Cuando este jueves 24 de octubre se abrió la imponente puerta de la basílica del Valle de los Caídos para que España presenciara la salida del ataúd de Francisco Franco, al frente de la comitiva que lo portaba estaban dos rostros conocidos de la familia: Cristóbal Martínez-Bordiú, uno de los nietos del dictador, y Luis Alfonso de Borbón, bisnieto y el nieto favorito de Carmen Franco, la única hija que tuvo en su matrimonio con Carmen Polo.

Luis Alfonso, 45 años, avanzó con la cabeza alta, orgulloso de su misión y llevando sobre sus hombros no solo el peso físico del féretro sino también el que le ha impuesto la historia de dos familias que han hecho recaer sobre él la responsabilidad de ser su representante. Él es bisnieto del rey Alfonso XIII y del dictador que rigió los destinos de España durante 40 años. Hijo de Carmen Martínez-Bordiú, la nietísima de Franco, que se casó con tratamiento de boda de Estado con Alfonso de Borbón Dampierre, a quien los legitimistas consideraban el heredero del inexistente trono de Francia.

Luis Alfonso de Borbón ha sido un niño triste, de sonrisa esquiva, y un adulto circunspecto. Su infancia y juventud han estado marcadas por las tragedias. Primero la separación de sus padres cuando su madre decidió abandonar su familia y su hogar en Madrid e irse a vivir a París con el anticuario Jean Marie Rossi, quien años más tarde se convirtió en su segundo marido. Después el grave accidente automovilístico que sufrió cuando tenía 10 años mientras conducía su padre y en el que perdió la vida su hermano mayor Fran, de 11. Seis meses más tarde la muerte de su hermanastra Mathilda Rossi, arrastrada por las hélices de la embarcación en la que disfrutaban de un día de mar durante sus vacaciones. Y cuando tenía 14 años, el fallecimiento de su padre, Alfonso de Borbón, duque de Cádiz, cuando se cruzó en su camino un cable metálico mientras descendía por una pista de esquí en Colorado (Estados Unidos).

El adolescente probó entonces irse a vivir con su madre a París pero muy poco después regresaba a Madrid para instalarse con su abuela, Carmen Franco, en uno de los pisos del edificio de la calle Hermanos Bécquer, 8, que continúa siendo propiedad de la familia. Allí vivió con Mam –el apelativo cariñoso que utilizaba para llamarla y que revela la importancia que ha tenido en su vida– hasta que se casó y allí estuvo cuando ella murió a los 91 años, el 29 de diciembre de 2017, a causa de un cáncer que anunció pocos meses antes. Ella le cuidó, le educó, le inculcó las férreas creencias religiosas y patrióticas que le habían transmitido sus padres, y ella volcó en él toda su confianza cuando tuvo la edad suficiente para encargarse del patrimonio familiar que no terminaba de confiar a sus propios hijos.

Luis Alfonso de Borbón y su esposa, Margarita Vargas, en Sotogrande durante el verano de 2016. Gtresonline

Un compañero que compartió aula con él durante sus años escolares le recuerda como «una persona con ganas de agradar que no terminaba de encajar con muchos compañeros porque no era consciente de lo mucho que se notaba que su vida era muy diferente a la de la mayoría». Estudió Empresariales en CUNEF –la cuna formativa en Madrid de hijos de banqueros y potentados en finanzas– y después un MBA en el IESE Business School. Se casó en 2004 con Margarita Vargas Santaella, hija de Víctor José Vargas Irausquin, dueño del Banco Occidental de Descuento y una de las mayores fortunas de Venezuela, y la pareja tiene cuatro hijos, Eugenia, de 11 años, los mellizos Luis y Alfonso, de ocho, y Enrique de Jesús, que nació el pasado 1 de febrero. Para el nacimiento de todos ellos, la pareja decidió trasladarse a Nueva York, donde poseen un apartamento, y garantizar así que sus vástagos tengan la noble nacionalidad española y estadounidense.

Tras esa boda que se celebró en Santo Domingo, costó alrededor de un millón de euros y en cuyas invitaciones figuraba como Alteza Real –detalle que no cayó especialmente bien en la familia real española–, Luis Alfonso de Borbón pareció dejar atrás la tristeza sin dejar de ser el hombre serio que parece se ha autoimpuesto cada vez que una cámara o un periodista se cruzan en su camino. Como profesional la vida le ha sonreído hasta ahora. Su matrimonio y conocimientos en finanzas le facilitaron convertirse en el representante en Europa del banco de su suegro y ocupar altos cargos directivos en sus filiales latinoamericanas. La fe ciega de su abuela Carmen Franco lo convirtió durante sus últimos años de vida en el consejero delegado de Filoasa, la empresa matriz que administra el holding inmobiliario de los Franco, con más de 170 propiedades repartidas por toda España. Y su propia fortuna –la herencia de su padre y la indemnización de casi 4 millones de euros que recibió por el accidente en el que perdió la vida– le han permitido adentrarse en el mundo de los negocios. Tiene participaciones en hoteles e inmuebles; en 2011 fundó una compañía de programación informática y antes la empresa Servicio Integral del Taxi, fundada y liquidada en 2015, que prestaba servicios de marketing y publicidad a empresas del gremio. En la actualidad figura como administrador único de Spanish Influencers, que nació en febrero de 2017 y se publicita como el “primer portal español para unir a las empresas y la influencia de las celebrities”. Y solo unos meses antes, en septiembre de 2016, se lanzó al mundo del fitness, poniendo en marcha un gimnasio en Madrid, Reto 48, basado en técnicas que utilizan los militares estadounidenses y cuyo lema es «solo el trabajo duro tiene recompensa».

