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Lugares encantadores en los que comer arroz mirando al mar este invierno


El olor de una buena paella a casi a todos nos hace salivar, es uno de los clásicos de la gastronomía española que nos evoca un montón de sensaciones y recuerdos, y aunque la auténtica paella es la valencia, se ha convertido en un plato tan popular que cada región la ha adaptado a sus gustos. Además, comer este plato delicioso a pie de playa, frente al mar, con el sonido de las olas y la brisa marina es casi una tradición. Y no es necesario que sea verano, en invierno se puede disfrutar igualmente de este sabroso placer.

Estos son algunos de nuestros lugares favoritos en los que darse el gustazo de comer un buen plato de arroz.






Begur, Costa Brava, Girona

Playa de Aiguablava en Begur, Girona
(Nachosuch / Getty Images/iStockphoto)

Situado en el corazón del Empordà se encuentra una de sus playas más famosas, la cala d’Aiguablava. Las guas de color turquesa y el verde de los pinos que la rodean conforman un hermoso paisaje. Es una playa muy concurrida en verano pero no tanto en invierno, y cuenta con una importante oferta gastronómica, como el restaurante Toc al Mar, que ofrecen arroces muy intensos y pescados de roca.

A la derecha de la cala, hay un camino de ronda que ofrece unas bonitas vistas sobre el mar, y se recomienda realizar una visita al pueblo, sobre todo, el casco antiguo en el que se pueden ver numerosas casas indianas, las torres de defensa del siglo XVI, una iglesia de estilo gótico y el castillo medieval en la parte alta. Un destino muy recomendable si se busca tranquilidad.


Altea, Alicante

Altea, Alicante
Altea, Alicante
(merc67 / Getty Images/iStockphoto)






La playa de l’Olla está situada entre los dos puertos deportivos o dársena al norte de la población de Altea. Es un lugar encantador y lleno de magia, aquí se encuentra el restaurante El Cranc especializado en arroz a la banda, un buen lugar para comer y casi tocar el mar con las manos.

Altea es un pueblo precioso pintado de blanco donde sobresale la cúpula azul y blanca de su iglesia parroquial. Posee un bonito casco antiguo compuesto de casas antiguas y calles empedradas que llevan a miradores con vistas a la playa y balcones llenos de flores, un lugar perfecto para pasear.


Cabo de Gata, Almería

Parque nacional de Cabo de Gata, Almería
Parque nacional de Cabo de Gata, Almería
(fisfra / Getty Images/iStockphoto)

Las mejores playas vírgenes del Mediterráneo se encuentran en Cabo de Gata, un entorno privilegiado y salvaje dentro del parque natural de Cabo de Gata-Níjar. Se trata de un espacio protegido por su singular franja costera y riqueza ecológica.

Un paisaje de origen volcánico plagado de pequeñas aldeas de pescadores y fascinantes playas de aguas cristalinas. Uno de los lugares más frecuentados por los visitantes de Cabo de Gata es su paseo marítimo, 570 metros de longitud lleno de establecimiento en los que probar la rica gastronomía almeriense, y en La Goleta, se puede degustar cocina auténticamente mediterránea con unas increíbles vistas al mar.






Conil de la Frontera, Cádiz

Conil de la Frontera, Cádiz
Conil de la Frontera, Cádiz
(rey perezoso-Flckr)

Un bonito pueblo de pescadores en la costa de la luz que conserva, a pesar del turismo estival, ese encanto de antaño. Calles tranquilas, estrechas, encaladas de blanco, una plaza Mayor que es punto de encuentro de sus habitantes, tiendas artesanales, y tabernas de pescadito frito. La iglesia de Santa Catalina o la torre de Guzmán que formaba del antiguo castillo son dos ejemplos de algunos de los monumentos que ver en esta localidad.

Los 14 km de costa de Conil se ha mantenido limpia de edificaciones por lo que sus playas son casi vírgenes, entre ellas encontramos La Fontanilla, donde se ubica un chiringuito a pie de playa en el que sirven arroces deliciosos, se llama Feduchy, aunque en toda la población se puede encontrar una gran oferta gastronómica.


Sa Caleta, Eivissa

Playa de Es Bol Nou, Eivissa
Playa de Es Bol Nou, Eivissa
(L. Apolli / AidBC / Getty Images/iStockphoto)






La isla de Eivissa en invierno es deliciosa, conserva el encanto del verano pero con muchos menos turistas. La playa de Sa Caleta, también denominada Es Bol Nou, es pequeña e íntima, tiene forma de herradura y se encuentra protegida por acantilados de tierra roja. Aquí se encuentran las ruinas de un poblado fenicio, declarado patrimonio de la humanidad.

Es un lugar muy visitado por los ibicencos en cualquier época del año. Hay solo un restaurante que comparte el nombre de Sa Caleta, y en el que se sirve cocina mediterránea al estilo tradicional con unas vistas extraordinarias al mar. Un lugar excepcional para degustar arroces excepcionales.


Colunga, Asturias

Colunga, Asturias
Colunga, Asturias
(cipango27 – iStock)

Colunga es una villa encantadora del siglo XIII, situada al norte del Principado de Asturias, entre el Cantábrico y la sierra del Sueve, por lo que se mezclan el carácter marinero y el carácter campesino. Es importante no perderse el casco histórico de trazado irregular que conserva un importante patrimonio monumental, entre el que se encuentran unas bien conservadas casas indianas, la casa de la familia Alonso Covián, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura renacentista asturiana la capilla de Santa Ana, o el palacio Alvarez de Colunga.





Y la playa más cercana a la población, a dos kilómetros, se encuentra La Griega, en cuyos sus acantilados se encuentra un yacimiento de huellas de dinosaurios. Es un lugar tranquilo situado en un entorno agradable en el que desemboca el río Libardón, y donde se forman piscinas naturales perfectas para el baño. Un rincón precioso para comer una buena paella desde las bonitas vistas de la terraza del restaurante Vista Alegre.


El olor de una buena paella casi a todos nos hace salivar









Fuente: LA Vanguardia

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