-¿Se encuentran muchos cadáveres?

-“Sí, se encuentran muchos. Cada año van saliendo cadáveres. Este año ya llevamos unos cuantos, restos óseos sobre todo. Cada mes van saliendo”, explica Jordi Domènech, inspector jefe de la división de investigación criminal del área de personas.

En Catalunya, los Mossos d’Esquadra acumulan investigaciones de cadáveres que aparecen y que nunca llegan a identificarse. Son casos que se mantienen abiertos hasta que un nuevo indicio permita ponerles rostro y darlos por cerrados. Las bases de datos de la policía catalana albergan muestras de 115 cuerpos y restos óseos de todo tipo que se desconoce a quién pertenecen, desde esqueletos completos hasta pequeñas piezas.






Casuística muy diversa

“Puede ser un hombre que fue a pasear al perro o una víctima de un homicidio”

La unidad de desaparecidos de los Mossos se encarga de abrir investigaciones sobre las personas a las que se las traga la tierra sin dejar rastro. En estos casos cuentan con una denuncia de familiares o de parte de su entorno que los echan en falta. Sin embargo, se dan circunstancias inversas en las que aparecen cadáveres que no se corresponden con ninguna de las personas desaparecidas y que nadie reclama. Son cuerpos que pueden esconder un tortuoso crimen, una muerte accidental o un suicidio. A veces, los movimientos de tierras que producen las lluvias empujan a cadáveres que quedan ocultos en parajes recónditos hacia la superficie, o que la corriente marina acerca hacia la costa. “Puede ser un hombre que fue a pasear al perro, o que fue a buscar setas y no volvió”, o bien “un narcotraficante ajusticiado y abandonado en la montaña”, subraya el inspector. La casuística es infinita.

Según datos del Departament de Justícia –recogidos en una respuesta parlamentaria–, el año pasado aparecieron 38 cadáveres y restos que constan como no identificados. Del 2017 quedan nueve. Y del 2016, 4. Los restos se guardan durante un tiempo en el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (Imelec) y si tras un tiempo prudencial no llegan a ser identificados son enterrados en nichos humanitarios. Los Mossos se quedan con las muestras de ADN para poder cotejarlas si en el futuro aparece un nuevo indicio.

Pero hay cuerpos que permanecen en las bases de datos sin que nunca aparezca nada nuevo. El cadáver más antiguo que tienen los Mossos data de 1999 y fue encontrado en Girona. Desde entonces nadie lo ha reclamado.






Cuerpos no reconocidos

“Suelen ser extranjeros que se marcharon sin que nadie supiera adónde iban”

“Muchos de los cadáveres que quedan pendientes de identificar son de personas que han venido de fuera, que se marcharon de su casa sin que sus familiares nunca supieran adonde fueron”, señala el cabo del grupo de antropología forense de los Mossos. Las investigaciones son complejas. Cuando aparece un cuerpo se activa la división de investigación criminal que realiza todas las gestiones para saber de quién se trata. “Si hace poco tiempo de su desaparición, se pueden recuperar las huellas, el ADN, podemos analizar la ropa que lleva, se comprueban las bases de datos de desaparecidos, incluso el registro de reclusos fugados de las prisiones”. Pero cuando todo esto no funciona, hay que recurrir a la unidad de antropología forense para que vaya más allá. “Nosotros somos el último recurso de los casos perdidos”, señala el cabo, “porque en estos casos de mayor dificultad los fallecidos van indocumentados, algunos desnudos u otros en que el estado del cuerpo está en tan malo que es muy difícil extraer huellas”. Aun así, las técnicas han mejorado mucho. Los Mossos cuentan con sistemas para volver a hidratar las yemas de dedos en descomposición y buscar huellas y pueden extraer muestras de ADN con mayor facilidad. Pero, llegados a este punto. “¿Con qué lo comparamos?”, inquiere el cabo. “Siempre necesito un indudable para compararlo; si no lo tengo, el ADN no sirve de nada”. Los sistemas van mejorando. La información que se obtiene de una muestra de ADN es mucho más detallada que años atrás. En los últimos tiempos, está emergiendo una nueva técnica que es capaz de detallar, gracias a una muestra de ADN, información descriptiva de la persona, como el color del pelo, la etnia o características morfológicas. “Esto no te resuelve un caso pero al menos tienes una línea de trabajo”. Los investigadores confían que en un tiempo no muy lejano la descripción de la información que arroje el ADN permita casi realizar un retrato robot de la persona que se esconde tras el cadáver, ponerle rostro, altura, el color de los ojos…





La mayoría de veces, pues, sus intentos son infructuosos pero a veces logran su objetivo. El último caso de éxito se produjo esta semana. Los Mossos han identificado a una joven cuyo cadáver apareció en Manresa, indocumentada, a finales de febrero en una zona abierta sin que nadie la reconociera. Finalmente, los trabajos con el ADN han dado sus frutos y el caso ha sido devuelto a la unidad de investigación criminal para que aclare si la muerte de la mujer tiene un origen criminal, un hecho que no se descarta.

Para realizar este tipo de identificaciones la policía también se apoya en las bases de datos. Los Mossos cuentan con una propia, igual que la Policía Nacional y la Guardia Civil. Luego, también comparten la información en la base de Personas Desaparecidas y Restos Humanos (PDyRH), que es de ámbito estatal. El problema con el que a menudo se encuentran es que, en los casos de huellas, se debe indicar un candidato del que se sospecha puesto que la policía no pueden acceder a todas las huellas de las que figuran en los DNI, ya que son datos protegidos.

En Europa, la red Schengen de intercambio de información permite introducir los datos y en el ámbito internacional la Interpol es la plataforma que canaliza las informaciones policiales sobre desapariciones y hallazgo de cadáveres sin identificar. Las bases de ADN son restringidas. Sólo se nutren de las extracciones que se realizan a delincuentes sexuales o personas con antecedentes por delitos graves.








Fuente: LA Vanguardia

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