Los arqueólogos llevaban décadas tratando de sacar a la luz este tesoro que había pasado casi 2.000 años escondido entre las raíces de unos famosos viñedos, a menos de dos metros de profundidad. La pandemia de coronavirus que obligó a detener por enésima vez las excavaciones el pasado febrero parecía solo un impedimento más en la carrera de obstáculos en la que se había convertido el estudio de los restos de una villa romana enterrada en la provincia de Verona. Tan solo una semana después de que se reanudaran los trabajos tras el confinamiento apareció: un espléndido y colorido mosaico de pavimento, sorprendentemente bien conservado que data, según creen los expertos, del siglo III d.C., en la época imperial.

Los estudiosos descubrieron en 1887 la existencia de esta villa, de grandes dimensiones, que según sus cálculos cuenta con unos 300 metros cuadrados de zona residencial. Y que está decorada con suntuosos mosaicos con representaciones de escenas mitológicas y con ricas ornamentaciones de formas geométricas. Pero poco después volvió a quedar sepultada de nuevo “como si nada”, según ha explicado el arqueólogo a cargo de las excavaciones, Giovanni De Zucatto a la prensa local. En 1922 y en 1975 volvió a ocurrir lo mismo, se realizaron excavaciones parciales que quedaron nuevamente soterradas. Durante todo este tiempo, distintos equipos de expertos habían intentado, sin éxito, sacar a la luz las joyas arqueológicas que guarda esta popular zona de viñedos en la que se produce vino desde el siglo I d.C.

 La investigación de 1922 fue la más fructífera de todas hasta la fecha, se conservan de ese periodo una buena documentación técnica de los hallazgos y fotos de calidad, pero no había ningún mapa preciso que localizara claramente la villa. Un sondeo reciente con georradar llevado a cabo por los técnicos de la Superintendencia de Verona ha permitido colocar exactamente sobre el terreno los restos encontrados hace casi un siglo y ponerlos en relación con los recién descubiertos. Las decoraciones encontradas forman parte, según la arqueóloga Tina Campanile, que excavó anteriormente en la zona, de un gran patio rodeado de columnas, probablemente abierto a un jardín interno.

Detalles de los mosaicos hallados. AP

 La falta de presupuesto ha ralentizado las excavaciones. También el choque frontal entre la conservación del patrimonio y la tutela de la economía local, basada fundamentalmente en la viticultura. Con la uva corvina de la zona se cultiva uno de los vinos más apreciados de Italia, el Amarone de Valpolicella. El año pasado, de esas tierras salieron 15 millones de botellas de esta variedad. En este caso el terreno es privado, y está en manos de varias hermanas, reacias a permitir el acceso a su propiedad para evitar dañar los viñedos. Esto obliga a detener las excavaciones durante meses para respetar el ciclo de la vendimia.

El objetivo de los arqueólogos ahora es determinar con exactitud la extensión y localización de la antigua villa y buscar la forma de hacer accesible al público el patrimonio descubierto. El camino será largo y harán falta muchos recursos, ya ha advertido el Ayuntamiento de Negrar, donde se encuentra la excavación. “Creemos que un sitio cultural con tanto valor merece atención, por eso junto a la Superintendencia y a los propietarios agrícolas encontraremos la manera de que se pueda disfrutar este tesoro”, ha señalado el alcalde, Roberto Grison, al diario L’Arena. El regidor ha mediado entre los arqueólogos y los propietarios del terreno para facilitar que se excavaran los fosos donde se han encontrado los mosaicos.

La Superintendencia reconoce, en un comunicado, que la construcción de un área arqueológica abierta a los visitantes es “incompatible con cualquier actividad agrícola in situ”. Por eso, señalan que es necesario plantear “una sinergia de intenciones e intervenciones” entre instituciones y los agentes económicos y productores locales. “Y, por último, pero no por ello menos importante, con la participación de la población en el proyecto de redescubrimiento y reapropiación de este patrimonio arqueológico común, objetivamente bello, además de históricamente relevante”, señalan.




Fuente: El país

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