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Lucy Dacus: Joni Mitchell después del ‘grunge’ | Cultura


Puede que Lucy Dacus haya nacido, musicalmente, en la década equivocada. O puede que no. Puede que su delicadamente dolorosa apuesta por una composición de canciones de, a ratos, profundidad abismal (o el millón de afiladísimos solos de guitarra que confluyen en el colofón de la muy Fiona Apple Timefighter), a ratos, juego de espejos pop (fijémonos en la caleidoscópica Next of Kin, o en la galopante Addictions), sea el nutritivo fruto del terremoto, de la pequeña revolución, que se produjo a mediados de la década pasada en el por entonces prácticamente yermo universo del songwriting femenino.

EL PAÍS

Artista: Lucy Dacus

Disco: Historian.

Sello: Matador.

Calificación: 8 sobre 10.

Estamos hablando de la época en la que se publicó el fascinantemente mutante Ys de Joanna Newsom, la época en la que Cat Power no teloneaba a Lana del Rey sino que firmaba cimas de una musculosamente hiriente sobreexposición como The Greatest, en que Jesse Sykes se adueñaba de un alt country de mirada perdida que era a la vez hijo de Gram Parsons y Nick Drake.

Una explosión que permitió al songwriting femenino alcanzar, de una vez por todas, el respeto global hasta entonces reservado a artistas sin mácula como la imbatible PJ Harvey. Lo que a finales de los noventa, el mainstream había tratado de explotar (el fenómeno Reality Bites convirtió a Lisa Loeb en aquello a lo que aspirar en un mercado que se abría, por fin, a las cantautoras), había crecido y se había retorcido y estaba alcanzando una fascinante e incontestable madurez. Madurez en la que encaja, una década más tarde, este, el segundo y punzante álbum de Dacus.

Ahonda aquí en aquello que esbozaba en su predecesor, el más crudo y por momentos épico, de una épica sentimental decididamente grunge, No Burden (2016), y en el que la voz, aterciopelada y cavernosa, de Dacus, construye, esta vez, elegantes edificios de un pop rock con clase y raíz narrativa como Yours & Mine. Pequeños universos que funcionan como precipicios a los que asomarse, como relatos; el relato de una ruptura, la historia del tipo que te dejó y al que querrías romperle los dientes por lo que te hizo (de algo así trata la contenida y guerrera Night Shift), o la de la muerte de alguien a quien querías, y que, de repente, en un cambio de punto de vista, se convierte en tu propia muerte (a Jeff Buckley le hubiese encantado Pillar of Truth).

Lo cierto es que, a sus 23 años, Dacus, buena amiga de Julien Baker se ha convertido, con este segundo asalto, en la última esperanza de un hondísimo y, por momentos, luminoso, american sonwriting que, sin renunciar a los clásicos (es inevitable, a ratos, pensar en ella como en una versión del siglo XXI de Joni Mitchell) tiene ya algo esperanzadoramente único y especial, algo que brilla (y mucho).




Fuente: El país

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