Luis García Montero siempre ha entablado una relación muy íntima con las palabras. Las ha estudiado, las ha utilizado en sus poemas y artículos y ha reflexionado sobre ellas, sobre lo que significan y lo que deberían significar. Por eso en Las palabras rotas ha mezclado el “cuaderno de trabajo” con la observación de la vida y de la sociedad. “Mis recitales de los últimos años sirven para plantear una serie de preocupaciones que son la base de este libro”, explica. “Como poeta, estoy convencido que la corrupción de una sociedad empieza por la corrupción del lenguaje, porque el lenguaje es el patrimonio común que consolida una comunidad”.

En las palabras rotas, García Montero parte de términos como Libertad, verdad o bondad para explicar su verdadero significado y denunciar el uso que se les ha dado a esa y otras palabras, desposeídas a menudo de su intención original. “He visto que hay manera diversas de corromper el lenguaje”, señala. “Una es utilizarlo para la mentira, y está muy de actualidad el uso de la mentira en la vida pública. Pero al mismo tiempo me preocupa, sobre todo, que algunas palabras fundamentales para el vocabulario democrático hayan caído en el descrédito más absoluto. Esas son palabras rotas que acaban el el cubo de la basura y yo creo que es muy peligroso renunciar a ella. Por eso hago un pequeño vocabulario a través de la poesía para defenderlas”.

Política es otra de ellas. “Me parece muy peligroso el descrédito social de palabras como política, que la gente asocia sólo con corrupción, con sectarismo, con mentira”, apunta. “Es verdad que la política tiene problemas, pero tirar la palabra política al cubo de la basura es ponernos en manos de los poderes salvajes y renunciar a regular un marco de convivencia para resolver los conflictos. También Bondad. “Recuerdo que en estos tiempos está muy de actualidad los versos de Machado ‘soy, en el buen sentido de la palabra, bueno’. Está tan desprestigiado el sentido de la palabra bondad que parece que hay que decir ‘un momento, que no estoy diciendo que sea tonto’. Yo me eduqué con Giner de los Ríos y con él aprendí que estudiar y formarse es prepararse para la bondad. Por eso él decía que no hay que confundir la palabra bondad con estupidez. En esta actualidad en la que se utiliza la palabra buenismo de manera despectiva”.

Para García Montero, esa separación entre la razón y los sentimientos es uno de nuestros grandes males. “La ciencia y la tecnología puede ser muy peligrosa si se desprende de sentimientos éticos y se queda sin raíces, y que los sentimientos son muy peligrosos si se quedan sin razones y quedan en indignaciones que llaman al linchamiento o al desprecio al otro. Las emociones y los sentimientos son fundamentales en la dimensión política”.

“Otra palabra que me preocupa es libertad”, explica en esa intención de llegar a los orígenes del lenguaje y de la sociedad. “Tuvo una dimensión social ilustrada muy importante, pero la cultura neoliberal está haciendo de su defensa de la libertad un regreso a la ley del más fuerte. Parte del avance tecnológico está sirviendo para volver a la falta de marcos reguladores sociales que había en el siglo XIX. Yo creo que es importante que frente a quien piensa que la libertad es el derecho del más fuerte a todo reivindicar que la libertad es un marco en la cual todos los individuos pueden desarrollarse en condiciones de igualdad”.

En otras ocasiones, esas palabras están tan cargadas de poder que hay que analizarlas cuidadosamente. “Sé que hay que ser muy precavido para defender la palabra verdad”, asume. “Ya lo dijo Machado: ‘la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero’. Si reivindico la palabra verdad es que he cuestionado los valores esenciales, la verdad como dogma. “¿Por qué existe la llamada posverdad? Porque las nuevas tecnologías permiten acelerar de tal manera la actualidad, crear tantos focos de noticias, que a un individuo se le permita decir una mentira para indignar a la gente y al día siguiente ya nadie le pide responsabilidades porque todo va de manera vertiginosa. Ese vértigo cancela la memoria del pasado y el compromiso con el futuro. El instante es la unidad de tiempo de la sociedad consumista”.

Las palabras rotas es también, como su autor explica, “un diálogo con mis santos laicos”. Por sus páginas se asoman Albert Camus, John Berger, Pier Paolo Pasolini… Pero es quizás Antonio Machado el autor con el que siente una mayor cercanía. “Machado es un escéptico, pero su escepticismo no desemboca en el cinismo y la renuncia, sino en buscar creencias compartidas. Como él escribe en un proverbio: ‘Tu verdad no, la verdad. Vente conmigo a buscarla. La tuya, quédatela’.




Fuente: El Pais

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