Beniamín Netanyahu y Benny Gantz ganaron, los dos, las elecciones de este martes en Israel según varios sondeos a pie de urna difundidos anoche por varias cadenas de televisión apenas cerrados los colegios electorales. Los dos candidatos rivales cantaron victoria porque los resultados eran ajustados. Pero ante unas encuestas que pueden no ser del todo fiables, en lo que hay que fijarse no es en cuántos votos obtuvo el partido de Netanyahu, el Likud, y en cuántos la coalición de Benny Gantz, Azul y Blanco, sino en cuántos escaños suman los posibles bloques postelectorales.

Así, en el sondeo del Canal 13, Netanyahu y Gantz empataban a 36 escaños (de los 120 del Parlamento israelí, la Knesset); en el de Canal 11, Gantz ganaba por uno más, 37, y en el de Canal 12 la ventaja del general sobre el actual primer ministro era de 37 a 33.






Baja participación, en parte debida a la minoría palestina, en cuyos colegios se pusieron cámaras espía

Pero como lo importante son los bloques, el posible resultado sería que la coalición ganadora será la que arme Netanyahu con los partidos de derecha y extrema derecha. Canal 13, por ejemplo, da 66 escaños al bloque de derecha-ultraderecha-partidos religiosos que respalda a Netanyahu, y el bloque de centroizquierda se queda en 54 si se incluye a la coalición palestino-israelí Hadash-Ta’al y teniendo en cuanta que los laboristas habrían perdido quizá seis u ocho escaños de los catorce que tenían. La mayoría está en 61 escaños.

Una nota destaca de la jornada de ayer: una participación más baja (61%) que en el 2015 (68%), en parte debida a la baja asistencia a las urnas de la minoría palestina israelí, de sólo el 46%, debida tanto al boicot como a la depresión provocadas por la ley de Estado nación del pueblo judío promulgada el año pasado.

Hasta el último momento, Netanyahu estuvo haciendo campaña. Hacía buen día, era medio festivo y muchos se fueron a la playa, así que él también acudió allí a pedir el voto. Escenificó además una reunión de urgencia del Likud y estuvo enviando tuits (“La situación de la derecha es muy mala”, “Debemos evitar un gobierno izquierdista”) y vídeos insistiendo en que Yair Lapid, socio de coalición de Benny Gantz, sería primer ministro y pactaría con los partidos palestino-israelíes (cosa más bien improbable) y con el socialdemócrata y pacifista Meretz.





Pero además -y eso dejó marcada la jornada electoral- militantes del Likud que hacían de observadores electorales en colegios de esa minoría que constituye el 20% de la población israelí fueron detectados usando minicámaras ocultas para grabar a los votantes, hasta 1.200 según la prensa. La policía retiró docenas de ellas tras la denuncia de Hadash-Ta’al y Ra’am-Balad de que se trataba de un acto de intimidación, pero el presidente de la Comisión Electoral no acabó de dar una respuesta concluyente, determinando que el público no había sido filmado mientras votaba, mientras que sí era lícito grabar durante el recuento. Los activistas dijeron que se trataba de evitar el fraude.

Netanyahu parecía aplicar el agresivo lema de campaña –“No al cese el fuego, fuego sin cesar”- de uno de sus compañeros de viaje de la ultraderecha, Itamar Ben Gvir. Este colono de Hebrón que defiende como abogado a los autores de los incendios de la casa de la familia Dawabshe en Cisjordania (tres muertos) y de la iglesia de los Panes y los Peces, en el mar de Galilea, está vinculado al viejo radicalismo judío desde que, de joven, robara el emblema del Cadillac de Isaac Rabin y lo mostrara en televisión, semanas antes del asesinato del primer ministro, diciendo que irían a por él. El pasado febrero, Netanyahu gestó la coalición de su partido, Fuerza Judía, con Hogar Judío para formar la Unión de Partidos de Derecha, para procurarse un buen respaldo postelectoral.








Fuente: LA Vanguardia

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