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«Los jóvenes deberían vestir la copla de otra manera»


Canta con pasión, habla con pasión, sonríe con pasión, vive con pasión… Se llama Ana María Alías, pero en el mundo artístico se la conoce como Pasión Vega. Tras 25 años de carrera musical, esta noche brillará tanto como los «40 quilates» que presentará en el Teatro Real y que el próximo 3 de noviembre se pondrá a la venta. Se trata de la única artista que actuó tres veces en el mismo año frente al Palacio de los Reyes agotando las localidades… Se ha ganado una corona.

–¿Cuánto hay que vaciarse para llenar el Teatro Real?

–Hay que darlo todo (risas).

–¿«40 quilates» de qué?

–(Piensa) De dulzura, diálogos, experiencias, alegrías, penas, amores, desamores…

–¿Pesan?

–No. Al contrario, celebro esa tranquilidad que te da llegar a una etapa en la que te sientes más tú que nunca. Me siento respaldada, bien conmigo misma, con mi físico, con mi forma de ser. He ganado serenidad a la hora de afrontar la vida.

–¿Brillan o destellan?

–(Risas) Depende del ojo que te mira.

–Señora Vega, ¿qué hace usted en la vida con su nombre?

–Todo lo que tiene que ver con mi vocación, con mi música, con esta profesión que he elegido.

–¿Ha elegido esta profesión o esta profesión la ha elegido a usted?

–Al principio la profesión me eligió a mí. Mi padre presentó a la radio mi primera maqueta, mi amiga me llevaba de la mano a los primeros concursos… Sin ellos no me hubiera dedicado a esto, por timidez.

–No la veo yo como una mujer tímida…

–Pues lo he sido mucho (risas).

–¿Y qué hace sin pasión?

–Conducir, que no me gusta nada.

–¿Canta como es o como está?

–Normalmente como soy, pero hay momentos en los que dejo salir mi estado de ánimo.

–¿Cuántas veces se ha mirado en el espejo soñando ser una cantante?

–Muchas. Desde pequeña había soñado con cantar.

–¿Llegó a soñar que llegaría a ser quien es?

–Nunca, ni por asomo, si es que soy algo… Jamás imaginé que llenaría teatros.

–¿Y si no hubiera sido artista?

–Estudié Magisterio. Me gustan los niños y la enseñanza, pero no tenía paciencia. Quizá hubiese sido decoradora o algo relacionado con la creatividad.

–¿Su voz es suya o tiene vida propia?

–(Piensa) A veces me pertenece y a veces no la controlo tanto como quisiera. En ocasiones, cuando estoy cantando, dejo de tocar el suelo y me olvido de cómo me esté saliendo.

–¿De dónde le sale?

–No lo sé, porque no he estudiado canto en mi vida. No conozco el instrumento. Lo que he aprendido ha sido a base de subirme al escenario y ensayar.

–¿El brillo de su pelo puede ensombrecer al de su disco?

–No (risas). Lola Flores decía que lo que importa es el brillo de los ojos. Da igual que lleves un vestido de Chanel o un peinado precioso. Si no te brilla la mirada, no hay nada que hacer.

–¿Cómo cuida su garganta?

–Intentando descansar, cantando todos los días, no cometiendo excesos, bajando el tono de voz cuando entro en un sitio con mucho ruido… Pero lo mejor para la voz es intentar ser lo más feliz posible.

–¿Qué puede hacerla gritar?

–Soy muy risueña, pero también tengo temperamento. Soy una mujer de armas tomar.

–¿Y silenciar?

–(Piensa) La emoción.

–¿A usted cuándo le tiembla la voz?

–Cuando hablo de mi madre (le brillan los ojos).

–¿Cuál es su género musical favorito?

–Me gusta la canción de autor, el flamenco, el jazz…

–¿La copla ha pasado de moda?

–No. Es un género clásico, atemporal. Las generaciones jóvenes deberían traerla a la actualidad y vestirla de otra manera, pero manteniendo su esencia. Es otra de mis músicas favoritas. A veces no me he sentido comprendida del todo por la industria. Y eso te hace ser más constante. Les pasa a todos los artistas cuando se salen de lo estándar.

–¿En qué piensa usted cuando canta?

–Buf… En millones de cosas. Se me pasan ideas por la cabeza cada segundo. El cerebro se convierte en una máquina de pensar y de sentir. Es una coctelera increíble.

–¿Y cuando se escucha?

–Que tampoco es para tanto (risas). No me gusta escucharme, la verdad.

–¿Qué es lo más gracioso que le han dicho?

–(Piensa) Tengo una memoria de pez, pero un señor de Cádiz me dijo que tenía los ojos más grandes que los pies.




Fuente: La razon

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