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Luis Suárez toca la perfección con dos goles de fábula

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En el libro Anatomía de un instante,
Javier Cercas desmenuza el golpe de Estado del 23-F de 1981 a partir de la secuencia televisiva completa de la irrupción de Tejero y sus secuaces en el Congreso de los Diputados. A partir de ahí el escritor se agarra a cinco momentos de gran fuerza simbólica para ir enhebrando su discurso. En el Barça del momento se podría hacer lo propio con Luis Suárez. Sería como una Anatomía de dos instantes. Dos fogonazos perfectos. Dos ejecuciones de matrícula de honor. Dos golazos supinos que dan fe de todas sus virtudes a la hora de golpear el balón, de la potencia a la precisión, de la técnica a la fuerza, del instinto animal a la clase. El chacal barcelonista empató en el último instante ante el Villarreal con un cacao con el empeine que permite tanto prosa como poesía. Últimos segundos del tiempo añadido, el equipo naufragando y armó el pie izquierdo de manera plástica y efectiva. Un remate inapelable.





Como inapelable fue el gol que derribó la resistencia del gigante Oblak. En este caso se valió de la pierna derecha. Desde la frontal del área puso el balón en el palo contrario con una trayectoria de compás, escuadra y cartabón. Más que un remate resultó un dibujo milimétrico que se alojó en las mallas por el sitio justo, entre la manopla del portero rojiblanco y el poste. El único lugar por el que cabía la pelota. Un dato resume la perfección del chut del uruguayo. Es el primer gol que encaja en esta Liga Oblak con un lanzamiento desde fuera del área.


A Suárez se le ve más fresco de mente y de piernas tras perderse partidos con su selección

Suárez lo celebró a lo grande. No era para menos. Tras algún tramo en que su rendimiento ha vuelto a estar en tela de juicio (ocurre cada campaña), el charrúa llega a la cita de la Champions en racha y al máximo de confianza. Ha visto puerta en cuatro de los últimos cinco partidos de Liga y vive en un estado febril que sería más reseñable si al lado no tuviera a Messi, cuya regularidad es inalcanzable. Neymar, desde París, lo resumió con el siguiente mensaje en Instagram sobre una foto de sus dos excompañeros: “Grandes”.





A Suárez se le nota más fresco, de piernas y de mente. Cuando el físico y la moral le acompañan se siente capaz de todo, hasta de brindar asistencias de lujo como la que le proporcionó a Messi de espuela en el Villamarín. De tanto en tanto toma una decisión equivocada o ejecuta una acción de forma muy deficiente pero lo compensa rápidamente. El esguince de tobillo que sufrió contra el Betis, lejos de cortocircuitarle, le ha beneficiado, pues se ahorró un incómodo viaje a China con su selección en un momento capital de la campaña. La pasada temporada también repuntó cuando se recuperó de un problema de rodilla ausentándose de los compromisos de Uruguay pero antes de los partidos contra el Roma sí que tuvo que jugar con la celeste.


En Old Trafford sabe lo que es ganar y marcar pero allí también vivió un episodio polémico con Évra

El delantero acumula 23 goles este curso (20 en la Liga y 3 en la Copa) y vuelve a Europa con el reto de sacudirse un doble gafe inexplicable. El que dice que no marca fuera en la Champions desde septiembre del 2015 y el que especifica que esta temporada no ha encontrado la red en la competición continental. Sí algún momento parece propicio para que lo logre es este.





El escenario es de los que se hacen respetar pero también vibrar: Old Trafford. En el estadio del United Suárez vivió casi de todo en sus tres años y medio con el Liverpool. Allí sabe lo que es ganar por 0-3 y marcar. Lo hizo en el 2014. Allí conoció el sabor de la derrota tanto metiendo un gol (2-1) como sin hacerlo (2-1 y 1-0). Pero, sobre todo, en el protagonizó uno de los varios episodios controvertidos de su carrera.

Lo recordarán. Partido de Premier del 2012. Forman los dos equipos antes del inicio del encuentro y Suárez se niega a darle la mano al defensa del United Évra. Después pediría disculpas. El francés acusó de racismo al uruguayo en un partido anterior entre los dos conjuntos, comentarios por los que Suárez sería sancionado con ocho encuentros. El Suárez del Barça, sin perder el ardor de siempre, se muestra un punto más contenido. Próximo objetivo del 9: aguijonear a De Gea.








Fuente: LA Vanguardia