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«Los flamencos lo somos hasta en los andares»


Añeja y actual. Primero fue hippie, luego gitana y ahora folclórica. Sangre pura, que sobre el escenario brota a borbotones. Arte. Mucho arte es el que tiene María Peláe, una malagueña de nacimiento y madrileña de adopción que se raja cantando mientras suda las penas. La cantautora se encuentra inmersa en la gira de presentación de «Hipocondría», su primer disco de estudio tras varias maquetas. El 20 de junio actuará en Madrid, en la sala Clamores. Habrá guiños a Morente, a Lola Flores… Ole, flamenca.

–¿Peláe o Peláez?

–Peláe, sin la «z», que me resulta complicado decirla. Además, hay una nadadora muy famosa en Málaga que se llama como yo, y cuando me buscaban en internet no sabían si era la que cantaba o la que nadaba (risas).

–¿Cuándo se quita la «z»?

–Cuando me subo a las tablas y monto el show.

–Compone, canta y marca los números de teléfono por bulería, dice en Twitter…

–Soy muy de cantes festeros. En las giras conduzco yo y como no me ponga bulerías de Jerez por el camino puede que no llegue al concierto a hora.

–¿Ya se ha dejado de tonterías?

–En esa maqueta tenía canciones muy descaradas. Al principio era muy hippy, luego me fue creciendo el pelo y me volví más gitana. Y ahora estoy en un proceso de folclórica.

–¿A qué le suena la vida?

–A flamenco, donde realmente he encontrado la forma de poder expresarme.

–Cantautora y flamenca, ¿o viceversa?

–(Piensa) Eso se ve en los directos. La gente que va a un concierto de una cantautora se espera algo mucho más serio. Yo incluyo en los espectáculos muchas cosas de mi forma de ser, de monólogos, de cachondeo, de teatro…

–Vamos, que no es una flamenca pura.

–Soy flamenca, pero no canto flamenco. Los flamencos lo somos hasta en los andares. Otra cosa es cantar. Si tengo que arrancarme por bulería, lo hago. Sin embargo, no me atrevo con una soleá o con una seguiriya, cantes que aprecio y con los que lloro como una magdalena, pero que me dan demasiado respeto.

–Tampoco viste con mantillas de lunares…

–Pero me visto de folclórica con unos pendientes anchotes (risas). Si me vengo arriba por cualquier cosa, por haberme comido un buen potaje, me pongo rápidamente unos flecos. No hace falta que vaya a cantar.

–Es que entre sus referentes, además de Lola Flores, se encuentra Rocío Jurado…

–¡La más grande! En casi todos los conciertos canto una versión suya. Y desde que lo hago, me va mejor. Quizá me esté dando suerte…

–Usted también se raja cantando.

–Es como si me desnudara. Soy muy sentida. Hace poco, tocando la guitarra en un concierto en Granada en el que hacía frío, me di cuenta de que tenía los dedos sangrando. El público agradece la sangre del artista. Está bien recuperar interpretaciones de antes, como las de Lola Flores cuando decía: «estoy como nunca». Y no hacía falta decir nada más. Y se reventaba a zapatazos.

–Y sudaba las penas…

–Las penas se sudan cuando se cantan cosas que ya han pasado. Lo bonito es ver cómo algunas personas, al escucharlas, también las sudan.

–¿Cuánto de usted hay en su música?

–Un 60%. El otro 40% es imaginación, que tengo mucha (risas). Yo voy andando por la calle y me voy imaginando cosas. El arte está para eso, para ir un poco más allá de la realidad. Hay que ponerle algo de fantasía para que la gente se sienta identificada. Soy muy de observar al público para ver si les brilla la cara, si sonríen…, e ir probando.

–¿De dónde saca la voz?

–Del estómago, de las entrañas. Me suelo quedar ronca porque no estoy atenta a la garganta.

–¿Y esa forma de tocar la guitarra?

–Es como otra prolongación de la voz. Siempre me acompaña, aunque cuando no la tengo me «jarto» a bailar. Vivo en Madrid, pero en Málaga tengo mi guitarra de cuando era chica.

–¿Hay mucho arte en María Peláe?

–El mismo que puede haber en cualquier persona. La clave está en los ojos con los que mires la vida. Si se mira todo desde un punto de vista bonito se puede encontrar arte. En el disco tengo una canción, «Costurera», con la que homenajeo a esas personas que por no recibir aplausos no se consideran artistas.

–¿El aplauso hace a una persona artista?

–Cuando trabajas mucho es una palmadita para seguir, un reconocimiento. Pero no te hace artista.

–¿Qué fluye por su sangre?

–Tengo mucha sangre por la que fluye mucho nervio y ansia por transmitir y por vivir. Por eso soy un poco hipocondríaca. Amo la vida. Y eso me hace temer perderla o no poder dedicarme a lo que me gusta.

–¿Qué puede arrancarle unas palmas?

–Cualquier cosa. Un simple tropezón (risas).

–¿Y un ole?

–Alguien que diga algo muy bonito. O un buen cante.




Fuente: La razon

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