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Lucha de gigantes


BBK LIVE

¿Dónde? Kobetamendi. Bilbao.

¿Cuándo? del jueves, 6 al 8 de julio.
¿Cuánto? abono 3 días, 115 euros. Entrada de uno, 55 euros.

Si existe un grupo que despierte tanta simpatía como recelo en la escena independiente madrileña, éste lleva el nombre de un conocido divulgador científico. Los Punsetes continúan provocando disco tras disco con una cuidada sonoridad, un directo impactante y unas letras tan tarareadas como insultadas. Por eso, lo primero que le dice Anntona, guitarrista de la banda, a este redactor mientras tiene en las manos el vinilo de su último trabajo, «¡Viva!», es: «¿Qué te parece?», como si quisiera saber si nos ha estimulado lo suficiente.

Para los neófitos, hay que explicar que la banda nació entre la cafetería y las aulas de la Facultad de Ciencias de la Información en la Complutense. En 2004, a través de una maqueta con más influencias punk que lo que escuchamos de ellos ahora, consiguieron convertirse en la comidilla del underground y que nadie pudiera dejar de hablar de ellos.

«¡Viva!», producido por El Guincho, confirma la madurez del grupo, que ha decidido ponerse más trascendental y «amargo», en palabras de Anntona. «A pesar de algunas canciones puntuales, el tono general de este trabajo es un poco más sombrío. Es una mirada hacia el mundo con cierto recelo», destaca. Si en los discos anteriores declaraban, siempre a través de su verso ácido, que «España necesita conocer tu opinión de mierda» o «que le den por culo a tus amigos», ahora no les duelen prendas en admitir que «Viva la tristeza, viva el dolor viva lo que siento cuando estamos los dos». «Con el primer “single”, “¡Viva!”, jugamos con el cinismo para hablar de lo que le gusta quejarse a la gente, parece que competimos por ver quien sufre más», comenta Anntona.

Además, el quinto disco de la formación incluye entre sus canciones la que, hasta la fecha, ha despertado más interés entre la industria y la escena nacional: «Tu puto grupo». Título impactante para un tema que habla sobre el placer de odiar: «Con este disco estamos defendiendo que tener aversión es parte de que te guste la música», declara. Ellos saben lo que es ser una banda sujeta a la antipatía de los «haters», como está de moda llamarles. A pesar de lo directa que es la letra de la canción Los Punsetes esconden la mano: «No va a nadie en concreto, de verdad», aclara el guitarrista. «Es más un sentir general con algunos grupos que un ataque frontal a uno o a varios». Para Anntona, es una canción que bien puede servir «para que se la pongas a un amigo del que no te gusta el artista que escucha, es casi terapéutico».

MAD COOL

¿Dónde? La Caja Mágica. Camino de Perales, 23. Madrid

¿Cuándo? del jueves, 6 al 8 de julio.
¿Cuánto? entradas agotadas.

Fue una década terrible para ser músico aunque emocionante para estar entre el público. En los primeros 90, en Reino Unido, la escena de «Madchester» estaba eclosionando, mientras el postpunk seguía dando frutos. El acid house causaba furor pero, de repente, eclosionó el «grunge». Y luego, la respuesta de la pérfida Albión a Kurt Cobain: el Britpop. Enmedio quedaron bandas que no lograron superar la década con cordura. La escena «shoegaze» sedujo a la prensa mientras no tuvo una batallita que vender, como la rivalidad entre Blur y Oasis, y en el plazo de unos pocos años fue olvidada y vilipendiada. Los estandartes de la época, como The Jesus & Mary Chain o My Bloody Valentine no llegaron al nuevo siglo. Y ellos tuvieron suerte, porque bandas que compartían coordenadas y actitud («shoegaze» quiere decir el que mira los pies, por su presencia tristona en el escenario) tampoco lograron pasar de un puñado de discos antes de ser vistos como blanditos y un poco pijos. Tiempo después han sido mejor apreciados y han tenido regresos, como los de Ride y Slowdive, con más espectadores en sus giras de reunión que en su mejor momento.

Slowdive regresaron a la actividad gracias a otro festival español, el Primavera Sound. «Teníamos miedo. Pensamos que, al ser una noche, nos podíamos atrever. Si nadie venía a vernos pasaríamos desapercibidos», dice Simon Scott, batería del grupo junto a Neil Halstead, Rachel Goswell, Nick Chaplin, Christian Savill. «Era complicado, porque Christian vendió su bajo cuando nos disolvimos y no había vuelto a tocar. Tuvo que comprarse uno», ríe.

Las razones del fin fueron ambientales. «Se creó una corriente de opinión negativa muy fuerte. Salió Oasis y la misma prensa que decía maravillas nos crucificó dos años después. Y es curioso, porque éramos amigos de Suede y Blur, giramos con ellos antes de toda la fiebre. Pero de un día para otro nos convertimos en blandos y decían de nosotros unas cosas muy feas», reconoce Scott con encogimiento de hombros. «Nos escondieron bajo la alfomba porque no nos consideraban aptos para estar de moda. Y lo comprendo: yo soy la persona que menos sabe lo que es tendencia». Quizá fue cosa de la prensa, pero la gente les dio la espalda. «En Coventry, en 1993, nos dimos cuenta. Debía haber 17 personas en el local, y cuando llevábamos un rato tocando, Neil empieza a reírse. Nos preguntábamos qué pasaba. Había una señora pasando la escoba. Fue el fin», cuenta el batería confirmando que estos grupos miraban sólo a sus pies.




Fuente: La razon

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