¿Qué sería de los escritores y de los lectores sin los libreros? Rosa Montero (Madrid, 68 años) lo tiene claro: “Nada”. La escritora y periodista de EL PAÍS, que recogió este viernes el Premio Leyenda de la Asociación de Librerías de Madrid por su trayectoria, solo tiene palabras de agradecimiento para este gremio. “Estos libreros, vocacionales y prescriptores, forman el esqueleto cultural de este país, han llevado sueños a lugares remotos y no solo han cambiado vidas, también han salvado muchas”, reivindicaba Montero antes de comenzar la entrega de premios en la Biblioteca Regional Joaquín Leguina.

Este sentimiento Montero es mutuo porque desde la asociación madrileña ven en la escritora a esa heroína que no ha dejado de defender su labor a ultranza. “En un mundo cada vez más desapegado, superficial y pixelado, las relaciones de verdad, las que se basan en el compromiso y la lealtad son las que nos llegan muy hondo y queremos que destaquen”, decía sobre la Premio Nacional de las Letras 2017 Enrique Pascual, presidente de la Asociación de Librerías de Madrid.

Los libreros madrileños denunciaron ayer a Amazon por una “campaña ilícita y engañosa”, en el mismo día en el que se conocía que el sector de libreros en España vive uno de los momentos más complicados desde la crisis, según un informe la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL).

Guillermo Altares (Madrid, 51 años), escritor y periodista de EL PAÍS, es más optimista que los datos y cree que “los verdaderos lectores siempre van a buscar librerías”. Galardonado con el premio Mejor Libro de Ensayo por Una lección olvidada. Viajes por la historia de Europa (Tusquets), Altares fue enviado especial de este periódico en países en guerra como Irak, Afganistán y Líbano entre 2001 y 2006. De la capital de este último, Beirut, el periodista recuerda una pequeña librería situada en un bajo de edificios, el único local que sobrevivió a los bombardeos. “Gracias a los estantes cargados de volúmenes se mantuvo en pie”, decía en su discurso tras recoger el premio. “Si las bombas no pudieron con vosotras, tampoco lo hará Amazon”.

“Estos premios destacan lo que para nosotros constituyen los libros que más nos han podido tocar nuestra fibra sensible, pero tened todos por seguro que nos cuesta Dios y ayuda decidirnos por alguno”, contaba el presidente de la Asociación de Librerías de Madrid. “Tanto que incluso este año hemos tenido algún conato de motín de alguno de los jurados pues querían que se premiasen dos libros, algo que, a buen seguro, era lo justo, pero que abría un peligroso precedente pues ya nos veíamos en los años venideros premiando los famosos packs”.

La 19ª convocatoria del Premio Libro del Año en la categoría de Ficción ha recaído en la obra Dicen (De Conatus), de Susana Sánchez Arins. Según el jurado, “un ejercicio de memoria de una generación a quien se le ha enseñado que el silencio era obligado, y de reconciliación con una historia familiar que a su vez es la historia de un país”.

En busca de lo salvaje (Errata Naturae), escrito por Megan Wagner Lloyd e ilustrado por Abigail Halpin, ha obtenido el premio a Mejor Álbum Ilustrado. Una obra –la primera de la colección Los pequeños salvajes– con la que sus autoras invitan al lector a mirar al entorno y así entender la importancia de respetar y cuidar el medio ambiente.

La dibujante e ilustradora asiático-americana Jen Wang ha sido la ganadora en la categoría Cómic con su trabajo El príncipe y la modista (Sapristi), un cuento que “hace las veces de un moderno Hans Christian Andersen –como explicaba el jurado– en el que pinta unos personajes cuyos roles se alejan de clichés sexuales (y sexistas) heredados de siglos atrás”. Por último, el Mejor Libro de Poesía ha sido para La casa grande (Bartleby), de Rosana Acquarini, un poemario sobre mujeres en el que se desgranan recuerdos de la posguerra, de la intimidad del hogar y de las ausencias.

La Asociación de Librerías de Madrid también dedicó unas palabras a los finalistas de esta edición de Premio Libro del Año en todas las categorías: El verano que mi madre tuvo los ojos verdes (Impedimenta), de Tatiana Țîbuleac; Pueblo frente al mar (Ekaré), de Joanne Schwartz y Sydney Smith; Tiempo de magos: la gran década de la filosofía (1919-1929) (Taurus), de Wolfram Eilenberger y traducida por Joaquín Chamorro; Ventiladores Clyde (Salamandra Graphic), del dibujante canadiense Seth; y Amnesia colectiv (Flores raras), de Koleka Putuma y traducida por Arrate Hidalgo. 

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Fuente: El Pais

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