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Los Coronas, caño roto surf


Persisten en su afán de abrir epígrafes en las enciclopedias musicales. O, también es otra manera de verlo, vender humo con sus mezclas de estilos imposibles. «Siempre lo hemos hecho. Porque cuando vas a una compañía a venderle un disco en el que no hay cantante te acostumbras a dar un poquito de humo para salir adelante», dice David Krahe, guitarrista de la banda de surf rock instrumental Los Coronas, que, a fuerza de años de vapores en directo, han dejado de ser algo ajeno en el panorama español. «Ahora la gente ha comprendido los resortes de la música instrumental y qué tipo de espectáculo es ese, pero durante años teníamos que hacer un ejercicio de persuasión que traspasaba lo legal. Vamos, que siempre hemos sido unos vendehúmos». Lo más increíble de Los Coronas es que precisamente ellos, dotados de una sobrehumana capacidad verbal y de abstracción conceptual no tengan cantante.

Más folclore latino

De la esencia del grupo como formación, que parte del surf rock instrumental o del rock & roll primitivo, han ido potenciando su faceta de folclore latino. En su nuevo disco, a los ramalazos mexicanos o aires desérticos se ha sumado una profundización en la rumba flamenca y muy particularmente en el estilo Caño Roto. «Nos interesaba ese aire cañí y añejo. Nosotros nos permitimos frivolizar en el sentido de que no hay nada de malo en coger un blues y tumbarlo y llevarlo al terreno de la rumba ¿Por qué no?», pregunta Krahe. En el disco, el percusionista Miguel Campello ha colaborado en dos de los temas más destacados. El primero, «A tope de amor y lujo». «Cuando le dijimos cómo se llamaba el tema, le explicamos que, más que como un caballo, queríamos un sonido de un 127 de 35 caballos, que tampoco creo que tuvieran mucho más. Y en vez de por una pradera, que fuera lanzado por San Blas», comenta Krahe en referencia al barrio periférico de la capital en el que tuvieron lugar muchas de las historias del cine Quinqui de los 80. En la otra canción, Campello debía hacer algo parecido, pero como si el ritmo lo llevase solo una mula en vez de una yeguada. Esa canción se llama «Mulas huyendo de una hostia consagrada», que, según Krahe es un título prestado de las bromas que unos jóvenes Lorca, Dalí y Buñuel le gastaban a Juan Ramón Jiménez. «Como eran firmes detractores de su poesía, le enviaban cartas con títulos estúpidos para sus poemas. Y en la canción, Campello ha conseguido un ritmo que casi parece una mula renqueando», señala.

Pero no es lo único que cabe en los 17 temas (disco doble) de los madrileños. Aire africano, balcánico o discotequero en un disco «de sabores intensos», como lo define Krahe. «No nos cerramos a ningún estilo ni forma musical: eso sí, todos los caminos nuevos que hemos recorrido lo hemos hecho hasta las últimas consecuencias. Si te sale mal, menudo pastiche, pero si das en la tecla es enriquecedor y para un grupo sin cantante eso es vital. El problema es que cuando vamos fuera de España a veces se producen malentendidos. Hemos tenido que dedicar bastante tiempo en las giras de EE UU y de Australia a desmentir que seamos un grupo de flamenco. Les tienes que pedir que por favor no digan eso. Que ni mucho menos, porque sería muy presuntuoso y nosotros hacemos guiños a algunos palos del flamenco o a derivaciones como pueda ser la rumba. Tenemos un gran respeto y no queremos confundir», dice el guitarrista.

Los Coronas no dan puntada sin hilo. «En 2013, publicamos “Adiós Sancho” con 13 cortes. En 2017, “Señales de humo” tiene 17. Nosotros pensamos que las señales de humo son al lenguaje lo que la música instrumental es a la música en general. Es decir, que hay capacidad narrativa pero no hay letra ni texto. Pero siempre hay un concepto y algo de ironía», dice Krahe que sin proponérselo podría vender humo en el infierno.




Fuente: La razon

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