Las razones del Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, dirigida por Andrea Levy, en el despido fulminante de Isla Aguilar y Miguel Oyarzun de la dirección del Centro Cultural Conde Duque, son argumentos “inciertos”, según los ya exdirectores de la institución. El viernes recibieron a Fernando Benzo, responsable de Madrid Destino, que les comunicó su baja inmediata. Las razones que alega el consistorio son “enfrentamientos con los trabajadores”. Según explican los cesados en un comunicado que acaban de hacer público, desde el área se envió este sábado a los medios de comunicación un “argumentario incierto”. Para los damnificados por la decisión planeada hace tiempo por Levy y su equipo, el Ayuntamiento remitió esas explicaciones “porque el trabajo profesional desarrollado en el centro es incuestionable”.

“La fragilidad que vive nuestro sector, la de los profesionales que vivimos de la cultura, se debe en gran medida a la injerencia política que imposibilita que los proyectos culturales y artísticos puedan crecer y desarrollarse en el tiempo. En este país existe una colisión entre los ciclos políticos y la cultura; y esta politización propagandística de la acción cultural es un signo inequívoco de una mirada antigua, tanto de las derechas como de las izquierdas, sobre la patrimonialización del derecho a la cultura”, escriben. Por eso, añaden, los criterios de despido son “ajenos a los criterios de la Dirección Artística y Laborales, son por motivos puramente políticos”.

Advierten también que la designación directa de una dirección legitimada por concurso público, resuelta de manera unilateral, “pone a ese profesional en una situación muy delicada, obligándole a entrar en el juego de la injerencia política”. Y lanzan una pregunta al nuevo cargo designado a dedo, así como al resto de la profesión que salga beneficiado de esta práctica nominativa: “¿Qué futuro nos espera si colaboramos con estas prácticas?”. Piden que desde el sector se fomente el respeto y la independencia de la cultura, “sin entrar en clientelismo, ni en la intromisión partidista de las tareas artísticas”.

Llegaron hace casi dos años al macrocentro pero solo han podido programar uno, por los compromisos adquiridos por la dirección saliente. “Conde Duque ha mejorado su recaudación, diversidad y afluencia de público con un aumento de más del 35%. Al mismo tiempo, hemos transformado un centro dedicado a la mera exhibición, en un centro de creación”, señalan. También destacan la internacionalización del programa, así como proyectos que contribuyen al tejido de la ciudad, a la formación de artistas y públicos, al acercamiento y comprensión del acto creativo. “En definitiva, hemos llevado a cabo el proyecto artístico con el que ganamos el concurso público vinculado a nuestro contrato”, dicen. El jurado votó entonces, diciembre de 2017, de forma unánime a favor del mismo.

Se retratan como pertenecientes a una generación forzada a migrar para encontrar oportunidades, formados en el extranjero y con una trayectoria profesional internacional “intachable” de más de una década en la gestión cultural, en el Reino Unido. Por eso describen la decisión como una «injerencia política», que ha acabado con su contrato de méritos dos años antes de lo estipulado.

Describen en su carta de despedida un centro con una estructura no apta para aplicar los modelos de dirección artística centroeuropeos. Una situación con la que se han tenido que enfrentar y han salido derrotados, al menos, las tres últimas direcciones. “Nuestro proyecto colisiona con unas estructuras anticuadas que no son capaces de responder a las necesidades y desafíos de hoy de un centro de arte y creación contemporánea, en lo referente a transparencia, metodologías, horarios, igualdad de oportunidades, relación con el público, evaluación…”, reconocen.

“Los problemas de gestión de personal —supuestas razones para nuestro cese— son responsabilidad única de Madrid Destino”. Arrancaron el proyecto y no había nadie ocupando el puesto de gerencia, un cargo fundamental para que el equipo ejecute los planes de la dirección artística. “Nos encontramos con algunos trabajadores que nos acusaron de extralimitarnos en nuestras funciones simplemente por el hecho de dirigirnos a ellos. La sucesión de bajas empezaron a escasos dos meses de nuestra toma de posesión, cuando aún ni siquiera habíamos empezado a desarrollar nuestra programación”, argumentan. El equipo, dicen, estaba diezmado “desde hacía meses”.

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Fuente: El Pais

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