El temido triunfo de la extrema derecha en Sajonia o en Brandenburgo no se ha materializado este domingo, según las primeras proyecciones tras el cierre de las urnas en los dos Estados del este de Alemania. La extrema derecha habría obtenido muy buenos resultados, comparados con las últimas regionales en 2014, pero los partidos en el Gobierno —conservadores en Sajonia y socialdemócratas en Brandeburgo— habrían logrado contener el auge ultra, conservando su liderazgo, pero perdiendo apoyos.

Las elecciones en estos dos Estados del Este se han seguido con especial atención en todo el país, donde se teme que los resultados hagan temblar el fragilizado tablero político nacional. A partir del lunes toca introspección en los cuarteles generales de los grandes partidos en Berlín y el arranque de las complejas negociaciones para poder formar Gobierno, sin contar con la ultraderecha, a pesar de su gran resultado. Todos los partidos alemanes rechazan cualquier tipo de alianza con la extrema derecha.

En el territorio de la antigua República Democrática Alemana (RDA) anida una frustración latente, 30 años después de la caída del muro, así como un rechazo a la llegada de refugiados al país, ambos exacerbados por AfD, que ha sabido auto erigirse en la voz de los desagravios del Este. Comparados con los resultados de las regionales de 2014, AfD habría conseguido una subida de17,7 puntos porcentuales y de 10,6% en Brandeburgo. Los resultados son sin embargo similares a los obtenidos por los ultras en as generales de 2017 en sendos Estados.

En Sajonia, la CDU y el SPD han gobernado hasta ahora en coalición como en el Gobierno federal, en Berlín, y este domingo habrían perdido la mayoría, según los primeros sondeos, que auguran una complicada formación de Gobierno regional. La caída tiene una lectura evidente en la capital alemana, donde los partidos de la gran coalición no dejan de perder apoyos. Para la CDU, los resultados en el este acrecientan la presión sobre su presidenta, Annegret Kramp-Karrenbauer, llamada a suceder a la canciller, Angela Merkel, pero crecientemente cuestionada dentro del partido. Pertenece como Merkel al ala más centrista del partido, lo que para los más conservadores abre un excesivo hueco político a la derecha, que AfD ha sabido ocupar.

En Brandeburgo, donde gobierna desde hace 30 años, el SPD habría protagonizado una caída de cerca de seis puntos respecto a 2014. A pesar de haber sido el partido más votado y de frenar el auge ultra, se trata de la enésima caída para un partido que atraviesa horas muy bajas e inmerso en plena crisis de identidad. Los resultados no le bastarían para reeditar un Gobierno con Die Linke (La Izquierda).

Las elecciones europeas del pasado mayo, ya habían marcado claramente la tendencia. Entonces, AfD obtuvo un 25,4% de los votos en Sajonia y un 19,9% en Brandeburgo, algo menos que en las generales de 2017 en sendos Estados. El poderío del voto protesta es especialmente pronunciado en el este, donde viven cerca del 20% de los alemanes, ya que en el conjunto del país, la ultraderecha ronda de media el 13%. Porque aunque los indicadores económicos y sociales reflejan una considerable convergencia entre las dos partes del país históricamente dividido, la igualdad plena no acaba de llegar. Los salarios por ejemplo, siguen siendo en trono a 650 euros brutos más bajos de media, aunque el coste de la vida es también menor en el este. El PIB per cápita en el este, suma solo el 73% respecto a la media nacional.

Aún así, la situación económica en estos dos Estados y en el resto del Este, donde el paro no llega al 6%, resultaría más que envidiable para muchas otras regiones europeas. Porque más allá de las cifras y los hechos, buena parte del problema es intangible y tiene que ver con los agravios comparativos acumulados y mal digeridos durante décadas. Entre muchos ciudadanos del Este, pervive una sensación de que en el Oeste se les sigue considerando ciudadanos de segunda y de que los esfuerzos individuales realizados en aras de la reunificación no han sido reconocidos ni debidamente recompensados.

El partido ultra ha envuelto esta campaña en una épica revolucionaria. Han animado a los votantes a repetir la revolución pacífica de 1989, cuando los antiguos ciudadanos de la República Democrática Alemana salían a la calle para manifestarse y derribar el muro. Ahora, según el argumentario que propaga AfD y compran muchos en el Este, la democracia alemana no es tal, los medios de comunicación y los políticos tradicionales solo difunden mensajes políticamente correctos y son solo los ultras los que se atreven a decir la verdad. Si hace 30 años derribaron el muro, ahora toca derribar a Merkel y su política de puertas abiertas con los refugiados y de lucha contar el cambio climático. Han animado a sus votantes a “atreverse”, a hacer historia. La revolución, alientan desde AfD, empieza en el Este.

Abandono

Lo han logrado también con una decidida política de proximidad. Los representantes locales están muy presentes en los pueblos, escuchando las preocupaciones de los que dicen sentirse abandonados por los políticos de Berlín. AfD ha sabido además alimentar esa sensación de abandono a raíz de la llegada de más de un millón refugiados en el país en 2015. Los refugiados reciben apoyo y recursos del Gobierno central, mientras ignoran las necesidades de los que ya estaban aquí, vienen a decir. “¿Quién nos protege de los que necesitan protección?”, se lee en uno de los carteles electorales que vincula la criminalidad con los refugiados.

Poco importa que la proporción de refugiados sea en estos Estados menor que en otros del Oeste, porque lo que opera es una suerte de xenofobia preventiva. “Aquí hay mucha gente que va todos los días a trabajar al Oeste y ven cómo es la vida allí. No quieren que el este acabe así, islamizado”, explicaba recientemente a este diario Etgar Naujok, presidente de la agrupación de AfD en Leipzig, quien recalcaba la urgencia de la llamada revolucionaria de su formación. “No tenemos otros cinco años para cambiar las cosas”.

Para AfD, su ascenso en el Este conlleva sin embargo considerables dilemas. Su candidato en Brandeburgo, Andreas Kalbitz, estuvo en su juventud activo en el entorno neonazi. Ahora pertenece a Der Flügel, el ala más radical de la ultraderecha, que se prevé salga también reforzada en octubre en Turingia. Este resultado agudizará las actuales divisiones internas dentro del partido, donde los considerados moderados asisten con preocupación a los avances dentro de AfD del sector más ultra, que podría acabar por hacerse con la dirección, según explicaban a este diario recientemente fuentes del partido.




Fuente: El país

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