega con un mensaje de optimismo y cambio para Francia y Europa. En sus discursos ha hablado varias veces de su voluntad de “refundar” Europa, y de ser un presidente “que proteja, que transforme y que construya”.

A diferencia de otra gran república con un presidente fuerte como es Estados Unidos, en Francia no se habla de inauguración sino de traspaso de poderes, o instalación del presidente. Es el símbolo de la continuidad del Estado, fundamento y expresión de la nación francesa. Una entronización republicana: en vez de la corona el presidente recibe el collar de Gran Maestro de la Orden nacional de la Legión de Honor. El elegido entra en el palacio como ciudadano y —voilà!— sale rey.

A las 10.01, hora local, Macron llegó al Elíseo, donde le recibió Hollande. Cinco minutos después comenzó un encuentro privado en la oficina del presidente. Momento clave para que el presidente saliente le explique al entrante las informaciones esenciales que este necesite saber para gobernar Francia y le trasmita los códigos nucleares.

Aunque Hollande tenía previsto marcharse a las 10.30, la entrevista entre el presidente saliente y el entrante se prolongó media hora más de lo esperado. Ambos salieron juntos pasadas las 11.00 de la mañana. En el interior del Elíseo, Hollande saludó a Brigitte Macron, la nueva primera dama, y luego fue acompañado por su sucesor hasta el coche que lo esperaba para abandonar, como expresidente, el Elíseo que ocupó los últimos cinco años. Su primera parada, ya como ciudadano Hollande, fue la sede de su partido, el socialista, en la calle Solferino, como hizo François Mitterand cuando abandonó el poder en 1995.

Inmediatamente después Macron, ya amo del palacio, ingresó en la sala de fiestas, donde escuchó la proclamación de los resultados electorales en boca del presidente del Consejo Constitucional, Laurent Fabius, y recibió el collar presidencial.

En su primera alocución presidencial, Macron dijo ser muy consciente de que hereda un país muy dividido y se comprometió a “devolver los franceses esa confianza en sí mismos debilitada desde hace demasiado tiempo”. También prometió que los franceses que se sienten “olvidados” —y que en buena parte votaron por opciones drásticas, como la extrema derecha— volverán a tener su espacio y protección en una Francia para todos. A la par, dejó claro que piensa implementar su programa bajo los pilares de liberalizar la economía manteniendo el estado del bienestar y consideró necesario un esfuerzo para regenerar la democracia, además de volver a hacer del país una potencia mundial que sea escuchada en los principales desafíos del globo, desde el terrorismo al cambio climático o las crisis migratorias.

No hay poder sin símbolos y desde el momento en que ganó las elecciones, el 7 de mayo, Macron cuida cada gesto. Su primer viaje, como el de su antecesor, será a Berlín. Reforzar a la alianza franco-alemana, motor de la construcción europea, es una de sus prioridades.

El mismo día, el lunes, debe nombrar un primer ministro. Comienza su presidencia con ímpetu para reformar la economía francesa. La ley laboral será un primer paso. Macron se propone romper las inercias que en su opinión atenazan una sociedad todavía muy corporativista, liberar energías para sacar el país del pesimismo y la depresión.

A la espera de conocerse el nombre de su primer ministro y del resto de su gabinete, Macron adelantó este domingo el que será su equipo inmediato en el Elíseo. Alexis Kohler, de 44 años, ocupará el puesto clave de secretario general del Elíseo. Vuelve a ser así, tras un paso por la empresa privada, el brazo derecho de Macron, como lo fue durante su época como ministro en el Gabinete de Hollande. El actual embajador francés en Berlín Philippe Etienne, de 61 años, será consejero diplomático.

En un país donde para muchos la palabra liberal es un insulto, no lo tendrá fácil. La incógnita es si en el Elíseo le servirán los poderes casi taumatúrgicos que le han llevado a ganar la elección presidencial sin ninguna experiencia electoral, sin partido, y con un perfil ideológico —europeísta y favorable al libre mercado y a la globalización— a contracorriente de la marea populista. En otras palabras, si sabrá traducir la poesía de la campaña en la prosa de gobierno.

La investidura coincide con la festividad de Juana de Arco, la heroína medieval que, “cuando Francia ya no creía [en sí misma], se dividía contra sí misma, tuvo la intuición de su unidad, de su reunificación”, en palabras de Macron. Juana de Arco, dijo en uno de sus discursos más celebrados, “sabe que no ha nacido para vivir, sino para tentar lo imposible”. “Como una flecha, su trayectoria fue neta. Juana perforó el sistema”. Macron se ve con una misión similar.

Tras pasar revista a las tropas y escuchar la Marsellesa y los 21 cañonazos con ecos de los 101 que se disparaban en el Antiguo Régimen cuando se entronizaba a un rey, a mediodía el presidente Macron se dirigirá al Arco del Triunfo, en el otro extremo de los Campos Elíseos. Allí depositará una corona de flores ante la tumba al soldado desconocido y guardará un minuto de silencio. Por la tarde visitará al Ayuntamiento de París, escenario de memorables discursos de un presidente al que alude con frecuencia, De Gaulle.

Macron, un hombre que ha meditado sobre el país que dirigirá y la función que ocupará, sostiene que la democracia francesa está marcada por un vacío en su centro, una figura ausente: el rey. “Hemos intentado colmar este vacío, colocar otras figuras: son los momentos napoleónicos y gaullistas, especialmente”, dijo en una entrevista con la publicación Le 1, recogida en el libro Macron por Macron. El nuevo presidente cree que al normalizar el cargo —una normalización que con Hollande llegó a su paroxismo— se ha ahondado el vacío. “Lo que se espera de un presidente de la República es que ocupe esta función”. Y él empezará a hacerlo ya.




Fuente: El país

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