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Los ‘óscar’ del conocimiento | Ciencia


Son tiempos de balances del año, y la ciencia tiene también los suyos, y con una peculiaridad notable. En mitad de un panorama desolador de guerras y desplazamientos de desposeídos, reediciones tragicómicas de la tensión nuclear, inteligencias políticas ausentes y guerras de las galaxias, el recuento de los descubrimientos científicos del año supone seguramente el único balance de buenas noticias que vamos a ver estos días. Son los óscar del conocimiento, y conviene conocerlos.

Lee en Materia cómo la noticia más deslumbrante del año vuelve a provenir del campo de la física: la kilonova, una formidable colisión de estrellas de neutrones que ha permitido detectar por primera vez sus efectos no solo en forma de luz y demás radiaciones del espectro electromagnético, sino también como ondas gravitacionales, las deformaciones del espacio y el tiempo que predijo Einstein hace más de cien años con su teoría de la relatividad general, el fundamento de la cosmología moderna.

Quien siga pretendiendo enterrar la física en el siglo XXI está condenado a cometer un error garrafal tras otro

Durante décadas se ha repetido con obstinación que, si el XX fue el siglo de la física, el XXI lo sería de la biología, pero las evidencias son aún más tozudas que los agoreros, y nos muestran un año tras otro que la física está en mejor forma que nunca. Los creadores del detector LIGO de ondas gravitacionales no solo han conseguido este año ver la kilonova antes que cualquier observatorio terrestre o espacial, sino que se han llevado un cantado premio Nobel de Física por sus fundamentales logros anteriores. Quien siga pretendiendo enterrar la física en el siglo XXI está condenado a cometer un error garrafal tras otro hasta que deponga su actitud.

Pero también la biología vive tiempos de esplendor, y este año nos ha dejado ejemplos exquisitos de ese vigor. Entre los destacados por la revista Science se encuentra el descubrimiento de una tercera especie de orangután en Sumatra, el Pongo tapanuliensis, en lo que supone el primer hallazgo de una nueva especie de gran simio en 90 años. Quizá no dure mucho, porque solo queda una pequeña población en un bosque ignoto de esa isla de Indonesia.

La técnica CRISPR de edición genómica sigue avanzando a pasos de gigante hacia su aplicación clínica

Los avances técnicos pueden resultar aburridos para el lector general, pero son tal vez el más poderoso motor del progreso científico. Es el caso de la criomicroscopía electrónica, que está produciendo unas imágenes de asombrosa precisión de las proteínas y sus asociaciones en plena acción. Los complejos de proteínas son las auténticas nanomáquinas que ejecutan todas las tareas de la célula, desde sintetizar sus componentes químicos hasta conformar sus estructuras de alto nivel, pasando por catalizar todas las reacciones del metabolismo que nos mantiene vivos. La criomicroscopía es el equivalente biológico del detector LIGO, una ventana al microcosmos que nos ofrece una visión enteramente nueva de los mecanismos esenciales de la vida y de la enfermedad humana. Y, como en el caso del LIGO, también se ha llevado un Nobel este año.

Además, la técnica CRISPR de edición genómica sigue avanzando a pasos de gigante hacia su aplicación clínica, y ha inspirado este año unas metodologías de enorme potencial biomédico, que ya son la gran esperanza de llegar un día a corregir los 35.000 cambios de una sola letra en el ADN (mutaciones puntuales) que están detrás del grueso de las enfermedades raras que afligen a la humanidad.

Los lectores de Materia conocen estos y otros descubrimientos que han iluminado el año que acaba. Son los óscar del conocimiento, y las mejores noticias que habremos recibido en 2017.

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Fuente: El país

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