La llegada, el pasado mes de diciembre, de docenas de osos polares en las zonas pobladas de Novaya Zemlya, un archipiélago ruso ubicado en pleno océano Ártico, hacía saltar todas las alarmas. Los plantígrados se trasladaron hasta esta remota localización en la que viven apenas 3.000 personas en busca de comida, algo que dejó boquiabiertos a sus habitantes.

Según las informaciones publicadas por la agencia francesa de noticias AFP, el motivo por el que los osos se desplazaron hasta allí es la disminución del hielo ártico. Esto estaría modificando los hábitos alimentarios del animal más emblemático del Ártico, que dispone de cada vez de menos recursos en su hábitat natural.





En concreto, los expertos apuntan que la invasión de los osos se debe a la congelación tardía del mar, que está impidiendo que cacen a las focas y, en concreto, a las crías de estos pinnípedos, sus favoritas.

“El monitoreo del hielo muestra que, anteriormente, el hielo cerca del mayor asentamiento humano se formaba en diciembre, pero este año no”, expone en declaraciones a AFP Ilya Mordvintsev, uno de los expertos que volaron hace unos días hasta la zona afectada -declarada en estado de emergencia por las autoridades-, para evaluar el impacto de la llegada de los osos.

Es cierto que también forman parte de la dieta habitual de estos plantígrados otros animales como los renos, pero estos son mucho más escasos que las focas, y alimentarse solo de ellos no satisface todas las necesidades de los osos, con lo que deben recurrir a la basura generada por los humanos para saciarse.

Una idea que, desde luego no es descabellada, ya que en Novaya Zemlya los desechos son cada vez mayores debido a la mayor presencia de Rusia en el Ártico, derivada de los intereses militares estratégicos y proyectos de energía que persigue el país.

“El desarrollo en el Ártico definitivamente aumentará el conflicto con los humanos, especialmente ahora que el oso polar está perdiendo su plataforma de vida en varias regiones y está llegando a tierra”, expone la bióloga Anatoly Kochnev, que ha estudiado los osos polares en el Ártico oriental desde la década de los 80.








Novaya Zemlya es un archipiélago formado por dos islas que se halla entre los mares de Kara y Barents. Durante la segunda Guerra Mundial se usó para probar armas nucleares y como base de hidroaviones para proporcionar vigilancia alemana de barcos aliados en el camino a Siberia. El pueblo más grande del archipiélago es Beluchia Guba, donde se han llegado a contabilizar más de 50 osos polares.

En las últimas semanas los plantígrados han sorprendido a los residentes incluso entrando en sus casas y enfrentándose a ellos de forma agresiva. No obstante, la agencia federal rusa para el medio ambiente se ha negado a emitir licencias para disparar a los osos porque están considerados una especie en peligro de extinción.

Afortunadamente, ahora el hielo ya se ha formado y los osos han vuelto a la caza, alejándose de las zonas pobladas, aunque los expertos no descartan que los animales puedan volver a verse las caras con la civilización en los próximos años.





Esta no es la primera vez que ocurre algo así en el Ártico, pues los habitantes de la isla de Wrangel, también controlada por Rusia, ya se enfrentaron a los osos en 1991. Al igual que en Beluchia Guba, los plantígrados buscaban comida en los asentamientos humanos y llegaron a enfrentarse en repetidas ocasiones a los residentes.





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Fuente: LA Vanguardia

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