Lugares que no importan. Lugares que un día, en algún momento de los últimos cuarenta años, perdieron el tren y quedaron detenidos en el tiempo. Lugares que en el pasado fueron prósperos, pero que ahora han perdido el secreto para crear oportunidades de empleo. Lugares de los que nadie ha hablado durante décadas, a los que nadie ha vuelto. Lugares de los que se han ido los jóvenes y se han quedado los mayores y los que no tienen la formación necesaria para marcharse. Lugares alrededor de los cuales se ha construido un enorme muro de silencio que pocos se han molestado en romper. Hasta el día en que alguien abre el portalón de ese muro y descubre, pasmado, lo que se esconde tras él.


Lo peor, que te olviden

Lugares que no importan. Places that don’t matter. Es el título de un extenso artículo escrito en febrero de 2018 por Andrés Rodríguez-Pose, profesor de la London School of Economics, donde revisa algunas presunciones de la geografía económica. Para resumirlas: que el futuro está en las grandes ciudades, porque son más dinámicas. Que las grandes ciudades crean más riqueza y de forma más rápida que las pequeñas. Que es en esas grandes ciudades donde hay que poner el foco. Esos son los lugares que importan. Crecer de forma rápida provoca desigualdades geográficas y siempre hay territorios que se quedan atrás. Pero ese es un precio asumible. O lo era… Porque nadie imaginaba el formidable proceso de concentración económica que iba a llegar, ni el gran salto en el crecimiento que iban a provocar la globalización y el cambio tecnológico.

Los políticos, asesorados por los economistas, han combatido esas dinámicas con gasto público masivo en las zonas deprimidas. Pero las subvenciones no han revertido el proceso. También pensaban que para la gente era mejor moverse (emigrar) que quedarse en un lugar en el que no hay trabajo. Pero no toda la gente piensa así. Los hay que han preferido quedarse.


Votar por despecho

En realidad, el título completo del artículo de Rodríguez-Pose es The revenge of the places that don’t matter. La venganza. Porque la tesis es que esos territorios abandonados (hablamos de países ricos) se han desquitado con el voto. Y han protagonizado una reacción populista que es menos social y más de base territorial. ¿Por qué no la vimos venir? Entre las diferentes explicaciones que se dan, interesa una en especial: la lenta muerte de los medios de comunicación locales nos ha dejado sin sensores sobre el terreno.

Sea como fuere, nadie advirtió del malestar en el norte de Inglaterra que tanto ayudó a engordar el Brexit. O imaginó que la depresión de las áreas desindustrializadas del Medio Oeste americano iban a beneficiar a Trump. Tampoco pensó que las pequeñas ciudades de la Francia eterna harían grande a Marine Le Pen y engrosarían las filas de los chalecos amarillos. La vida es así: nadie se había vuelto a acordar de los lander de la Alemania del Este desde la reunificación. Hasta que votaron por la derechista Alternativa para Alemania.

Ahora todos temen el poder de ese voto masivo y desafecto. Su capacidad para arrasarlo todo.


La pista de la España vacía

La España vacía es el título de un libro de un periodista aragonés, Sergio del Molino, en el que recorre comarcas que pueden considerarse el equivalente español de esos lugares que no importan. Están en Aragón, en las dos Castillas, en Galicia, en Asturias, en la Rioja. Diez millones de personas que viven en el 60% del territorio español. Lo que Del Molino describe no son territorios pobres pero sí olvidados. Lugares que carecen de los últimos avances en tecnología y ocio que les harían parecer modernos. Donde algunos servicios básicos están demasiado lejos y los medios de transporte son lentos y antiguos.

El libro fue escrito hace tres años. Pero ha ganado con el tiempo. Se ha hecho importante a medida que se acercaban las elecciones y los analistas recordaban la sobrerrepresentación del voto de muchas de las provincias de esa España vacía. Para llegar a la conclusión de que ese voto puede tener la llave del futuro político español, ya bastante comprometido por su debilidad institucional y la situación en Catalunya.

Tradicionalmente, las zonas más deprimidas votaban al partido que estaba en el poder, el que garantizaba más estabilidad en el reparto del gasto social del que dependen en buena medida esos territorios ¿Se repetirá hoy ese perfil? ¿O se echarán al monte? ¿Se comportará la España vacía como otros territorios que comparten su pérdida de importancia? ¿Helará el voto de esas provincias olvidadas el corazón de los millenials y del votante urbano para retrotraernos a unos tiempos que parecían pasados?


El fin de la convergencia

Para acabar. Un estudio recién publicado sobre la desigualdad territorial en España (Alfonso Diéz -Minguela, Julio Martínez-Galarraga y Daniel Tirado-Fabregat) entre los años 1860 y 2015 detecta que esta se redujo sensiblemente en el periodo que va de 1950 a 1980. Paradójicamente, y a partir de ese año, pese al importante despliegue de políticas sociales, la desigualdad entre el norte peninsular y el sur español no ha dejado de agrandarse. Y con ellas las razones para sentirse olvidado.




Fuente: LA Vanguardia

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