Sí, sí, ese ganadero que el 24 de agosto de 2018 dijo en el Club Cocherito de Bilbao que “he tenido que quitar vacas por exceso de bravura; no me han servido para el tipo de toro que busco por su exceso de bravura”…; ese afamado criador llamado Victoriano del Río, referente del toro moderno y comercial, exigido por las figuras, lidió un corridón de toros el pasado 18 de septiembre en Nimes y dejó a los toreros del cartel con dos palmos de narices, y a todo el mundo boquiabierto, ante la avalancha de casta y movilidad de los seis oponentes.

Lo que son las cosas… No se sabe si don Victoriano fue uno de los sorprendidos aquella tarde; pero, una de dos, o tuvo un despiste y se le colaron unas vacas ‘bravas’ en el tentadero, o algún guapo semental vecino saltó la valla en noche de luna llena, congenió con jóvenes juguetonas y el fruto de aquel amor fugaz fue un regalito para Enrique Ponce, Emilio de de Justo y Curro Díaz, que eran los que vestían de luces aquella tarde francesa.

Juan Ortega (Sevilla, 1990), un torero que tomó la alternativa en septiembre de 2014, ha tratado de no perder el rumbo ni el ánimo en la travesía de un largo desierto, y ha alcanzado un oasis que le puede proporcionar la gloria soñada. Precedido de destellos luminosos de su buen toreo, el 30 de agosto, en Linares, ante un nobilísimo toro de Parladé, dibujó su particular visión de la belleza del toreo, y se erigió en la sorpresa del año, que corroboraría más tarde en la feria de Jaén y en Córdoba.

Ortega ha sido la revelación y afronta el 2021 con todas las garantías si le acompaña la suerte y se lo permiten los que mandan en las cloacas del toreo.

Juan Ortega, uno de los protagonistas de 2021, si le acompaña la suerte y se lo permiten

José María Garzón (Sevilla, 1972) es un empresario taurino atrevido, avezado, valiente e innovador. No es el único, pero ha sido el más destacado en la temporada ya pasada. Merece respeto y reconocimiento porque ha demostrado que lo imposible es aquello que no se intenta.

El 6 de agosto organizó una interesante corrida en la plaza de El Puerto (Ponce, Morante y Aguado, con toros de Juan Pedro Domecq). El festejo resultó polémico, le llovieron las críticas (las más duras de sus propios compañeros, esos que estaban escondidos, acobardados, y con sus plazas cerradas), se defendió con argumentos razonables, y no se dio por vencido.

Dos meses después, celebró un mano a mano entre Morante y Juan Ortega en la plaza de Córdoba, y la afición lo acogió como un grande.

Victoriano del Río, Juan Ortega y José María Garzón han destacado en este anómalo año taurino. Pero no han sido los únicos.

Otros que merecen gozar del podio de los mejores son los ganaderos Santiago Domecq, Zalduendo, La Quinta y Miura; los empresarios Alberto García, los onubenses Carlos Pereda y Oscar Polo, Manuel Martínez Erice, Jorge Arellano y Carlos Zúñiga, entre otros; y toreros como Morante de la Puebla, Daniel Luque, Finito de Córdoba, Morenito de Aranda, Gómez del Pilar, Octavio Chacón, Rubén Pinar y, especialmente, Antonio Ferrera, que protagonizó una gloriosa jornada el 24 de octubre en Badajoz, cuando se encerró con seis toros de Zalduendo, muy serios y ásperos, con los que ofreció una magistral lección de heterodoxia taurina.

La Maestranza, cerrada, en plena pandemia. María José López Europa Press

¡Qué pena que este torero genial sea persona tan peculiar y se resista a contar su tauromaquia fuera de los ruedos…!

Largo y brillante es el apartado de los toreros de plata que han triunfado este año. A riesgo de algún olvido ahí van los nombres de los banderilleros Juan José Trujillo, Lipi, Jesús Arruga, Juan Contreras, José Núñez Pilo, Antonio Chacón, Perico, Víctor Saugar Pirri, Candelas, Agustín de Espartinas, Curro Javier, Fernando Sánchez, Javier Ambel, Raúl Caricol, José Chacón, Miguel Murillo, Montoliú, Raúl Ruiz, Alberto Carrero, Vicente Herrera, Javier Valdeoro…

Estas fueron algunas de las luces de la sombría primera temporada de la pandemia.

¿Y las sombras?

No han sido pocas, ciertamente. Pero entre el acoso y constante hostilidad del Gobierno, y la desesperante pasividad del sector (con la excepción del trabajo eficaz y teñido de ingenuidad de la Fundación Toro del Lidia y el intento mejorable de la Gira de Reconstrucción) destacan, por encima de todo, la actitud de dos importantes empresas taurinas: Plaza1 y Pagés, dirigidas por Rafael García Garrido y Simón Casas, la primera, y Ramón Valencia, la otra, que están al frente de Las Ventas y La Maestranza, respectivamente.

Mal año ha elegido Cultura para premiar a la Real Maestranza de Caballería de Sevilla

Las dos plazas han permanecido cerradas durante todo el año 2020. Los responsables de la madrileña han ofrecido argumentos de todo tipo para justificar su decisión; Valencia se ha acogido a las limitaciones impuestas por la Junta de Andalucía.

Ni unos ni otro han estado a la altura de las circunstancias ni de la responsabilidad que contrajeron como empresarios de los dos cosos más importantes del país.

Tampoco lo han estado la Comunidad de Madrid ni la Real Maestranza de Caballería, propietarias de las plazas.

¿Cuál era el problema? ¿El canon de 2.800.000 euros que Plaza1 debe abonar a la Comunidad por temporada y que, se supone, entra en vigor en cuanto se abran las puertas? ¿El canon del 22 por ciento de la facturación por taquilla que cobra la Real Maestranza por cada festejo?

No se sabe porque ni empresarios ni propietarios han abierto la boca, pero algo de ello debe haber. ¿Tan difícil era contar a la sociedad lo sucedido?

En fin, que Las Ventas y La Maestranza han podido celebrar festejos y no lo han hecho. Hubo momentos en que se permitían aforos del 75 por ciento en la Comunidad de Madrid, y del 50 en Andalucía. Es posible que los números no salieran si todas las partes no se avenían a un sacrificio en beneficio de la fiesta. Y no se han avenido, claro está. Ni el Gobierno madrileño ni la Real Maestranza movieron un dedo para que así fuera.

Y los empresarios han pecado de cobardía y de falta de transparencia, una vez más.

No se sabe, pues, por qué no han abierto Madrid y Sevilla en algún momento del año, cuando era imprescindible que así sucediera porque una y otra son la bandera de la tauromaquia y referentes para el mundo taurino.

Otra vez, el oscurantismo de todos en perjuicio de la fiesta. Otra vez, la cobardía.

Por cierto, mal año ha elegido el Ministerio de Cultura para conceder la Medalla al Mérito en las Bellas Artes a la Real Maestranza sevillana. Reúne méritos más que suficientes para ese galardón y otros, pero no cuando no ha dado un paso al frente (que se sepa, al menos) para aportar oxígeno a la fiesta en una temporada tan dramática.

¿Y Madrid? Muchos golpes de la presidenta Isabel Díaz Ayuso, pero pan, poquito, como todos los dirigentes (taurinos) autonómicos.

Algunas luces honorables y fulgurantes para el orgullo de todos, y otras, tristísimas, para el rechazo y la condena.

Con amigos como los de Madrid y Sevilla (empresarios e instituciones), ¿para qué quiere la tauromaquia enemigos?




Fuente: El país

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