En las primeras elecciones generales que se celebran en Grecia desde el fin del rescate, casi diez millones de personas están llamadas este domingo a las urnas para elegir al sustituto de Alexis Tsipras —el primer ministro más longevo de la crisis— al frente del Gobierno heleno. La última encuesta de intención de voto publicada el viernes daba a la conservadora Nueva Democracia (ND) de Kyriakos Mitsotakis una ventaja del 11,4% sobre el partido de Tsipras, la izquierdista Syriza, lo que permitiría al centroderecha gobernar en solitario, con entre 151 y 165 escaños en una Cámara de 300. Los primeros resultados se conocerán sobre las nueve de la noche (las ocho en la España peninsular), dos horas después del cierre de los colegios.

La cantidad definitiva de asientos de ND dependerá de la eventual entrada en el Parlamento de partidos pequeños, aquellos que superen el umbral del 3% requerido para tener representación, como los neonazis de Aurora Dorada y Solución Griega, un partido ultranacionalista y prorruso que dio la sorpresa en las europeas de mayo al obtener un eurodiputado.

Los sondeos prevén un Parlamento con siete formaciones, incluida, probablemente, la que lidera el exministro de Finanzas Yannis Varoufakis, el movimiento paneuropeo DiEm25. Si ND necesitara apoyo para formar Gobierno, todo indica que sería el del centroizquierdista Movimiento por el Cambio (KINAL, en sus siglas griegas), tercero en intención de voto y que amalgama los restos del antiguo Pasok y otros grupos afines como Dimar. KINAL ha mostrado su disposición a apoyar al nuevo Gobierno.

El primer ministro saliente, Alexis Tsipras, ha votado por la mañana en su barrio de siempre, Kypseli, en el centro de la capital griega. “La de hoy es una batalla crítica para el futuro de Grecia, pero la daremos con optimismo y determinación para que los sacrificios y las penalidades de los griegos [durante estos cuatro años] no se malgasten”, dijo el líder de Syriza tras depositar su voto. La mayoría de los griegos le acusan de incumplir las promesas que le llevaron al poder en 2015 y de ejercer una excesiva presión fiscal sobre la clase media, una carga que ND ha prometido revertir.

Tras votar también por la mañana en un colegio electoral de un barrio de la periferia ateniense —donde algunos radicales intentaron cortarle el paso—, el previsible nuevo primer ministro declaró: “Hoy los griegos agarran las riendas de su destino con sus propias manos. Estoy seguro de que nos espera un mejor futuro a partir de mañana”. Mitsotakis, delfín de una importante dinastía política, iba acompañado de su hijo Konstantinos, uno de los cerca de 600.000 jóvenes que votan este año por primera vez, muchos de ellos con 17 años gracias a la reforma de la ley electoral en 2016, durante el Gobierno de Syriza.

El tradicional bono de 50 escaños para el partido ganador —aunque saque un solo voto de diferencia sobre el segundo— sigue excepcionalmente vigente en esta convocatoria, ya que la reforma electoral no logró los dos tercios de la Cámara (200 de 300 votos) precisos. En teoría, según dicha norma, ya no debería aplicarse en la próxima convocatoria electoral, pero Mitsotakis ha mostrado su intención de dar marcha atrás y recuperar el bono.

En un país donde no existe el voto por correo, y con una población estimada de entre 400.000 y 500.000 universitarios y profesionales en el extranjero (la llamada “fuga de cerebros”), una de las incógnitas de la convocatoria de este domingo es la abstención. Es la primera vez desde 1875 que se celebran elecciones legislativas en julio, en plenas vacaciones escolares, y la tercera en poco más de mes y medio en que los griegos son llamados a las urnas.

Lo hicieron el 26 de mayo, en una triple convocatoria electoral (europeas, regionales y locales); el 2 de junio, en la segunda vuelta de las locales —con una abstención récord, cercana al 60%—, y este domingo. El asfixiante calor, que esta semana obligó a cerrar anticipadamente la Acrópolis, y el ajetreo de una temporada turística a pleno gas hacen temer, junto con la fatiga electoral y un sentimiento de decepción muy palpable, que la afluencia a las urnas se resienta.

“Yo he ido a votar porque tenía que salir de casa para ir a trabajar”, cuenta Kyriakí Pavlopoulos, enfermera, en un colegio de un barrio contiguo a la Acrópolis; “si no, probablemente me habría quedado tumbada en el sofá. Después de tanta promesa en vano, ya no sabes a quien votar, y lo peor es que ni siquiera te apetece hacerlo porque ya no crees en nadie. He votado a Syriza en todas las convocatorias desde 2009 , pero hoy he optado por Antarsya [izquierda extraparlamentaria]. Algunos me dicen que es un voto perdido, pero a estas alturas me pregunto cuál no lo es”.




Fuente: El Pais

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