Todos los veranos, de lunes a domingo, hay una mesa para 20 reservada a nombre de Lucio en la terraza del restaurante Azul, a pie de la playa de San Juan de Alicante. Lucio Blázquez, quien, además de reservar, paga luego en cash la minuta, lleva veraneando toda la vida en una de las torres de primera línea e invita a comer a hijos, sobrinos, amigos y agregados todos los días de sus vacaciones. “Tengo pisos en Marbella y en República Dominicana, al lado de Julio, pero vengo aquí porque es mi casa”, dice el anfitrión, que acaba de salir del mar para la entrevista. Julio es Julio Iglesias, aclara, como si hiciera falta, mientras una sobrina le ayuda a limpiarse la arena y calzarse sentadito en la barandilla del paseo marítimo. Se le ve tan frágil como determinado a no parecerlo. Tiene 86 años.

¿Cómo se encuentra?

Con las piernas flojas, pero vivo. Si me muriera mañana me daría pena por mis hijos, pero me he divertido tanto y me siento tan pagado y agradecido a todo el mundo, que me iría tan contento.

No adelante acontecimientos.

He vivido mucho, muchísimo. Un día mío era como 20 de otros. He conocido a los mejores, les he tratado, he visto y oído sus alegrías y penas. Si contara todo lo que he vivido, sería para pegarse un tiro. A veces ni yo me lo creo.

¿Cómo definiría su oficio: cocinero, camarero, empresario?

Nada de eso: soy un trabajador de hostelería sin más maestro que fijarme mucho y copiar lo bueno. Pero lo que soy es el mejor relaciones públicas de España. Bueno, el segundo mejor después del Rey, que es un fenómeno.

¿Qué Rey?

Casa común

Lucio Blázquez (Serranillos, Ávila, 86 años) hizo de su nombre su marca personal antes de inventarse el concepto. «Es el único español que no necesita apellidos para presentarse», escribió de él Emilio Romero. Su restaurante madrileño lleva más de 40 años convocando a reyes, presidentes, premios Nobel y cineastas con Oscar. Su álbum de fotos, que acaba de publicar su familia, es un repaso a la vida política, social y cultural de las últimas décadas.Y eso que es «sólo lo publicable», confiesa él mismo.

El rey Juan Carlos. El hijo también ha venido a mi casa, pero lo he tratado menos. Yo he hecho mucho por España. En mi casa se ha hablado de todo y se han solucionado muchas cosas.

¿Qué mueve el mundo?

El amor y el dinero, andan ahí, ahí. Dinero lo puede tener cualquiera. El amor es peligrosísimo: he visto a hombres como castillos llorar como niños por amor. Por dinero, nunca.

Dígame la mujer más lista y el hombre más guapo que ha conocido.

Mujeres guapas las he conocido a todas y mira que hay, pero la más señora más impresionante, con más clase y mejor saber estar ha sido Jane Fonda. A mi me han gustado muchísimo las mujeres y yo les he gustado muchísimo a ellas, pero mucho, mucho, con permiso de mi señora.

Falta el hombre mas guapo.

Sin gustarme los tíos para nada, Arturo Fernández, que en paz descanse era guapo, las cosas como son.

¿Era usted el alma de la fiesta?

Yo no he tenido estrellas Michelin, aunque me las ofrecieron. Las estrellas las tenía sentadas en la mesa, cerraba el restaurante y me las llevaba a Chicote, y él me daba un coscorrón y me llamaba triunfador. Yo le he bajado las bragas jugando a Ava Gardner en una fiesta con Dominguín. Yo he vivido mucho, hija.

Además de estrellas, convoca a políticos de todas las siglas.

Yo he jugado a todas las bandas y a todos los partidos. Soy atlético y tengo las mejores entradas en palco en el Madrid. A mi casa han venido a comer juntos los presidentes González, Aznar, Zapatero y Rajoy con el Rey. ¿Quién tiene esa foto? Nadie.

Ha jubilado a un Rey y ha enterrado a muchos amigos. ¿Cómo se lleva eso?

Esa es la gran desgracia de cumplir años, que se van yendo los amigos. A Severo Ochoa le llevábamos cochinillo al hospital. Si todos los que se han ido muriendo levantaran la cabeza, no cabían en mi sala.

¿Le molesta que le copien sus ‘huevos rotos’ en todas partes?

Me encanta. Yo he levantado el huevo en España. Pedir un huevo en un restaurante era de pobres. Ahora, también te digo que mis huevos tienen truco. Me hacen falta dos camareros, y eso vale un dinero. Están hechos en el momento, con el mejor aceite, con lumbre de leña y con huevos del día. Los gallineros me deben un homenaje.

¿Mejor quinoa o humus?

¿Qué dices? Me hablas en un idioma que no entiendo.

¿Cómo ve los móviles en la mesa?

Me pongo de muy mala hostia. Me parece una tontería, la mejor forma de arruinar una reunión. Me molestan las mesas cuadradas, si fuera por mí todas serían redondas para que la gente se viera las caras y hablara.

¿Qué ha visto en sus mesas en todos estos años?

La verdad de la vida, porque aquí estamos para pasarlo bien y comer, las desgracias ya vienen solas.

Si Lucio hablara…

Me fusilaban en la Puerta del Sol.

¿Qué o quién fastidia una comida o una cena?

Lo peor es que te toque un tonto al lado. Bueno, o un patoso. O un pesado. Y si ya coinciden los tres en uno, hay que tener cojones para aguantarlos.

¿Como fuera de casa no se está en ningún sitio, como decía Antonio Gamero?

En 70 años que llevo en esto habré comido en mi casa unas cuatro o cinco veces, y porque estaría malo. Pero tengo la suerte de que el bar es también mi casa, así que lo tengo todo.




Fuente: El Pais

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