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J’ai ressenti hier une intense émotion en portant le cercueil de mon grand-père. L’acte est inqualifiable. La Providence m’a placé à la convergence d’une double ascendance : ma lignée paternelle, qui me lie profondément à la France, le pays de mes ancêtres, où j’ai des devoirs dynastiques, celui de défendre l’héritage de la royauté légitime, et me tenir à la disposition de la France. Les devoirs de l’Aîné des Bourbons ne peuvent être abdiqués. En même temps, je me dois d’assumer les devoirs de ma lignée maternelle. Ce devoir n’est pas de même nature que celui qui me lie à la France. Mais je me dois d’être fidèle à la mémoire si injustement attaquée de mon arrière-grand-père. Il fut un grand Soldat et un grand homme d’État, animé avant tout par sa Foi chrétienne profonde et son amour de l’Espagne. Il est à l’origine de l’Espagne pacifiée, prospère et reconnue parmi les grandes puissances mondiales. Défendre sa mémoire, c’est une part intégrante de l’idée que je me fais de l’Honneur et de la Fidélité. La monarchie a été ré-instituée par le Général Franco. C’est cela que l’Histoire retiendra.

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Según distintos medios latinoamericanos, Luis Alfonso de Borbón atraviesa una situación complicada con el Banco de Orinoco, propiedad de su suegro y donde es consejero y director. Las informaciones apuntan a que la Fiscalía de Curazao, antiguas Antillas Holandesas, está estudiando presentar cargos por presunto fraude contra la directiva de la entidad bancaria. En las redes sociales hay cientos de afectados que bajo la denominación «EstafadosBOD» lanzan mensajes contra los que consideran responsables y mencionan al bisnieto de Franco de quien afirman que les era presentado como ‘el príncipe’, un título que unido al apellido Borbón influyó para que funcionara la estafa generando una falsa confianza sobre la entidad en la que depositaban sus ahorros.

Aunque su rostro ha sido habitual en la prensa del corazón desde que era niño, su perfil fue discreto y comedido hasta la muerte de su abuela. Solo sus periódicas apariciones como duque de Anjou y heredero del quimérico trono de Francia y los vídeos institucionales que como tal cuelga en YouTube, dejaban ver su identificación con la derecha más tradicional. Pero después del fallecimiento de Carmen Franco asumió el cargo de presidente honorífico de la Fundación Francisco Franco creada para «difundir la memoria y obra» del dictador y en el último año sus redes sociales se han llenado de mensajes contra la exhumación de su bisabuelo: «Cuando se ataca a Franco se ataca a los míos, a más de media España, a la monarquía que instauró y a la Iglesia que protegió. También en contra del Gobierno que considera «en manos de terroristas, separatistas y comunistas y que actúa a base de decretazos».

Es amigo desde la infancia de Victor González Coello de Portugal, actual vicepresidente de Vox, con quien ha hecho negocios y participado en ONGS e iniciativas de contenido religioso. Y aunque no ha acudido a ninguno de los mítines del partido, en los que sí ha estado por ejemplo su tío Jaime Martínez-Bordiú, sí se le ha podido ver con su líder, Santiago Abascal, en una reunión pocos días después de la nueva convocatoria de elecciones o participando en la Carrera Patriótica de 101 Kilómetros, evento deportivo impulsado por la Legión en Málaga. Luis Alfonso de Borbón también ha participado en las dos últimas ediciones del Congreso Mundial de las Familias, el último de ellos celebrado en Verona, donde se defendió «la familia natural», y se rechazó el matrimonio gay, las leyes LGTBI y «el radical feminismo».

El peso de su herencia, ese sobre el que ha basculado toda su vida, lo ha plasmado en su último post en Instagram, publicado después de la exhumación de su bisabuelo: «La Providencia me ha colocado en la convergencia de una doble ascendencia: mi linaje paterno, que me une profundamente con Francia, (…) donde tengo deberes dinásticos. (…) Al mismo tiempo, tengo que asumir los deberes de mi línea materna. (….) Me debo a mí mismo ser fiel a la memoria tan injustamente atacada de mi bisabuelo. Fue un gran soldado y un gran estadista, animado sobre todo por su profunda fe cristiana y su amor por España. (…) Defender tu memoria es una parte integral de mi idea de honor y lealtad. La monarquía fue reinstituida por el general Franco. Esto es lo que la historia recordará».




Fuente: El Pais

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